Kate Rhodes James y Francesco Vedovati: por qué el propio acento es el mejor activo en Hollywood

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Después de hablar con Kate Rhodes James (Gladiator II, Napoleón, House of the Dragon) en persona durante el Festival IGS de Rímini-Riccione, y tras las recurrentes consultas de amigos actores pidiéndome consejos, conscientes de lo limitado del tiempo para las entrevistas, me alegró enormemente poder profundizar en su labor al asistir a su clase magistral conjunta con el director de casting italiano Francesco Vedovati (Cónclave, Ripley, The White Lotus).

 

Otros tiempos: polaroids de casting por la directora de casting Mali Finn, colaboradora usual de James Cameron

¿Quién tiene la última palabra en el proceso de casting?

Quien hoy en día realiza un casting en Roma o Londres se desplaza a golpe de un clic por bases de datos. Atrás quedaron los tiempos en que los ayudantes pasaban horas junto al aparato de fax o abrían paquetes llenos de fotos impresas en papel. Las autograbaciones enviadas por el teléfono han democratizado el proceso. Los actores ya no necesitan vivir en las grandes metrópolis para que se consideren sus opciones; envían sus escenas a la otra punta del mundo con un solo clic. Sin embargo, esta aceleración tiene un precio. «Se ha vuelto increíblemente burocrático», lamenta Francesco Vedovati. Donde antes había meses para construir un reparto con mimo, hoy las producciones devoran apretados plazos de cinco a seis semanas. La travesía creativa se convierte en trabajo en cadena. Cada video debe llevar marca de agua y cada correo electrónico ha de pasar por filtros legales. La inteligencia artificial y los algoritmos amenazan con desplazar aún más el factor humano, aunque, según Kate Rhodes James, las grandes estrellas frente a la cámara son por ahora las menos amenazadas por la sustitución digital; los primeros en sufrir los recortes presupuestarios y las automatizaciones son los ayudantes y los equipos técnicos.

House of the Dragon. Casting por Kate Rhode James.

El mayor problema, más allá de la tecnología, es el miedo de quienes ponen el dinero. Cuando los estudios estadounidenses o las grandes plataformas liberan presupuestos millonarios, exigen nombres conocidos. El llamado Star System funciona como un seguro contra riesgos. A pesar de ello, nueve de cada diez películas financiadas de forma tan rígida fracasan en la taquilla. Los auténticos éxitos sorpresa de los últimos años suelen nacer allí donde se trabaja con presupuestos mínimos y rostros desconocidos. No obstante, los estudios rara vez aprenden de estos errores. «El miedo genera formatos estereotipados», resume Vedovati. Directores y productores se enrocan a menudo en ideas preconcebidas sobre el aspecto o la voz que debe tener un personaje.

Contra todo pronóstico de la industria de Hollywood; operando desde sus márgenes, sin rostros reconocidos -pero con cuatro buenos actores- y con un buen director, aunque primerizo y Youtuber, Obsession (2026) lleva recaudados más de 500 millones de dólares, sobrepasando ampliamente su presupuesto original de 750 mil dólares.

 

Los profesionales coinciden en que el talento por sí solo rara vez basta sin disciplina. Aunque existan talentos innatos sin años de formación, quien se ha curtido en el crisol de una escuela de interpretación rigurosa y académica, como el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma, parte con un voto de confianza. Es el cimiento que sostiene al actor cuando la presión en el set aumenta.

¿Cómo destacar hoy en día entre la multitud?

Una mirada tras bambalinas del casting internacional revela que intentar encajar es el camino equivocado. El verdadero valor diferencial reside en la autenticidad radical. Quien sueña con una carrera internacional como actor europeo suele albergar un objetivo claro: dominar el acento estadounidense perfecto. En las escuelas de interpretación de Roma, Berlín o Madrid se entrena duro para desterrar cualquier matiz regional de la propia voz. ¿El fin? Sonar como un hablante nativo para tener alguna oportunidad en un mercado internacional dominado en gran medida por los estudios de EE. UU. Sin embargo, es aquí donde muchos talentos emergentes cometen un error estratégico: se despojan de su activo más valioso.

La prestigiosa directora de casting británica Kate Rhodes James, encargada de grandes proyectos internacionales, observa este fenómeno con frecuencia. En sus talleres con jóvenes y brillantísimos actores europeos, estos suelen destacar por su excelente nivel de inglés, pero sufren por culpa de su acento de origen. Temen no conseguir papeles si carecen de una dicción puramente americana. La amarga realidad de la industria es que, si un europeo intenta imitar al perfecto estadounidense, solo consigue formar parte de una interminable cola de hablantes nativos que lo hacen de forma natural y mucho mejor. Uno se vuelve intercambiable. Y la intercambiabilidad es la antítesis de una ventaja competitiva real.

 

Francesco Vedovati es el director de casting en Italia de la segunda temporada de The White Lotus

El verdadero factor diferencial en un mundo cinematográfico globalizado no es la asimilación perfecta, sino la propia procedencia. Rhodes James lo define como un «superpoder». Las producciones internacionales buscan cada vez más un perfil global. Un actor italiano, alemán o español que hable un inglés fluido, pero conserve su acento característico aporta un valor añadido incalculable a la producción: autenticidad. En lugar de preguntarse por qué no suenan como un estadounidense, los actores deberían obligar a los directores a plantearse: ¿Por qué este personaje no puede venir de Europa? Un acento dota instantáneamente al personaje de un trasfondo, una profundidad y un toque singular que tal vez ni siquiera figuraban en el guion, pero que vuelven el papel inolvidable.

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