«They Live by Night» (1947)

Bowie & Keechie

No veía y escribía sobre una película de Nicholas Ray desde hace exactamente dos años, el 18 de febrero de 2011, cuando vi por primera vez esa obra maestra -así, con todas sus letras, bold, cursiva y subrayado- titulada In a Lonely Place (En un Lugar Solitario, 1950) con un inspirado Humphrey Bogart como un guionista con varios demonios dentro.

Esta, la primera película de Ray, con dos jóvenes actores que no llevaban más de tres películas e igual número de años en Hollywood, es una demostración total de talento: es la manifestación de la promesa detrás del emocionante narrador, detrás de sus futuras “Rebelde sin Causa” y “Johnny Guitar”.

Recién llegado del rodaje de “La Soga” (ROPE) de Alfred Hitchcock, que se estrenaría también en 1948, Farley Granger le da vida a Bowie Bowers, un joven criminal recién escapado de la prisión, y que tiene la mala fortuna de asociarse a dos viejos ex prisioneros, Chikamaw y T-Dub, que lo sacaron del lugar.

Herido después de este escape y siguiendo, sin cuestionar, el liderazgo de los dos viejos, alcohólicos y brutos asaltantes que ahora tiene por socios, Bowie es rescatado –literalmente y luego de forma emocional- por la hija de otro asaltante, miembro del grupo al cual incluyen a Bowie. Instalada, muy seria, detrás un volante, es como Bowie conocerá a la joven Keechie (Cathy O’Donnell, mi nuevo amor platónico), que algo más sobre el futuro y el destino tiene en mente que el improvisado chico.

Comienza así la fugaz e intensa historia de amor entre Bowie y Keechie: un amor plagado de “primeros” (primeros besos, despedidas a la virginidad, declaraciones acaloradas, promesas, matrimonio, luna de miel y hasta descendencia), rodeados de la ilusión, de ambos, por un futuro mejor, lejos de la vida irregular de los peligrosos Chikamaw y T-Dub. La fantasía de la vida “normal”, que no conocen.

Como en el buen cine negro, las promesas de felicidad, cuando se está rodeado de pistolas, dinero y policías con tu plomo dentro del cuerpo, son bien difíciles de cumplir.

Encantadora, pura, triste, con actuaciones notables de Granger y O’Donnell como unos Bonnie & Clyde púberes e inocentes: incapaces de retener una felicidad que se les escapa demasiado rápido.

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