A veces, en la vida solo hace falta un cuadrúpedo y una buena dosis de destino. Cuando David Boreanaz paseaba con su perro hace años, aún no sabía que aquel momento iba a cambiar toda su trayectoria. Durante su clase magistral en el Festival IGS de Rímini-Riccione, el actor estadounidense, conocido por éxitos mundiales como Buffy, Bones y SEAL Team, ofreció una visión íntima de su evolución, de sus inicios sin una formación clásica de interpretación y de su particular concepto del éxito.
El camino de Boreanaz hacia la industria del entretenimiento no fue casualidad, sino que se fraguó desde su infancia. Como su padre trabajaba en la televisión en Filadelfia y entrevistaba allí a celebridades de la talla de Bob Hope o John Belushi, el joven David creció rodeado de grandes figuras del espectáculo. Sin embargo, la chispa de subirse a un escenario no saltó hasta que cumplió siete años: por entonces vio a Yul Brynner en El rey y yo. La energía, la pasión y, sobre todo, la vulnerabilidad emocional que Brynner demostraba en su papel de monarca le dejaron una huella imborrable y despertaron en él el anhelo irrefrenable de ser actor.
El camino hacia la consagración, no obstante, estuvo lleno de escollos. Antes de su descubrimiento, Boreanaz se ganó la vida con diversos empleos tras las cámaras: trabajó como asistente de producción, tendió cables y formó parte del equipo de utilería.
Cuando estaba a punto de tirar la toalla y perder la fe en su carrera como actor, se produjo aquel fatídico paseo con su perro. Se cruzó con su futuro representante y los acontecimientos se precipitaron: solo tres días después, hizo una prueba para el papel del vampiro «Angel» en Buffy, La cazavampiros.
Durante el propio casting demostró involuntariamente cuánto espacio puede ocupar el azar. La escena exigía una motocicleta, pero en la sala solo había una silla. Boreanaz agarró el mueble y comenzó a girarlo como si fuera el manillar hasta que un productor le comentó con sequedad que aquella silla difícilmente se convertiría en una moto. Echando la vista atrás, Boreanaz se ríe de aquello: no fue un golpe maestro de genialidad interpretativa, sino simple y llanamente pánico y un intento desesperado de descargar la tensión. Sin embargo, aquella excentricidad funcionó.
Al no haber pasado por ninguna academia de interpretación tradicional, Boreanaz convirtió el plató de rodaje en su escuela desde el primer día. Un viejo operador de cámara le aconsejó que observara de cerca a cada departamento, desde el sonido hasta la iluminación. Esta sólida comprensión de los entresijos técnicos le acompaña hasta hoy, especialmente cuando asume la dirección y la responsabilidad sobre todo el equipo.
Para no enquistarse en estereotipos ni perder frescura interpretativa tras años de compromisos ininterrumpidos en televisión (como en Bones o SEAL Team), apuesta por la constancia y el trabajo introspectivo. Lleva más de dos décadas colaborando estrechamente con su entrenadora de actores Ivana Chubbuck. Su fórmula para mantener vivos a los personajes consiste en trabajar en el aquí y ahora, en lugar de planificar en exceso, reflejando facetas de su propia vida en cada rol.
Boreanaz añadió recientemente un capítulo especialmente emotivo a su trayectoria en el reinicio de la emblemática serie estadounidense The Rockford Files. Allí compartió ante las cámaras, por primera vez, un plano con su hijo Jayden. Lo más destacable es que Jayden se había ganado el papel por méritos propios tras superar un riguroso proceso de casting ante la cadena, la dirección y los productores. Para Boreanaz fue inolvidable experimentar en una escena la réplica de su propio hijo como antagonista, alguien que, en el sentido más literal de la palabra, le exigió al máximo a nivel físico.
A lo largo de su carrera ha trabajado con numerosas leyendas y contempla con profunda reverencia a los titanes del oficio. En Italia, su corazón cinéfilo late además por los grandes referentes del cine europeo. En particular, Marcello Mastroianni, a quien descubrió a través de sus padres, encarna para él el símbolo de la alegría de vivir, el amor y la pasión pura que deberían definir la existencia.






