[ por: Andrés Daly ]

Cuatro amigos no necesitan de un DeLorean para viajar en el tiempo, 25 años en el pasado al fosforescente 1986, para vivir por segunda vez un fin de semana que resultó, con el tiempo, ser clave en sus vidas. Adam (John Cusack, ícono ochentero por derecho propio), Nick (Craig Robinson), Lou (Rob Corddry, vulgarmente destacable) y Jacob (Clark Duke), el sobrino de Adam, son cuatro fracasados en distintos aspectos de sus actuales vidas en el año 2010, pero que tienen una segunda oportunidad para cambiar sus destinos en «Kodiak Valley», un centro de ski caído en desgracia, pero que estuvo en fiesta permanente en los 80’s.

Con uno de los títulos más literales, divertidos y un tanto estúpidos de la historia del cine, y el delirante  guión de Josh Heald, Sean Anders y John Morris, esta buena comedia de Steve Pink es un festín en torno a la cultura pop de los ochenta. Las referencias a los íconos musicales, televisivos y cinematográficos de la época abundan, de estos últimos películas como «Karate Kid» (1984) y «Volver al Futuro» (1985). Crispin Glover (George McFly en «Volver al Futuro») está incluído en el elenco como un amargado, psicótico y manco botones de hotel en el 2010, pero que está constantemente feliz y apunto de perder su brazo en el pasado -como el destino supone-  en una de las mejores y más recurrentes bromas en toda la película, a través de una serie de divertidos y posibles accidentes.

Después de los créditos, la introducción a los protagonistas. Uno de ellos tiene un trabajo poco auspicioso: remover excremento de perro.

Road trip nostálgico: Kodiak Valley.

Crispin Glover, el botones amargado, manco y psicótico en el año 2010.

Fiesta en el espacio/tiempo.

Bienvenidos a los 80′, cuidado con las retinas.

Aparte de la referencia a McFly y compañía, Poison, Mötley Crüe y Chevy Chase (como el clásico angel misterioso que habla en forma críptica a los viajeros) tienen una aparición en este fin de semana donde estos amigos disfuncionales se mueven entre la nieve, el alcohol, las drogas, grandes cabelleras, apuestas enfermizas, desagradables encuentros sexuales, bromas casi homofóbicas y algunos descubrimientos importantes; tanto como para que algunos de ellos tengan pesadillas de por vida.

Me reí de principio a fin con esta película que asume astutamente no tomarse muy en serio, y por supuesto, menos que nada al viaje en el tiempo y las paradojas temporales. Esto queda establecido desde los primeros minutos, con una de las miradas a cámara más explícitas posibles, que hasta incluye el título de la película en su diálogo. Un entretenido viaje simplemente para pasar un buen rato, con un final que mas bien parece una parodia un tanto descarnada y capitalista a los sueños de un Marty McFly que soñaba, allá por 1985, con tener una camioneta nueva.

¿Por qué nos mira?

Chevy Chase, resucitado.

¿Será el fin del brazo? una broma tan cruel como notable.

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