Dossier Stanley Kubrick: Barry Lyndon

Las aventuras de un trágico casanova

[ por: María Soledad Carlini ]

Los casanovas no nacieron para aceptar su destino, sino para cambiarlo a su favor. Estos descendientes de Giacomo Casanova, célebre aventurero italiano que reveló en su libro “La historia de mi vida” enamorar a más de un centenar de mujeres, aparecen con mayor notoriedad a mediados de 1700’s en Europa, momento histórico en el que se empieza a respirar el movimiento romántico y la Revolución Francesa.

Considerados unos advenedizos por los nobles, para ellos la conquista de mujeres iba más allá del placer: si lograban unirse a una mujer de buen linaje, su ascenso social era seguro, un pequeño triunfo en una sociedad estratificada y donde la nobleza era respetada por los demás.

El director Stanley Kubrick aborda la figura del casanova en su película Barry Lyndon (1975), haciendo una relectura personal de la novela homónima del escritor realista, William Makepeace Thackeray. El libro aborda en tono autobiográfico y picaresco las vivencias del irlandés Redmond Barry, un cínico arribista que ingresó a los círculos aristocráticos europeos más selectos a través de su ingenio y poder de seducción.

La película subvierte el carácter de su protagonista, ya que transforma al personaje de la literatura, un tipo moderno que evade las estructuras sociales, en un antihéroe con un lamentable destino trágico. Kubrick al igual que en su anterior trabajo “La naranja mecánica” (1971),  aborda cómo la violencia, la crueldad y el poder son fenómenos sistémicos, es decir, conductas aprendidas desde la sociedad y castigadas por ésta misma.

Una lectura pesimista y trágica. Tres duelos funcionan como puntos de quiebres en la vida del aventurero irlandés Redmond Barry.

El viaje del antihéroe

En un gran plano general puede observarse una escena campestre. El cielo está lleno de nubes grises, el viento mueve delicadamente las hojas de los árboles y en primer plano se ve un extenso muro que separa a dos propiedades. Pero la verdadera acción está lejos, en la línea del horizonte. Ahí se distinguen apenas cinco figuras humanas: dos contendores de un duelo y sus respectivos testigos.

En una de los decesos más rápidos de la historia del cine, en los primeros diez segundos del inicio del film se da muerte a un hombre. Una imagen elocuente, el epílogo de una época donde el asesinato, ya sea a través del duelo o la guerra, era una práctica habitual.

La fugaz muerte abre el círculo mítico y trágico del protagonista, que a causa de tal ajusticiamiento de “caballeros», queda huérfano. Los eventos que le ocurrirán tendrán la estructura literaria del viaje del héroe, aquel relato mítico donde el protagonista abandona su pueblo, se enfrenta a una serie de pruebas, arriesga su vida y vuelve a su hogar como una persona más fuerte. Contrariamente, Barry emprende las mismas proezas, pero termina en la miseria, solo y humillado.

La película transcurre en un arco de tiempo de por lo menos tres décadas, desde la Guerra de los Siete Años hasta la Revolución Francesa (1756-1789), un contexto de guerras y batallas incesantes que marcará la adolescencia y madurez de Redmond Barry.

Redmond Barry es marcado por la guerra. En la foto puede verse como aplica los castigos (latigazos) del ejército prusiano a su hijastro, Lord Bullingdon.

Criado y educado por su abnegada madre y tíos, es un joven sensible, apasionado e inocente, pero que no tardará en convertirse en un oportunista, por los eventos de maldad que le toca experimentar. Enamorado de su prima Nora, es rechazado por ella por no poseer una gran fortuna, prefiriendo como esposo al capitán Quinn, un militar inglés que a diferencia de su primo posee una suculenta dote. La testarudez del joven irlandés, quien se niega a renunciar al amor de su prima, hace que los familiares de Nora le tiendan una trampa al adolescente para inculparlo de un crimen que lo obligará exiliarse.

El chico finalmente cae en la treta y debe viajar a Dublin con los ahorros de su madre, pero es asaltado en el camino y para sobrevivir debe ingresar al ejército inglés y, después, a las cruentas tropas prusianas. La guerra y la bestialidad de la institución militar -un tópico abordado en cintas como “Senderos de Gloria”, “Nacido para matar”-, remece los tiernos sentimientos del adolescente.

Aquí conoce la pobreza, la humillación, la rivalidad, la muerte y la crueldad. Aprende la lección darwiniana de que la ley del más fuerte siempre se impone. Cuando retorna a la civilización, ya no es el mismo chico cándido del pasado. Es un verdadero hombre mujeriego, amoral, violento y un excelente estafador.

La condesa de Lyndon, esposa de Redmond Barry, casi no emite palabras, ni opiniones. Es una bella noble «hipnotizada», que se somete primero a la voluntad de su esposo y después a la de su único hijo.

Finalmente, conoce a la hermosa condesa de Lyndon, una mujer frágil y manipulable, la seduce interesadamente para acabar con sus pesares económicos, se casa con ella y termina adoptando su apellido. Barry Lyndon es amo y señor de su propio destino. Sin embargo, con dinero y sin límites morales se gana un grupo de enemigos y  emprende el camino sin retorno a su ruina.

Podríamos advertir que Barry Lyndon es un film enciclopedista, donde todos los detalles fueron estrictamente imitados del arte o de los escritos históricos. El objetivo de Kubrick era realizar “un documental de la época napoleónica”, por lo cual se apegó estrictamente a la estética del arte de la época.

Es así, como esos paisajes de magnitud desbordante están inspirados en la pintura inglesa (William Hogarth, Thomas Gainsborough, John Constable), y que gracias al uso delicado del zoom y la luz natural, el director permitió que la fotografía imitara la luminosidad y bidimensionalidad de la pintura. Asimismo, la selección de música folclórica y docta le otorga un ritmo y un carácter dramático al estatismo de las imágenes.

Barry Lyndon es un film cercano a trabajos anteriores de Luchino Visconti como “Senso” (1954), “El gatopardo” (1963) y “Muerte en Venecia” (1971), en especial, por la cantidad abrumante de detalles que contiene cada escena, la noción ralentizada del tiempo y la forma nostálgica en que retrata a la nobleza. Un vínculo que podría ser revisado al verificar que la actriz que interpretó a la condesa de Lyndon, Marisa Berenson, trabajó anteriormente en Muerte en Venecia. Justamente el trabajo estético de este personaje posee aquel aspecto levemente antinatural, empolvado y dramático de los personajes del director italiano.

Pese a las modificaciones esenciales que Kubrick hizo a la novela de Makepeace, mantuvo un dejo literario que puede notarse en el uso de carteles con fragmentos de la novela original y la inclusión de un narrador en tercera persona, que además de detallar aspectos psicológicos de la historia, también nos empapa con explicaciones históricas con un lenguaje muy empático.

Irónicamente, con todos los recursos objetivos de la película es inevitable no sentir compasión por el desenlace de cada uno de los personajes; por Redmond Barry, un trágico casanova que es traicionado por su naturaleza apasionada, o por la condesa de Lyndon, mujer que debe resignarse a ser dominada por los hombres, e incluso por su hijo, Lord Bullingdon, un hombre orgulloso de su nobleza, que no sospecha el inminente ocaso de su institución. Personajes que luchan, pero con la visión pesimista de Stanley Kubrick, poco pueden obtener de sus esfuerzos.

*Este artículo es parte del Dossier #2: Stanley Kubrick [ febrero 2011 ].

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