Cautivos del Mal

Contadas con los dedos de una mano son las veces que he estado en una plataforma de streaming y esta me recomienda una película que haya sido filmada en la década de los 50’s o de los 60’s. Estas décadas para el streaming equivalen a la época más cavernaria del cine, dignas de un mauseleo, como si el cine hubiese nacido con Mi Pobre Angelito (1990) o Shrek (2001). Recorriendo el catálogo de MAX me aparece una tarde de domingo «The Bad and the Beautiful» o «Cautivos del Mal», película dirigida por Vincente Minnelli en 1953. La intriga es grande: una actriz, un director y un guionista entran a la oficina de un productor -lo que parece la premisa de un mal chiste- y este productor, llamado Harry Pebbel, les ruega que tomen asiento y le permitan, por favor, explicarles por qué los ha citado solos y tan tarde esa noche.

El trío de exitosos profesionales de Hollywood conformado por la actriz Georgia Lorrison (Lana Turner), el director Fred Amiel (Barry Sullivan) y el guionista James Lee Bartlow (Dick Powell) se sienten muy ofendidos por la propuesta de este productor y se niegan rotundamente a trabajar o asociarse de cualquier manera para quien éste representa: lejos, en París, el real productor de esta película es nada menos que Jonathan Shields (Kirk Douglas). El espectador no entiende qué diablos les ha hecho Shields en el pasado a los tres para que tengan tanta aversión a este personaje. El excelente guión de Charlés Schnee, que ganó el Oscar por este largometraje y que también escribió la fantástica They Live By Night (1947, de la cual escribí en este sitio hace ya una década) nos revela entonces como va a operar: nos presentará tres flashbacks, uno para cada integrante del ofendido trío, donde por fin conoceremos, desde su punto de vista (mas o menos, hay algunas licencias) al alegre, astuto, soñador, energético, creativo, manipulador, cínico, maldito y traicionero ser que es Jonathan Shields.

Jonathan Shields es un papel muy atípico para el casi siempre heroico Kirk Douglas (Senderos de Gloria, Home Movies), como es también atípica la propia película. Lejos de glorificar el proceso por el cual simples mortales se convierten en estrellas de Hollywood, Cautivos del Mal mezcla la ingenuidad inicial de quienes sueñan con trabajar en el cine con los recovecos más sucios, las maquinaciones, traiciones, robos de propiedad intelectual, abusos, infidelidades y demases con los que la industria factura todos los días desde que el cine es cine. Películas como La La Land (2016) o Babylon (2022), ambas de Damien Chazelle, no existirían sin Cautivos del Mal, Sunset Boulevard (1950) o Singin in the Rain (1952), tres películas clásicas del cine detrás del cine.

Jonathan Shields bajo un cerro de guiones: Entre toda esta basura ¿habrá una joya que podamos convertir en un éxito?

La primera historia es el clásico rag to riches, la historia del esfuerzo y la creatividad de dos amigos, Jonathan y Fred (el director de cine) que juntos empiezan una amistad intensa en busca de sus sueños, a crear películas de bajísimo presupuesto y dudosa calidad para una productora pequeña: es momento para ser especialistas en Cine B con grandes retornos a la inversión. Este puede ser el paso a cosas mejores en el futuro. Grandes directores partieron así, sino pregúntenle a Francis Ford Coppola que comenzó bajo la tutela de señor Roger Corman con su poco conocida Dementia 13 (1950). La primera traición de Jonathan es una que no voy a contar aquí, pero que si yo hubiese sido ese aspirante a director, quizás nunca podría perdonar.

La segunda historia involucra a Georgia, una rubia actriz desconocida y condenada a papeles olvidables. Alcohólica, atrapada en su pasado, cargando la historia de un padre prominente en la industria que la abandonó muy temprano, Georgia (sobre)vive su vida con un desinterés muy triste. Compasivo y al mismo tiempo manipulador, Jonathan ve, como en todo lo que mira, las posibilidades de éxito y así ve en ella una futura estrella. Jonathan hará lo imposible por darle un protagónico y sacarla de la tumba que ella se está cavando. Pero ¿habrá espacio para el amor en ese frío corazón del productor? ¿Cuáles son las reales intenciones detrás de su cariño y protección?. La segunda traición de Jonathan golpea los sentimientos de Georgia y la deja al borde del abismo. Igual, debo confesar que la escena de Georgia llorando frenéticamente -luego de la tración- mientras maneja como un primate en la oscuridad de una noche lluviosa, me hizo explotar de la risa por su sobre dramatismo. Minnelli vio, parece, mucho Cine B.

Jonathan y Georgia, inspirados

La tercera y última historia es una que habla sobre las transformaciones que este mal, el mal de Hollywood, puede tener sobre una pareja felizmente casada y que vive completamente alejada de este mundo. El escritor James Lee Bartlow es un autor, bastante gruñón, que vive cómodamente en un pequeño pueblo, convertido en una mini celebridad, mientras escribe lentamente su próximo libro. Su esposa, Rosemary (Gloria Grahame, mi actriz fetiche del cine negro), es la alegría de su hogar pero también la fuente de constantes interrupciones. O esto es lo que le dice Jonathan, que decide con mucha astucia y maldad separar gradualmente a esta pareja para potenciar a James como un gran guionista de Hollywood. Aquí la película se vuelve más oscura en un episodio que no revelaré pero que habla de esas consecuencias impredecibles que tiene la vida esperándonos cuando menos nos lo esperamos.

Gloria Grahame hace un personaje secundario tan intenso y bien logrado, un personaje frágil, de una femineidad muy antigua (incluso para su época) pero que al mismo tiempo tiene detrás otro mundo que se puede vislumbrar. Esto parece que fuese la especialidad de esta actriz, que hizo muchas mujeres bastante más rudas en el cine, especialmente en el cine negro, convirtiéndose en una femme fatale bastante inusual, de la cual nunca se sabía muy bien que esperar: una mujer hecha de una mezcla de vulnerabilidad y peligro simultáneo. Si no las han visto, aprovecho de recomendarles dos grandes películas de Grahame: En un lugar solitario (In a Lonely Place, 1950) donde comparte pantalla con Humphrey Bogart y es dirigida por su segundo marido (y padrastro de su tercer marido, pero esa es otra historia) Nicholas Ray (Rebelde sin Causa) y la alucinante Los Sobornados (The Big Heat, 1950), obra maestra del Film Noire dirigida por Fritz Lang.

Rosemary y James, cuando la vida era más simple
Hoy Fred vive su sueño
Todos comenzamos en alguna parte

La premisa de Cautivos del Mal es que a pesar de las horribles traiciones de Shields, este trío no habría logrado el éxito actual que hoy tienen y, por lo tanto, deben tener conciencia de ello y tragarse la amargura. En Hollywood todo se devuelve y es momento de regresarle «el favor» a este productor que hoy necesita de su ayuda, al amigo que en algún momento fué. Esto es cuestionable y ahí radica la belleza de la idea central de este guión, donde cada uno de los personajes están -ya lo saben- libres de toda inocencia inicial: sus sueños les costaron literalmente sangre, sudor y lágrimas. El trío de traicionados sabe, además, que tanto como Shields es un productor en quien no se puede confiar, es también una persona que vive y respira cine: tiene una mirada que deja a veces grandes éxitos y premios en el camino de quienes se cruzan con él. Quizás es hora, entonces, de dejar la ética y la moral en casa y facturar unos milloncitos de dólares más, por qué no. Bienvenido a Hollywood.

 

 

 

Cautivos del Mal
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