En el marco del Festival IGS de Rímini-Riccione, el creador, actor y guionista escocés Richard Gadd ha sido galardonado con el prestigioso Maximo Breakthrough Storyteller Award, en reconocimiento a sus sobresalientes logros creativos tras el éxito mundial de Baby Reindeer. Durante una clase magistral en el festival IGS, el artista ofreció profundas claves sobre el proceso de gestación de su último y sin concesiones proyecto, Half Man. Una obra que desafía al espectador desde el primer minuto y que constituye el fruto de años de autocrítica creativa.

El viaje comenzó en febrero de 2019. En pleno bullicio londinense, durante un trayecto de metro entre el ruido de la gran ciudad, Gadd mecanografió intuitivamente las primeras líneas de Half Man en las notas de su smartphone. Su núcleo temático gira en torno a la violencia masculina alimentada por la represión.

En el centro de la trama figuran dos hermanos, encarnados por un dúo desemejante. Por un lado, Niall, interpretado por Jamie Bell; por el otro, Ruben, al que da vida el propio Gadd. El relato rompe deliberadamente con los clichés más simplistas. No se trata de distinguir claramente entre el bien y el mal, ni entre el fuerte y el débil. Más bien, al final surge el interrogante sobre qué forma de comportamiento resulta a la postre más destructiva: la dureza alfa exhibida abiertamente o su equivalente intangible y sigiloso en la sombra.
Para Gadd, la violencia en el personaje de Ruben no es un mero elemento de acción, sino el síntoma de una profunda impronta traumática. Cada estallido violento, recalca, no nace del momento presente, sino de una permanente sensación de impotencia que hunde sus raíces en la juventud. Incluso durante los ensayos con el joven actor que interpreta al personaje en su etapa juvenil, el trabajo se centró menos en la ejecución física de un acto y más en recrear esa sensación de abandono interior.
Que al final fuera el propio Gadd quien se metiera en la piel de Ruben no estuvo claro durante mucho tiempo. Tras las extenuantes vivencias en torno al éxito mundial Baby Reindeer, donde actuó delante y detrás de la cámara, experimentando en su propia carne la enorme doble carga de trabajo, en realidad pretendía ahorrarse semejante tortura física y mental. En un principio, estaba previsto un pequeño cameo como policía. Solo el fichaje de Jamie Bell y la insistencia de los directivos hicieron que cambiara de rumbo.

Para encarnar a Ruben, Gadd se sometió a una transformación corporal radical. Si para Baby Reindeer se había quedado en los huesos, para este nuevo papel ganó una masa considerable mediante un entrenamiento específico combinado con una dieta orientada a la consistencia y no a la definición, con el fin de dotar de expresión física al dolor y la contundencia del personaje.
Durante la clase magistral, moderada por el historiador de cine y director de museo Carlos Chatrián, Gadd habló de sus inicios en la comedia en vivo. Describe el escenario como un lugar despiadado, de vida o muerte, donde el público refleja sin piedad si una actuación funciona o no. A diferencia de ello, aunque el plató de cine ofrece la posibilidad de repetir tomas y de realizar un pulido editorial en la sala de montaje, la sensación fundamental sigue siendo la misma: uno confía en su propia intuición creativa. Si algo se siente mal, por lo general lo está.
Para el creador, el humor sigue siendo el contrapeso indispensable. Al igual que en obras maestras de la televisión como Los Soprano, para Gadd no existe un drama puro y desprovisto de humor. La vida misma oscila permanentemente entre el dolor abismal y la comedia absurda del instante.


