Una película al día #152: “El casamiento de Raquel” (2008)

Una herida abierta

[ por: Andrés Daly ]

Está muy, muy interesante lo que logra aquí Jonathan Demme (El Silencio de los Inocentes, Filadelfia) con un buen guión, un casting apropiado, música en vivo y, felizmente, un determinado par de camarógrafos de buenos reflejos, rápidos encuadres y hombros resistentes.

El Casamiento de Raquel (Rachel Getting Married) está filmada completamente como si fuese el registro documental cámara en mano –“reality” le dirían algunos entusiasmados televitos- de los preparativos de la boda de Rachel (Rosamarie DeWitt), la fiesta que ocurre en la gran casa de la familia de la novia y finalmente la mañana después de que esta termine. Una película sin ensayos, con improvisación sobre el guión de Jenny Lumet (la hija del gran Sidney) y , fundamentalmente, un sentido de realidad coherente y simple que la atraviesa de inicio a fin.

Imágenes superiores: Kym recorre la casa en planos secuencias consecutivos. Al final, se detiene en una habitación especial.

La casa se recorre en 360 grados, nada parece ser un set y la cámara, bajo la dirección de fotografía/unidad principal de Declan Quinn (En América, Leaving las Vegas) no deja de rodar nunca, de meterse entre los protagonistas, de capturar planos lejanos y cercanos y meternos en el núcleo de un drama familiar. Una tragedia que se va revelando poco a poco, al mismo tiempo que la celebración de la fiesta. Una película de “creación simultánea”, que como bien dice Demme en una entrevista posterior al rodaje, se refleja muy bien durante la película cuando uno escucha permanentemente a un grupo de incansables músicos ensayando antes de la boda y tocando simultáneamente durante esta. Una banda sonora que realmente está ahí, en vivo y creando la música que acompaña inmediatamente a las escenas que se están rodando en paralelo, incluso cuando hay diálogos, lo que es una difícil transgresión técnica a la que se consideraba básicamente una ley de oro Hollywoodense durante los rodajes: quiet on set.

Kym y Rachel

El drama familiar es duro y las heridas siguen demasiado frescas: Kym (Anne Hathaway), la descarriada hermana menor de Rachel llega al matrimonio luego de permitírsele salir por unos días de un centro de rehabilitación de drogas y alcohol, en el que entra y sale desde hace diez años. La insoportable Kym vive en un estado de autodestrucción continuo por un secreto que no revelaré aquí, y que el espectador irá conociendo y comprendiendo en el camino. Uno que nos acerca a la familia y que permite entender la dura vida que Kym tiene que enfrentar ahora y siempre, y su forma de sobrevivir en ella.

Extraña mezcla entre alegre celebración y triste lección sobre las consecuencias del pasado, que ocurre paralelamente en un matrimonio al estilo Benetton – aquí hay cabida para todas las razas, religiones y músicas– con una buena actuación de DeWitt, la revelación de Hathaway en el rol, la actriz Debra Winger (de la mítica “La fuerza del cariño”) y el padre de las dos hermanas, interpretado por el generalmente sub utilizado actor Bill Irwin, que en una alegre escena en una cocina le basta con ver un plato muy particular sobre una mesa, para dar una lección de radical cambio y giro en un personaje que se le ve feliz por fuera, pero está devastado por dentro.

Paul (Bill Irwin)

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