Durante junio, el Centro para el Cine y la Creación (CCC) destacó «Cactus Pears» (2025) como su película del mes. La película fue escrita y dirigida por Rohan Parashuram Kanawade, un cineasta autodidacta de Mumbai, India. La ópera prima de Kanawade ganó el Gran Premio del Jurado en la Competencia Dramática de Cine Mundial, del Festival de Cine de Sundance de 2025. «Cactus Pears» es un conmovedor drama romántico sobre dos hombres, que se desarrolla durante un período de duelo de diez días en la India rural, donde el protagonista, Anand, regresa tras la muerte de su padre. Allí, se reencuentra con un viejo amigo de la infancia, Balya. En medio del dolor, el amor y todas sus posibilidades florecen entre ellos.
Gracias a la generosidad del cineasta y a su innegable y contagiosa pasión por el cine, hablamos sobre su película y la conexión de ella con su vida personal, la confluencia del amor y el dolor en su filme, cómo escribe un guion, la importancia de hacer cortometrajes, cómo se representa el romance queer en las películas y mucho más, a continuación.
Esta entrevista forma parte de nuestra sección «Backstage» en este sitio web. Puedes ver el video de esta conversación al final de este texto. También puedes leer la transcripción en inglés.
Una de las cosas que más me gustó de tu película es que trata sobre el amor, pero también sobre el duelo. ¿Cómo lograste combinar estas dos emociones tan intensas en una película que debe confrontar a su protagonista con estos dos polos opuestos? La tristeza y el amor que surgen en su vida.
Mi padre falleció en 2016. Tuve que ir a mi pueblo natal para llorar su muerte, como se ve en la película. Me pasó lo mismo que a Anand: todo el mundo hablaba de mi matrimonio. Esas preguntas y esas conversaciones eran tan agobiantes que, la mayoría de las veces, solo podía enfrentarlas en silencio. Durante esos diez días, pensé: ¿y si tuviera un amigo en ese pueblo que supiera de mí?. Podría haberme escapado con él un tiempo y haberme alejado de toda esa presión por el matrimonio.
Y pensé: «¡Creo que esa es una buena idea para una película!». Y empecé a darle vueltas. Lo que me atrajo de la idea fue que la historia comienza con la muerte: Anand, el protagonista, pierde a su padre. Pero luego, al pasar diez días en ese pueblo, se reencuentra con su amigo de la infancia. Así que empieza con una pérdida, pero termina con la llegada de alguien a su vida. Eso me resultó fascinante. La mayoría de las películas sobre la muerte son tristes. Aquí tenemos la muerte, el duelo y sus rituales, pero no quería hacer una película triste. Infundirle a esta historia un amor que florece también puede darle un toque tierno. Esas fueron las ideas que captaron mi atención. Pensé: tengo que explorar esta idea. Y algún día tengo que escribir el guion.

Una de las cosas de tu película que la hace tan universal es que cualquiera que haya perdido a su padre o madre —mi padre también falleció en 2016— puede identificarse con las emociones de la película, incluso si eres de otra cultura. En la película, tienes un ritual que en mi país —Chile— es completamente diferente, la cremación. Pero de alguna manera, siempre podemos identificarnos con algunas imágenes. Por ejemplo, el momento en que Anand ve a su padre en el templo (después de que este ha fallecido), es tan hermoso. Eso le pasa a cualquiera que pierde a alguien, eventualmente lo «ves» en persona. Y se siente real. Piensas que tu mente te está engañando, pero él está ahí. Es realmente tu corazón el que se manifiesta. Quería preguntarte sobre las imágenes del duelo, como esta, o las imágenes de amor que son tan inocentes, como la imagen de los dos hombres, Anand y Balya, compartiendo un audífono con cables. Es casi como de amor adolescente, ¿no?. Es tan dulce. ¿Tenías estas imágenes en mente mientras escribías el guion, o surgieron a medida que avanzabas?
Mi proceso de escritura consiste en dedicar mucho tiempo primero a la idea. Por ejemplo, en este caso, la idea surgió en 2016, durante el duelo por la muerte de mi padre. Empecé a escribir el guion en 2020. Durante esos cuatro años, solo pensaba en esa idea. En ese tiempo, no sabía cuál sería la historia, ni qué tipo de imágenes o escenas habría en la película. Pero lo que sucede es que, poco a poco, empiezas a ver ciertas imágenes que te dan una idea de la calidad visual de la película. O a veces vives algo y piensas: «Quizás esto pueda formar parte de esta película o de esta idea». Así que, en cierto modo, eso se convierte en una visión de la película, de cómo deberían ser las imágenes, el sonido o la interpretación. Cuando tienes demasiadas cosas en la cabeza, la tienes saturada: esas cosas te obligan a sentarte a escribir. Y entonces empiezo a escribir el guion propiamente dicho.

Escribo escenas completas. No escribo un esquema de la historia, una escaleta ni nada parecido. Empiezo escribiendo el guion completo. Una vez que tengo la primera escena, se me ocurre una idea para la segunda y la tercera. Así es como fluye mi proceso. Mientras escribía el guion, ni siquiera yo sabía cómo iba a terminar la película. No sabía si el final que tiene ahora formaría parte de la película.
Lo que sí sabía era que no quería que esta historia terminara en tragedia. Porque la mayoría de las historias queer terminan así.
Pero no sabía cuál sería el final. Incluso mientras escribo, tengo una idea general de la imagen, pero no sé cómo será. Eso solo lo sabré cuando tenga las locaciones finales para la película.
He visto este pueblo desde mi infancia; todas las vacaciones de verano las pasaba allí. Conozco bien los alrededores. Sé cómo son las conversaciones en casa, o cuando he estado con mis primos rezando a los dioses en el bosque o en la montaña. Este pueblo que ves en la película es el pueblo de mi madre. Allí creció. Es el pueblo de mi tío materno. Solía ir allí cada verano, a la orilla del lago. Mi madre, su madre y otras parientes, mujeres, cada mañana, después de bañarse, llevaban la ropa a lavar al lago. Así que he ido a ese lago muchísimas veces.
He visto esas cosas. Recuerdo esos momentos que hemos vivido con nuestras parejas. Por ejemplo, con mi pareja, he compartido audífonos. Quizás tú también lo hayas visto con alguien más, o a veces tú y tus amigos comparten audífonos para escuchar algo juntos. Son cosas humanas. Una experiencia humana. Todos vivimos esas cosas.
Quería crear una película que hiciera sentir al público que esto es real: que nosotros también hemos vivido esas experiencias. Esa era la cualidad que buscaba. Creo que, por eso, me inspiré en la vida que me rodea y en algunos recuerdos.

La película se siente tan honesta, tan pura, porque incluso si no sabes que tu has vivido esas experiencias, la película irradia una honestidad tal que casi parece real. Es como un documental sobre la vida de un hombre. Te transporta a ese mundo de inmediato. Y todo cobra sentido.
Mientras hacía la película, también les decía a mi equipo —o cuando la presentaba en los mercados de cine o en los talleres de guion— que quería retratar la vida en el cine. La vida en la pantalla. No quiero hacer una película típica de las que se ven en el cine. Quiero que cuando la gente la vea, sienta que no está viendo una película, sino la vida de alguien.
Ese siempre fue el objetivo, porque una película como esta, que no tiene música de fondo, que es tan sencilla tenía que sentirse real. De lo contrario, no habría logrado el impacto que buscaba.
Me gustó que hablaras del proceso de escritura del guion, porque estaba viendo uno de tus cortometrajes, de hace casi 10 años. En el hay una escena con una imagen, quizás inspirada en ti, de un hombre escribiendo un guion con post-it en la pared…
Viste «Khidkee» (2017), el cortometraje en blanco y negro.

Sí. Luego vi tu siguiente cortometraje, «U for Usha» (2019), que me encantó. Vi, por supuesto, algunas conexiones en las ideas, y en ese amor queer entre dos mujeres de un pueblo. Una es más instruida, mientras que la otra trabaja la tierra. ¿Qué aprendiste en esos cortometrajes que te ayudó a hacer un largometraje después?
De hecho, en 2013 escribí mi primer largometraje, porque ese año uno de mis cortometrajes fue a un festival internacional de cine por primera vez. Y gané el premio al cineasta emergente. Después de ese festival, todo el mundo empezó a decirme: «Tienes que hacer un largometraje». Escribí uno. Pero no pasó nada con él. Fue entonces cuando se me ocurrió la idea para otro cortometraje. Lo hice. Y, de nuevo, ese cortometraje dio la vuelta al mundo, gracias a lo cual pude viajar fuera de la India por primera vez. Después, escribí un largometraje. Pero, otra vez, no conseguí financiación. Entonces hice Khidkee, que ya viste.
Llevo haciendo cortometrajes desde 2007. No estudié cine, estudié diseño de interiores y trabajaba como tal.
En 2007, empecé a grabar vídeos con el teléfono. Y, al hacerlos, fui aprendiendo el oficio.
De 2007 a 2013, tardé todo ese tiempo en presentar mis cortometrajes en un festival. Incluso después, seguí haciendo películas, porque creo que se aprende cine haciéndolo. Y en aquellos primeros tiempos, en 2007, no tenía dinero para ir a una escuela de cine. Así que no había otra forma de aprender el oficio.
Por eso, y por ser queer, me hice amigo de algunos actores que no habían salido del closet. Empezaron a guiarme y a recomendarme películas. «Deberías ver esta película, aquella otra…», y así fue como descubrí algunas obras maestras de todo el mundo. Fue de gran ayuda. Al hacer cortometrajes, estaba aprendiendo un oficio. Me ayudaron a perfeccionar mi técnica. Con cada película podía ser mejor cineasta, mejor narrador.
Me ayudaron a llegar al punto en que pude hacer Cactus Pears. Gente como mis productores podían confiar en mí: «Ok, puedes hacer esta película». Podían depositar todo su dinero y su fe en esta película —y en mí— para dejarme hacer lo que quisiera.
Los cortometrajes son una forma de demostrarle a la gente que puedes hacer cine. El cortometraje se convierte en esa prueba.
Y con el cortometraje también puedes experimentar, ¿verdad?. Diferentes ideas o diferentes estilos.

Claro, eso es lo que haces con los cortometrajes. Es como si estuvieras creando tu propia escuela de cine, ¿no?
Sí, porque a menos que te enfrentes a los desafíos de hacer cine… puedes sentarte en una clase y aprender sobre cine, pero hasta que no te enfrentes a los desafíos de hacer películas, o encuentres soluciones para esos desafíos, no sabrás realmente cómo hacer las cosas. Porque, para ser honesto, solo por haber aprendido cine, no te conviertes en un buen cineasta. Hay muchos estudiantes que van a una escuela de cine, pero no todos se convierten en buenos cineastas.
De manera similar, cuando estudiaba diseño de interiores, había muchos estudiantes en mi clase, pero no todos los que estudiaron diseño de interiores se convirtieron en buenos diseñadores de interiores. Porque a veces siento que al menos necesitas tener cierto sentido artístico o lo que sea necesario que tu arte requiera. Necesitas tener ese sentido básico. Sin esto, nunca podrás hacer nada. Yo tenía cierto sentido de la composición porque se me daba bien dibujar. Me encantaba la fotografía, aunque no me dedicaba a ella. Pero siempre que veía una buena foto, me gustaba mucho. Me gusta mucho también contemplar buenas pinturas.
Hay que tener cierta sensibilidad hacia ese medio, como en este caso, las imágenes o el sonido. Cuando vi «Jurassic Park» (1993), tenía unos seis o siete años, y por primera vez experimenté el sonido envolvente en el cine, me fascinó. ¿Cómo era posible? ¿Cómo funcionaba esta tecnología? Hay que tener esa curiosidad activa. No basta con aprender la teoría. Hay que tener esa sensibilidad. Con esa sensibilidad se crece.
Quería ver películas, me había hecho socio de una videoteca en Bombay. Así conseguía un DVD original cada día. Veía una película al día. Después, me hice socio de otra compañía y conseguía dos DVD al día. Veía dos películas cada noche. Lo primero que veía en esas películas era el material extra: el cómo se hizo, las entrevistas con los guionistas o directores, o el detrás de cámaras del rodaje. Quería saber cómo lo hacían. ¿Hablaba el director de fotografía de la cámara? ¿De los lentes? ¿Cómo ciertos objetivos daban una sensación diferente? Siempre me intrigaron esas cosas. ¿Por qué la imagen de esta película se ve diferente a la de aquella?. Eso me ayudó a entender las cosas.
Así que ahora, cuando hago películas, me preparo a conciencia. Con esta película quería rodar en celuloide, pero no pude porque no teníamos mucho presupuesto. Le dije a mi director de fotografía, Vikas Urs:
ROHAN No me gusta el aspecto de los lentes modernos, ese aspecto ultra nítido. ¿Qué podemos hacer? VIKAS Podemos usar lentes antiguos. ROHAN ¿Podemos? No se si nuestro presupuesto lo permitirá. VIKAS Sí, lo negociaremos.

Fue entonces cuando encontré los objetivos rusos vintage Lomo Illumina Mark II (2000-2017). Investigué sobre ellos, hicimos algunas pruebas de rodaje y me encantó el resultado.
De igual forma, con el sonido de esta película, siempre quise usar sonido envolvente de 360 grados para sumergir al público en el espacio, porque la tecnología Dolby Atmos ahora te da la oportunidad de crear un mundo que está más allá del rectángulo que vemos.
Con el sonido, puedes crear ese mundo que existe fuera del encuadre.
Así que, al escribir el guion, incorporé esas ideas. Esto también ayudó a mis diseñadores de sonido a comprender qué tipo de paisaje sonoro quería crear. Luego pudieron tomar esas ideas y plasmarlas. Creo que se necesita esa sensibilidad, o al menos curiosidad, para hacer eso. Así puedes ser bueno en lo que haces.
Sí, absolutamente. Cuando te apasiona el cine… Yo hice lo mismo. Ves el detrás de cámaras. Quieres saberlo todo porque el cine ofrece una doble experiencia. Hay cierta emoción que el cineasta te ha transmitido en esta película, pero también hay un aspecto técnico detrás. Hablabas de Jurassic Park, por ejemplo, algo que te intrigaba de niño. Luego, al crecer, te preguntas: ¿Cómo hizo Spielberg esta toma? ¿Cómo la encuadró? ¿Por qué dura tanto?.
Quería hablar de la cámara en tu película. Tienes tomas muy largas, sin cortes, que a veces duran cinco minutos o más, donde los actores están sentados en el suelo hablando. ¿Cuándo se te ocurrió esta forma de contar la historia? ¿Este ritmo lento, como dijiste, que te permite ver el mundo de esta forma?
Cuando lloraba la muerte de mi padre en mi pueblo, mi madre y yo nos pasábamos el día en casa. A veces nos sentábamos afuera, tal vez sin hablar, simplemente sentados. Quería plasmar esa sensación de estar viendo a estos dos personajes desde una perspectiva externa. Si alguien está conversando, como en este caso, madre e hijo, y estás sentado cerca, simplemente te quedarías ahí, observándolos y escuchándolos. Quería capturar esa sensación de presenciar el momento. Por eso, estas tomas largas se sienten tan reales, precisamente porque no hay edición.
Hay silencios y pausas que te dan la sensación de estar observando a alguien. Además, sabía que las tomas largas supondrían un gran reto para los actores. Tenían que estar totalmente presentes en la escena, ya que no hay cortes ni edición que puedan salvar su interpretación. No hay música de fondo que intensifique sus emociones. Tenían que actuar en ese preciso instante. Lograr esa sensación a través de estas tomas largas también fue un gran desafío para mí. Tuve que escribirlas así. Conté con actores excelentes que pudieron interpretarlas a la perfección. En algunas secuencias, sí se aprecian cortes y cambios de plano.
Cuando Anand llega a su casa con Balya al final, saca el marco de la foto y empieza a llorar, Balya se sienta a su lado. Es una toma larga. Pero la quería así precisamente, para que el espectador sintiera que estaba viendo a estas personas de verdad. Las tomas largas también pueden tratar sobre el movimiento de la cámara. Ese no era el objetivo aquí.

Me encanta la escena en la que Anand recibe un abrazo de su madre después de una larga conversación. Es muy bonita porque su madre lo entiende y conoce muy muy bien. Es un momento muy dulce y tierno. Como dijiste, transmite esta emoción sin cortes.
Hablaste de tragedia, de algunas películas muy tristes. Quizás haya una tendencia en algunas películas sobre el amor homosexual donde siempre hay una tragedia desgarradora al final de la historia. Creo que evitaste esa trampa porque querías algo más auténtico. Algo que se sintiera un poco más honesto. ¿Hubo otras cosas que quisiste evitar durante el proceso de escritura del guion y el rodaje?
Quería que la película terminara con una nota optimista, tampoco con un «y vivieron felices para siempre», porque en esta película no se sabe si vivirán juntos mucho tiempo. Pero al menos han dado un paso para explorar más y darle una oportunidad al vínculo que se ha desarrollado entre ellos. A veces pienso que las personas queer —por lo que he visto— tienen miedo a las relaciones. No sé por qué, las razones de cada uno son diferentes. Pero la mayoría no encuentra pareja y, a veces, incluso si la encuentran, la relación no dura mucho. Así que la gente tiene miedo, pero al menos estos dos chicos están dando ese paso para explorar. Por eso quería terminar con esa nota optimista.
También decidí que esta película no va a tratar sobre salir del closet. En esta película, salir del closet ocurrió en el pasado, no ahora. Lo que sucede después de salir del closet, la mayoría de las veces, es que tus padres no saben cómo afrontarlo.Los familiares no paran de preguntarles, y luego no saben cómo reaccionar. Algunos padres se involucran en la vida de sus hijos; si tienen pareja, también se involucran. Tratan a la pareja como a un miembro más de la familia. Estas cosas pasan después de que uno sale del closet, si sus padres lo han aceptado.
Quería usar mi propia experiencia en la película de alguna manera. Mi padre era conductor, mi madre es analfabeta. Quería usar esas experiencias y no una familia de élite. Quería mostrar que para aceptar a tus hijos no necesitas tener una educación superior ni ser rico ni nada por el estilo. Cuando les conté a mis padres que era gay, me aceptaron de inmediato. Mi padre, cuando se lo dije, en un minuto me dijo: «Sabes quién eres, eso es lo más importante, así que no hay necesidad de casarse con ninguna mujer».

¿Por qué sucedió esto? Me di cuenta de que fue porque mi padre amaba a su hijo y ese amor fue suficiente para aceptarlo tal como era y para que fuera feliz. Tenía que aceptarlo, así de simple. Pero la mayoría de las veces las películas no muestran eso.
Solo muestran el drama de la aceptación, donde los padres no aceptan, y sucede, pero no siempre es así. Como en mi caso. Es tan simple como eso: si hay amor, eso es suficiente para que los padres acepten a sus hijos. Después de que salí del armario, mis padres no tuvieron que leer libros sobre homosexualidad para entender qué es. Creo que a veces complicamos estas cosas a través de las películas. Sé que para algunas personas hay muchas dificultades, sus padres no los aceptan, etc., pero también existe la otra cara de la moneda, donde algunas personas encuentran aceptación por parte de sus padres. ¿Y cuándo vamos a hablar de esas historias?. No hablamos de esas historias. Todo el tiempo hablamos de las dificultades y la homofobia, pero ¿cuándo empezaremos a mostrar la otra cara? Ahí es cuando empezaremos a cambiar la conversación al respecto. La gente dice: «Oh, tenemos que cambiar la forma en que se cuentan las historias queer», pero ¿cómo se hace eso?.
No hace falta ser educado ni rico, solo ser buena persona, por naturaleza o por corazón. Tengo amigos de familias adineradas, con padres muy instruidos, pero nunca los aceptaron. Sus padres, con su gran nivel educativo, podrían haber usado su capacidad de razonamiento para comprender las cosas sencillas, pero no lo hicieron, y eso fue lo que comprendí. Solo hay que ser buena persona y que haya amor. No quería recurrir a los clichés típicos de las historias de salida del closet; no quería mostrar a los protagonistas, Balya y Anand, como si no tuvieran ni idea de lo que les está pasando, de por qué sienten atracción por personas del mismo sexo o cosas así. Lo saben, se sienten cómodos con ello y así es como quieren vivir su vida; es lo que intentan comprender. Ahora bien, ¿cómo podemos ser fieles a nosotros mismos?.
La mayoría de las películas muestran que en los pueblos la gente no sabe nada, o los chicos no saben nada, o están confundidos. No quería mostrarles eso porque sé que en los pueblos la gente ya usa Grindr y se relaciona con otros chicos. Conocí a algunos chicos que vienen de pueblos muy pequeños y familias muy pobres, pero incluso sus familias aceptaron su sexualidad, así que quería mostrar que incluso en los pueblos la gente sabe sobre sexualidad o sobre la atracción entre personas del mismo sexo.


Creo que en otras películas, sobre todo las que tratan sobre el amor, incluso las que tratan sobre el amor heterosexual, a veces tienen demasiados personajes secundarios, demasiados antagonistas. En tu película, creo que el antagonista es el miedo; se trata del compromiso… ¿quiero una relación romántica? No se trata de sexo, sino de algo más profundo entre Balya y Anand. La forma en que describiste a esos padres expresa lo que acabas de decir: que algunos padres pueden ser más comprensivos, mientras que para Balya es más difícil. No quiero quitarte más tiempo, así que me gustaría que…
— Una pequeña cosa que quería añadir
¿Sí?
Tampoco quería contratar actores demasiado guapos y con físico muy masculino, porque eso es lo que vemos siempre en las películas queer. Yo dije que no: las personas queer son simplemente seres humanos normales y quiero contratar actores que parezcan personas normales, no, ya sabes…
…Modelos
Esa fue otra cosa que decidí que no sucedería en mi película.
Sería una desconexión total ver a un, no sé, Henry Cavill caminando por el pueblo… sería como… ¿qué está pasando?

Para terminar, ¿qué películas han tenido un impacto en tu vida? ¿Películas que te hicieron decidirte a ser cineasta? ¿De tu infancia o películas más recientes?
Para ser honesto, no fueron las películas lo que me atrajo al cine, sino los equipos. Mi primer amor fue el proyector. Quería saber cómo funcionaba esa máquina, me parecía mágica. Quería saber cómo la cámara capturaba todas esas cosas. Esos aparatos fueron mi primer amor y, al crecer, en mis últimos días de escuela, fue cuando empecé a interesarme por la narración y fue cuando empecé a comprender mejor las historias.
Sigo fascinado con los equipos, por eso investigo constantemente sobre cámaras, lentes y proyectores. Esas fueron las primeras cosas que me inspiraron. En cuanto a las películas, he visto muchas; ni siquiera puedo decir cuál es la mejor. Cada cineasta hace un tipo de película diferente, y lo que me encanta de ellas es saber que solo ellos podían hacerlas porque aportaban sus propias experiencias de vida, su perspectiva a la historia. Por eso son tan diferentes y pueden expandir los límites de la narrativa.
Eso me inspira. Por eso sigo viendo películas de todo tipo. Cualquier buena película que te inspire me parece genial. He visto películas de todo el mundo. Todas las buenas películas me han inspirado y me siguen inspirando, porque cuando uno se siente desanimado, cuando se tienen dudas… ahora estoy intentando escribir mi próximo guion y, ya sabes… ves algo bueno que te inspira y dices: ¡Tengo que hacerlo, tengo que hacerlo!.

