La Heroína y la Mártir

Las dos Juanas

[ por: Katherine Silva ]

Las diferencias entre el cine mudo, y el sonoro son bastante amplias. Comenzando por el proceso sonoro que cambió totalmente la manera de percibir el cine y los contenidos que este nos mostraba, hasta la muy oportuna imagen a color, que enviaba un poco más de realismo y emoción en el espectador, viendo cada vez más semejante a la realidad lo que se le mostraba en esta pantalla gigante.

Sin embargo, el hecho de contar con color y sonido, no hace a este cine más oportuno y asimilable que el mudo y a blanco y negro. Un ejemplo claro de esto son dos películas que, aunque traten el mismo tema histórico, sus diferencias son notables, al punto de una opacar totalmente a la otra, sin desmeritar el valor artístico de ambas: La Pasión de Juana de Arco (1928) y Juana de Arco (1999).

La Pasión de Juana de Arco es una producción muda, a blanco y negro, que cuenta las torturas y maltratos a los que fue sometido la conocida mártir y patrona francesa Juana de Arco, recordada por sostener que Dios le había hablado para llevar a Francia a la victoria en una guerra extensa que se llevaba con Inglaterra, y nombrar al Delfín, rey definitivo del país galo.

En 1928 el cine mudo aún tenía trascendencia a pesar que nacía en Estados Unidos el cine sonoro. Su director, Carl Dreyer (una eminencia en la cinematografía histórica), optó por dejar a un lado la historia de la heroína para concentrarse en la mártir, en su juicio, y en la tortura física y psicológica a la que fue sometida para forzar una confesión en la que aceptaba la invención de su historia divina en la que Dios le hablaba.

Por otro lado está Juana de Arco. Una película sonora y a color, que relata toda la historia de la heroína francesa. Desde su infancia, pasando por su adolescencia y los principios de sus visiones divinas en las que Dios le manifestaba llevar a la victoria a Francia, y a la coronación del Delfín como el rey.

Esta producción de 1999 se caracteriza por mostrar una cara distinta a la historia de la mártir. Su director, Luc Besson, se concentró en relatar la historia completa de Juana mirando un punto fijo en todo el desarrollo del largometraje: la verdad de su llamado divino.

Estas dos películas difieren mucho, pero la verdadera esencia de ambas parte en un mismo personaje desarrollado de dos maneras distintas. La heroína de Besson, encarnada por Milla Jovovich, es una mujer que deja dudas sobre su condición mental. Una guerrera decidida marcada por la crueldad del enemigo, que decide vencer de una manera muy precisa su pesadilla, enfrentándola directamente, disfrazándola de un mensaje divino.

La película cuenta con algunos diálogos que sobran, expresiones que pueden ser usadas de mejor manera, y momentos en los que, al parecer, lo más importante a resaltar, son las escenas de guerra y no la esencia espiritual y  humanista detrás de la historia de Juana de Arco. La actuación de Jovovich es resaltable, pero mal concentrada por el director y el guión, en una Juana sedienta de venganza que justifica su guerra con los deseos de hacer justicia.

Por otro lado, la mártir de Dreyer, es una mujer dolida, tratada injustamente, que se mantiene firme a pesar de su tortura física y psicológica. Con primeros planos que realzan las expresiones faciales de los actores, el director nos sumerge en la dolencia de Renée Jeanne Falconetti, quien encarna una Juana de Arco amarrada a sus ideales espirituales, y sufrida por la falta de compasión e injusticia del tribunal que la acusa de hereje.

Con los permanentes primeros planos, estamos ante lo que puede ser una de las mejores historias contadas del cine, y una de las mejores actuaciones del cine mudo. Una historia que gira en torno a un juicio que tiene un final ya contado, pero que hacen que el espectador quiera entrar dentro de la película para hacer justicia.

Los primeros planos nos permiten ver unos rostros naturales, las expresiones que agobian la tortura de Juana, y la malicia pura de aquellos que la juzgan e intentan hacer rendir su inquebrantable espíritu que permanece firme hasta el final. Es sin duda una obra maestra que demuestra que el cine mudo, a pesar de no tener la facilidad del audio ni el color, puede elaborar un gran espíritu artístico, superior algunas veces, a las ventajas del cine actual.

Es así como vemos que dos caras de esta historia, pueden cambiar ampliamente dependiendo de la manera como se cuente. La heroína de Besson es una mujer fuerte, intachable, pero que su mandato divino se ve opacado por su deseo de venganza, que añadido a los diálogos innecesarios y la excesiva atención a las batallas aventajadas con el color y el sonido, hacen que la historia se torne más como una suposición de lo que puede ser.

La mártir de Dreyer, por su parte, es una mujer dolida, casi totalmente devastada física y espiritualmente, cuyos verdugos carecen totalmente de compasión y justicia aparente, y que desean ver destruida a la mujer que fuertemente resiste sin decaer. No cuenta con audio, no cuenta con color, hay una constante muestra de rostros para contemplar la personalidad y el mundo de cada personaje. Esta obra maestra, cierra el círculo para determinar que, en el cine, el color o el sonido no es importante, siempre que la historia se sepa contar, y se sepa determinar al objetivo artístico al que pertenece.

 

 

GALERÍA

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *