60 Años de Star Trek: El elenco de «Strange New Worlds» comparte anécdotas en equipo

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Con motivo del sexagésimo aniversario de la franquicia de Star Trek, Rebecca Romijn, Celia Rose Gooding y Anson Mount se reunieron para conversar en el marco del Festival IGS de Rímini-Riccione. Ante este hito histórico, el elenco se mostró sumamente comunicativo: los actores se interrumpieron mutuamente, entrelazaban sus ideas e incluso profundizaban juntos en las cuestiones planteadas, por lo que las respuestas se recogen a continuación como una creación colectiva del grupo.

¿Hasta qué punto tienen que prestar atención a la hora de coger objetos de la nave estelar Enterprise y hablar sobre ese tipo de cosas?Muchísima, ya que la exigencia de un público muy entendido y de los «trekkies», que observan al detalle cada elemento, resulta abrumadora. Es comparable a una serie médica, solo que aquí no hay ningún doctor ni especialista al lado que te lo desglose todo: uno tiene que averiguarlo por su cuenta y dotarlo de sentido.

 

¿Qué hay del aprendizaje de idiomas extranjeros o lenguas como el klingon para la serie?

En el caso de los personajes multilingües, esto exige trabajar codo a codo con un preparador de dialectos o un experto en klingon. Puesto que el klingon es un idioma real dotado de profesores universitarios y cursos oficiales, las temporadas cuarta y cinco requirieron horas y horas de sesiones de entrenamiento fonético para clavar los sonidos con absoluta precisión.

Más allá de la ciencia ficción, la serie explora otros géneros como el cine negro, la comedia, el terror y los musicales. ¿Cómo es esa experiencia?

Precisamente ahí radica el atractivo de hacer esta serie: atravesar virajes de género, jugar con la hibridación y experimentar con los registros más diversos. Star Trek da de sí para mucho y, en el fondo, para cualquier cosa; funciona casi como un género propio con unos cimientos tan sólidos que te permite atreverte con musicales o marionetas y poner a prueba la estructura, sabiendo que siempre puedes regresar a la base.

¿Cómo gestionan los «showrunners» Henry Alonso Myers y Akiva Goldsman las ideas que aporta el elenco?

A diferencia de esos responsables creativos que se limitan a dar el visto bueno o a archivar las propuestas, Henry y Akiva van siempre a la caza de sugerencias frescas e imaginativas.

 

¿Qué partes de la temporada les hizo más ilusión rodar?

El episodio de comedia a lo The Hangover (2009) en Las Vegas, en el que por fin se le concedía a la tripulación un respiro para celebrar y pasarlo bien, era un placer sobre el papel y generó un entusiasmo tremendo. Otro de los grandes alicientes fue jugar con los contrastes: encarnar a un cobarde dentro de una entrega de corte fantástico, o enfundarse en el papel del romántico comedido que solo busca ir de la mano en una comedia ligera.

 

¿Qué se puede decir de los fundamentos filosóficos de esta iteración de Star Trek?

La ficción toma inquietudes del mundo real y les da una vuelta de tuerca para ofrecer a cualquiera una perspectiva panorámica. En ese trayecto se abordan cuestiones como la cohesión de las tripulaciones o el efecto mariposa. El eje vertebral consiste en plantar cara a lo desconocido desde la curiosidad y no desde el pánico o la confrontación, alimentando así valores esenciales en las nuevas generaciones y rindiendo tributo al legado de predecesoras como TOS y Deep Space Nine.

¿Cómo refleja la pulsión fundamental de Star Trek la naturaleza humana?

Toca una fibra muy honda de nuestra especie, ese impulso visceral por descubrir qué se oculta tras la siguiente linde; un afán equiparable al que financia proyectos multimillonarios como la Estación Espacial Internacional o la conquista de la Luna. Concebida en su origen por Gene Roddenberry como un wéstern espacial, la franquicia ha sabido madurar hasta consolidarse como un fenómeno global de culto.

 

¿Qué significa portar el legado de una franquicia que tiene casi la cuarta parte de la historia de Estados Unidos (250 años)?

Supone un verdadero orgullo formar parte de un universo de ficción que ha contribuido a hacer del mundo un lugar mejor. A menudo el arte imita a la realidad, tal y como atestiguan hitos como la creación del Mando Espacial de Estados Unidos —cuya insignia porta un delta de Star Trek— o la iniciativa XPRIZE inspirada en los icónicos tricorders.

¿Cómo equilibra Strange New Worlds la exploración hacia el exterior con la evolución de los personajes?

Mientras que Discovery supuso un audaz ejercicio de continuidad serializada que apenas dejaba margen para el formato clásico del «planeta de la semana», Strange New Worlds halla un punto de equilibrio idóneo al retratar a unos personajes que exploran los confines del espacio en los albores de sus trayectorias, al tiempo que profundizan en su propio fuero interno —piénsese en Uhura silenciando sus inseguridades o en otros tripulantes plantando cara a la honestidad inquebrantable que la serie les demanda—.

 

¿Cómo se afrontan los arcos de los personajes cuando el tercer acto o el destino ya son conocidos de antemano, como en el caso del capitán Pike?

Para que la aventura conserve su pulso y sus consecuencias cuando ya conoces el desenlace, asumes que el auténtico destino es el trayecto. Haber podido compartir toda esa vivencia afectiva con Marie constituyó un regalo incalculable que reconfiguró por completo la perspectiva de Pike, guardando paralelismos con joyas clásicas como aquel «The Inner Light» de The Next Generation.

 

¿Cuáles son sus primeros recuerdos de la franquicia Star Trek?

Entre los vislumbres del pasado figuran corretear por las salas de cine en sesiones nocturnas que las madres apañaban tras la jornada laboral, el estupor ante la descomunal escala de la nave en las películas firmadas por J. J. Abrams, o el visionado nostálgico de las reposiciones de la serie clásica en la televisión local durante la infancia, reviviendo aquel mítico enfrentamiento en el que Kirk se medía al Gorn enfundado en su aparatoso disfraz de reptil.

¿Cómo ha cambiado la relación con los fans a raíz de internet y qué se siente al interactuar con los «trekkies»?

Se define a los «trekkies» como una comunidad cálida, entrañable y extraordinariamente cómplice, más próxima a una fiesta de afecto que a los entornos tóxicos habituales en otros fandoms, por mucho que persista la presión inherente a clavar la esencia de figuras ya consagradas. Las aportaciones y sugerencias tanto de aficionados como de especialistas —como aquellos técnicos de la NASA que inquirían por qué jamás se emplea el término «astronauta» entre la tripulación— acaban permeando de vuelta las convenciones y filtrándose incluso hasta la mismísima sala de guionistas.

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