Una película al día #31: “La frontera” (1991)

[ por: Andrés Daly ]

Dueña del título popular «a la mejor película chilena», durante más de dos décadas, “La Frontera”, es una película que aún sigue siendo atípica en la filmografía nacional. Cruzada por un realismo mágico, que se desborda de a poco; entre la niebla y las aguas de un lejano paraje sureño de Chile, nuestro protagonista, el profesor Ramiro Orellana, es llevado a una “detención” en lo que parece ser el fin del mundo.

Father Patricio: Nuestro hermano es el profesor…Emilio…Ram….

Ramiro: Ramiro…

Father Patricio: Ramiro “Orellano” y ha sido relegado a nuestra comunidad y vive en casa de Dios. Quizás él es terrorista.

(Maite toca el órgano de forma macabra)

Ramiro: ¿Pero padre, que está diciendo?

Father Patricio: No chiste Maite.

Ramiro: Yo no soy terrorista.

Exiliado en su propio país, Ramiro nos lleva consigo; para compartir con un grupo de personajes diversos en el pueblo donde se ve obligado a permanecer: dos supuestas autoridades que rayan en el absurdo y lo obligan a firmar papeles, una machi automovilista, un cura norteamericano, un grupo de hombres, casi permanentemente ebrios, que bailan entre ellos en un bar; un buzo que busca el hueco misterioso que comunica dos océanos,  una mujer que vive con su anciano padre que busca viajara su tierra natal desde su mente.

 

 

 

 

 

 

¿Y pa’ onde se fue toda esa cantidad de agua?…Tiene que haber un hueco ¿no le parece?, osea, dos mares conectados por un hueco, ¿me entiende?…convénzase caballero, no hay otra salida. Debajo del fondo del mar hay otro mar, y tiene que haber un hueco que comunique ambos mares.

 

Patricio Contreras, Gloria Laso, Héctor Noguera, Patricio Bunster, Aldo Bernales, Alonso Venegas y Sergio Schmied son parte de uno de los mejores castings que he visto en una película nacional. “La frontera”, a falta de palabras para describir una película precisa, enlazada indisolublemente a una geografía –atmosférica- que no hace más que sumar a una buena historia , para representar así, sin excesos, siutiquerías ni quiebres inecesarios, un momento histórico de la sociedad chilena. Original, emocionante.

Recuerdo todo, lo único que no recuerdo es el dolor. No he podido conservarlo.