En la cartelera se acaba de estrenar, gracias a Miradoc, el documental «La búsqueda del otro»(2026), segundo largometraje de Cons Gallardo Vásquez. La película, que tomó ocho años de desarrollo, cruza dos elementos: el primero es la búsqueda de su directora por encontrarse y conversar con la machi Marcelina, autoridad ancestral, mujer que nació con cuerpo y nombre masculino. Injustamente acusada de un homicidio en 1995 (y encarcelada), fue un caso que la prensa tomó con burla y amplio desprecio homofóbico -con titulares sensacionalistas, bastante impresionantes- por aquel entonces. Otros tiempos. Treinta años después, Marcelina es ahora una persona mayor, extremadamente reservada aunque dispuesta a abrirle las puertas de su casa al equipo técnico de la película, y que la directora intenta desentrañar como puede. Quizás el pasado es muy doloroso para ser revivido.
Aquí es cuando el segundo elemento del documental se desliza, de a poco, para quedarse definitivamente e intercalarse en la pantalla: la propia directora y su identidad de género como punto de contacto con Marcelina, mientras las ansias de la construcción de una futura familia de la realizadora con su esposa empiezan a dar sus primeros pasos. A continuación, una breve conversación que tuve con su directora y también protagonista del documental.
Los documentales generalmente parten con una idea o un concepto, una historia que te llamó la atención y que querías contar, pero que en el tiempo va evolucionando y puede ir transformándose en otra cosa. ¿Cuáles son las mayores diferencias que tú ves entre la primera película que te imaginaste y la película que está hoy en cines?
Uf, yo creo que son varias diferencias. La primera diferencia es que yo pensé que la película iba a tratar del caso. Medio True Crime. Y no, la película no trata solo del caso, sino que es el hincapié de la historia. Y mi incorporación. Yo en ningún momento sabía que me iba a meter en la película. No estaba en el guión. Eso fue un cambio radical porque cuando yo empecé a filmar, me voy dando cuenta que la machi no quiere estar sola, quiere estar todo el rato interactuando conmigo.
Entonces me empiezo a poner frente a cámara. Fue como “ya, vamos a hacerlo así”. Igual intentaba ponerme detrás, pero ella me decía:
No te escapís con el mate, ven para acá”.

Esos fueron los cambios más radicales, haberme incorporado yo al cien por ciento, porque después decido contar otras partes de mi vida y que esto no iba a tratar del caso. Pero bueno, así son los documentales. Nada está controlado.
Estaba conversando antes con Esteban (Esteban Sandoval Carrasco, productor de la película) sobre el miedo que uno puede tener a ponerse frente a cámara. Hablábamos del concepto del cringe: hay una conciencia en las generaciones más chicas a evitar exponerse a ello. En el documental tú te ves enfrentada a participar bastante: bailar, ayudar a preparar una comida, realizar rituales, etc. ¿Cómo fue para ti esta experiencia, emocionalmente?
Me costó ene. Independientemente de que yo estaba filmándome frente a cámara; en un primer corte que yo edito, lo hice sin mí: todo afuera. Y claro, así la película no funcionaba.
Cuando entra un montajista (Daniel Díaz Oyarzún) y me empieza a poner a mí frente a cámara, ahí sí empieza a funcionar la película, pero fue algo que me costó un montón. Creo que uno igual está acostumbrado a estar detrás de cámara.
Sí, es mucho más cómodo.
Exacto. Entonces ponerse adelante y saber que te vas a exponer, claro, cuesta. Más allá del cringe, que sí, de repente todavía me sigue dando un poco de cringe. Pero sí, fue un desafío fuerte. Uno de los mayores desafíos fue asumir que iba a estar en la película como protagonista.
Una de las cosas que me gustaron de la película es esa vulnerabilidad tuya de colocar, por ejemplo, un momento muy íntimo con tu pareja, de la construcción de una familia, que son elementos que aportan a la temática de la película, pero que otros directores o directoras podrían haber decidido no colocar. ¿Esos elementos también fueron conscientes o fue algo que poco a poco te diste cuenta que podía aportar?
En realidad, esos elementos empezaron a aparecer en el montaje.
Yo eso lo tenía filmado para mí personalmente, no era algo que fuera a incluir en la película, porque estaba en un proceso súper importante con mi esposa. Y cuando aparece que yo realmente me tengo que entregar más a cámara en la película, Dani, que es montajista, me dice: “pero necesito saber más de ti”. Le empecé a pasar material personal, que yo junto desde mi vida.
Tiramos todo a la cancha. Pero hay algo que sí que apareció, también haciendo un poquito una lectura, es que la Machi fallece y yo justo en esos momentos de mi vida estaba buscando vida, porque estaba tratando de ser mamá con mi esposa. Entonces, para mí fue súper fuerte que se me apareciera la muerte entremedio. Fue como ponerse entre la muerte y la vida.
La película tiene un montaje que va mezclando distintas propuestas: al inicio, con los diarios, se lee esta propuesta que el documental tuvo inicialmente (hablar únicamente del caso) pero luego va evolucionando y va soltándose un poco. Va teniendo pausas, va viviendo más los momentos de compartir con la machi Marcelina.
Es la sensación que me dio en la duración de las tomas, en estar con la Machi, el ir a la playa.
¿Dentro del rodaje hay otros momentos como ese que tuviste que sacrificar dentro de esa convivencia con ella, que quizás te dieron pena eliminar en el montaje?
Sí, hay varios. Hay varios que se sacrificaron, hay algunos rituales que también preferimos dejar afuera, o conversaciones que tenía con ella, cosas que pasaban.
La Machi a mí en general me agarra más para el leseo, me bromeaba más. Entonces hay varias bromas que también dejamos afuera, que eran un poco… subidas de tono.
Claro (ríe).
Que eran divertidas igual. Fueron cosas que fuimos también sacrificando, y que bueno, el Dani ahí también se mandó un muy buen montaje. Estuvimos dos años montando, de ir, retroceder, volver. Creo que dimos vueltas por todos lados en el montaje.
¿Cuál fue la relación que la Machi Marcelina tenía con ustedes? Me imagino que al comienzo muy cerrada, de no querer contar su historia, pero que se va abriendo poco a poco. ¿Qué sentía ella con respecto a contar su historia en un formato audiovisual?
Yo creo que algo que nos ayudó mucho fue que Machi Rosa nos presentó. Yo siento que si hubiera llegado por las mías donde la Machi, la relación hubiera sido completamente distinta. Ella me da completamente el pase y me presenta, y llevamos el cerdo y todo. Desde esas primeras imágenes que se ven en la película, yo igual había ido a visitar a la Machi Marcelina antes pero sin grabar.
Sentía un poquito esta distancia, pero después que la Machi Rosa hace de intermediaria, ella cambia completamente y realmente me abre las puertas de su vida. Creo que lo que también va cambiando es que yo también le contaba cosas mías. Contar cosas de uno permite al otro que también se abra.
La Machi era consciente todo el rato que la estábamos firmando, aunque a veces igual pasaba que me posaba como para una foto. Y le decíamos:
Machi, estamos filmando.
Pero sí, era consciente de que queríamos hacer una película, pero nunca me lo cuestionó desde que la Machi Rosa me da ese pase.
¿Qué piensas tú, Cons, que una película como esta, un documental, aporta también a los chilenos que saben muy poco de la cultura mapuche?. Porque de alguna manera tú eres un personaje dentro de la propia película que no sabe mucho del tema y que involucras al espectador contigo, a que conozca y vea estos rituales que para nosotros son desconocidos… por ejemplo la manera en que entienden el eclipse.
Yo creo que invita. Invita a que dialoguemos y a que nos conozcamos un poquito más. A que tengamos las ganas también, porque siento que nos quedamos de repente con lo que nos pasaron en el colegio. Hay muchos prejuicios también, que creo que hay que quitarse.La película invita a quitarse esa capa de prejuicios. Por eso está la bajada (del afiche oficial) “Existimos sin permiso”. Que es también eso:
Nadie tampoco nos puede decir cómo tenemos que ser».
Entonces, siento que la peli a eso invita. Invita a que nos equivoquemos, que no tengamos miedo a equivocarnos. Pero está bien equivocarse porque si no uno no aprende. Así que también invito a la gente a eso. Que la vea y que pueda aprender un poquitito más. Aprender a acercarse. Sí, a sentir empatía por el otro, por la otra.
¿Qué significa para ti la experiencia de poder mostrar la película al público?. Has visto la película crecer de alguna manera, como otro hijo. ¿Qué significa para ti este momento?
Sí, es como dar a luz a otro hijo. Es satisfactorio. Porque uno viene trabajando mucho tiempo. Esta película son ocho años de trabajo. Hay una película, llegamos a algo, hicimos algo. Muchas emociones. Pura felicidad de que la película se vea. De que ojalá le guste a la gente. Bueno, y si no le gusta, se la recomienda a su enemigo.
Invito a verla. A que nos conozcamos también. Que conozcamos al que tenemos al lado. Estos tiempos están bien oscuros e individualistas. Así que creo que es importante hacer comunidad.




