Los contrastes marcan el pulso de la ficción televisiva contemporánea. Un claro exponente de esta corriente es la serie Benidorm Is Murder, una producción británica que traslada sus tramas a la icónica ciudad costera española para explorar las grietas humanas bajo el sol del Mediterráneo.
Al frente del reparto se encuentra John Hannah en la piel de Dennis Crown, un expolicía británico curtido y desencantado que ha dejado atrás el trajín de las comisarías del Reino Unido para regentar un bar en la costa levantina. Lejos de hallar una jubilación apacible, Dennis se ve arrastrado a investigar las extrañas muertes que se suceden entre los veraneantes. A su lado opera Rosa, su camarera, interpretada por Carolina Bécquer, una entusiasta empedernida de los formatos true crime cuyo enciclopédico conocimiento televisivo contrasta con el escepticismo cínico de su mentor.
Lo que desmarca a esta propuesta de otros thrillers procedimentales británicos, irlandeses o nórdicos es la autenticidad de su planteamiento geográfico. Benidorm no actúa meramente como un decorado exótico, sino que se erige en un personaje más de la historia: un entorno dinámico y extremo donde confluyen el turismo de masas, los excesos estivales y un crisol de expatriados. Además, la cuidada puesta en escena entrelaza el arco dramático con la energía vibrante y real de la propia localidad.
Detrás de las cámaras, el creador y guionista principal Ian Jarvis, junto a autores como Tom Parry, Claire Downes y Yasmine Akram, y el director principal Simon Delaney tejen un complejo equilibrio tonal. Conscientes de que el asesinato y la tragedia real no albergan comicidad alguna, el equipo logra un sutil contrapunto: la trama transita de la crudeza del drama criminal a la ligereza costumbrista y el humor agudo con absoluta fluidez, apoyándose en un reparto coral que incluye rostros muy conocidos de la televisión británica como Tamzin Outhwaite, Alistair McGowan y Denise Welch. El resultado es un fresco irónico y terrenal que demuestra cómo el misterio y la vida cotidiana pueden cruzarse en el rincón más inesperado.




