Antonioni en Noir

Crónica de un Amor

[ por: Sergio Ortega

No es una buena idea meter las narices en los secretos de los otros, menos en los de una mujer. Esto debería haberlo sabido Enrico Fontana, empresario, al comenzar a indagar en el pasado de su joven esposa. En muy poco tiempo, el afán del pobre Enrico lo hará terminar no sólo cornudo, sino que también como la potencial víctima de un asesinato..

Este es el principio del argumento de “Cronaca di un Amore”(1950), el excelente debut cinematográfico de Michelangelo Antonioni. Una película anticipatoria del estilo que lo hizo internacionalmente famoso en la década de los 60’s y al mismo tiempo muy distinta en su argumento y sus referentes al resto de su filmografía.

Para el momento de iniciarse la producción, Antonioni no era un desconocido en el círculo cinematográfico italiano. Había rodado varios documentales de interés, entre ellos “Gente del Po” (1943-47) que narraba la vida de los miserables habitantes del caudaloso río que bordea la ciudad de Ferrara y “N.U.” (1948) un estudio acerca de los barrenderos y recolectores de basura de Roma. Con estos antecedentes se esperaba que su debut abrazara el neorrealismo ortodoxo a lo Rossellini o DeSica.

Sin embargo sorprendió con un film ambientado en la clase social acomodada, que cuenta una historia de intriga y crimen cercana al cine noir americano, y que tenía por principal inspiración estilística películas como «Double Indemnity (Wilder,1944)» o «The Killers» (Siodmak, 1946).

 

Gracias a su matrimonio Paola lo tiene todo… Joyas, pieles y automóviles ultimo modelo

De hecho Antonioni quería que Gene Tierney, una de las reinas del género negro desde “Laura” (Preminger, 1944) interpretase a Paola Fontana, la protagonista. Como su pretensión era económicamente imposible, aceptó, por consejo de Luchino Visconti, a Lucía Bosé [1], que contaba apenas 19 años en la época y había sido la reciente ganadora del concurso de Miss Italia, batiendo a rivales del calibre de Gina Lollobrigida y Silvana Mangano.

Junto a ella, en el papel de Guido, el galán en boga de aquella época; Massimo Girotti, que curiosamente repite el papel de “el otro” que ya había interpretado en “Ossessione” de Visconti. Completa el elenco el modisto Ferdinando Sarmi, autor de los aparatosos atuendos de la Bosé (uno para cada escena) y contratado para el rol de Enrico Fontana precisamente para asegurarse de contar con sus creaciones en el film.

Ex-combatiente en la guerra, hoy Guido es un pobre diablo

La historia inicia cuando una agencia investigativa recibe la petición de un rico industrial de averiguar sobre el pasado de su esposa. Todo lo que sabe el marido es que Paola llegó a Milán proveniente de Ferrara, el mismo año en que la convirtió en su mujer.

El investigador llega a Ferrara y comienza a buscar información en los lugares que frecuentaba Paola, la escuela primero que todo. Allí se entera que, además de muchos pretendientes, Paola tenía dos amigas de su edad, una de las cuales; Giovanna, había fallecido en trágicas circunstancias. Va entonces a casa de la otra amiga; Matilde, que lo recibe fríamente y se muestra reacia a colaborar. Cuando el hombre sale, Matilde escribe rápidamente una carta dirigida a Guido, el novio de la fallecida Giovanna, para ponerle en alerta de que un sujeto sospechoso ha llegado haciendo preguntas.

A su vez Guido viaja a Milán para dar aviso a Paola. Involuntariamente -y esta es la paradoja que me encanta del film- el marido ha provocado la reaparición de Guido en la vida de su mujer. Es en este momento en que el espectador descubre que ambos habían sido amantes y que comparten un secreto: Giovanna falleció cayendo al vacío en un accidente de ascensor, accidente en que ambos estuvieron presentes y que ninguno de los dos intentó impedir.

 

La pasión de antaño no tarda en resurgir

Es la primera vez que se reencuentran en siete años y la situación en que cada cual se haya no puede ser más distinta. Guido es un perdedor, un mediocre vendedor de autos que ha gastado las pocas liras que le quedan en su viaje a Milán. Paola en cambio se ha sofisticado, y lleva una activa vida social que incluye visitas a clubes y desfiles de moda. Sin embargo ya sufre ese indefinible mal que en el futuro atormentará a los personajes de Monica Vitti en la llamada trilogía de la Incomunicación[2]: la abulia, la insatisfacción, el vacío existencial..

Guido no tiene nada, pero ella ve en este hombre un instrumento perfecto para escapar, así que rápidamente retoman la relación que habían interrumpido por la culpa que sentían por la muerte de Giovanna. Ambos se convencen que el sujeto que les sigue es de la policía; pero seguros de que no podrán inculparlos de nada continúan viéndose regularmente.

Para ello Paola se asegura de proporcionarle algún negocio a su amante para que pueda permanecer en la ciudad, por lo que convence a Enrico de la compra de un Maserati por intermedio de Guido, con la excusa de un regalo de cumpleaños. Pero la venta no llega a buen puerto y Paola empieza a darse cuenta de la ineptitud de Guido para los negocios.

De nuevo juntos…y de nuevo hay un tercero que interfiere

Entre tanto el investigador sigue en Ferrara, donde se entera de las circunstancias de la muerte de Giovanna. Ya no solo sospecha un asesinato, sino que comienza a sospechar de la naturaleza de la relación entre Paola y Guido. Sin embargo, no tiene nada concreto con que acusar a la Signora Fontana.

Seguro entonces de la fidelidad de su esposa, Enrico confiesa a Paola que ha había solicitado una investigación sobre su pasado. Como no han encontrado nada pedirá que se cierre el trabajo. El fastidio que le provoca su marido se convierte en odio.. Alarmada, acude al encuentro cotidiano con Guido para contarle de la investigación y para planear lo que parece indispensable para asegurar su felicidad juntos: matar a Fontana y heredar su fortuna. Ella no está dispuesta a renunciar a su nuevo y brillante estilo de vida en Milán para volver a las tinieblas de la vida de provincia junto a Guido.

 

”Que bello sería si él no estuviera más”…

Hasta aquí es suficiente llegar con los hechos de la película. Basta adelantar con que las cosas no ocurrirán como Paola y su amante tenían planeado. La escena en que los protagonistas se encuentran en un puente para estudiar la emboscada que dará muerte a Enrico es una muestra de la temprana “bravura” de Antonioni. Un estupendo plano secuencia en 360° que requirió una estudiada planificación. De hecho, toda la película se decanta por las secuencias largas, conteniendo sólo 160 planos, sólo ¼ del promedio de una película estadounidense de la época.

 

Pero no es sólo en el aspecto técnico dónde este film es notable, también en el trasfondo de los personajes, más movidos por el dinero que por el “amor” al que alude el título. Las tensiones que genera el dinero en la pareja de protagonistas parece un reflejo del conflicto entre los derrotados y los que se han enriquecido con el milagro económico de la posguerra italiana. Paola representa la idea de una sociedad que se reconstruye sobre valores negativos, el arribismo principalmente.

No es casual la insistencia, a lo largo del film, de las escenas en que la Bosé hace alarde de su riqueza, de manera insultante. Vestidos que compra a precios –suponemos para la época- exorbitantes, y que nunca usará, joyas que pierde sin remordimiento alguno, automóviles que no tiene la intención de conducir…

Sin embargo Guido no ofrece un contraste positivo. Como la mayoría de los futuros protagonistas masculinos del cine de Antonioni es indeciso, pusilánime, voluble, siempre con las ideas menos claras que su contraparte femenina. Es la mujer quien mueve acá los hilos de la intriga ( y los del poder económico).

 

“Giovanna nos separó en la vida y en la muerte… no somos felices y nunca lo seremos”.

Finalmente, me parece que “Crónica de un Amor” es un estupendo primer film para aquellos que se interesen en conocer la filmografía de Antonioni. A partir de “El Grito” (1957) y sobre todo desde “L’Avventura” (1960) el cineasta experimentará con una progresiva destrucción de la trama, eliminando la relación causa-efecto en la acción, hasta reducir el argumento al mínimo, como un elemento espacial y temporal más. No por nada se ha ganado su fama de cineasta poco amigable para el público general.

Sin embargo con este debut escribe una historia que mantiene siempre el interés gracias a su trama detectivesca, a la vez que es narrada con el mismo talento y los mismos recursos formales que le harán ganar su merecida reputación mundial.

 

 

 


[1] Posteriormente se casaría con el torero Luis Miguel Dominguín, afincándose en España. Hoy es matriarca de una familia de artistas, entre los que destaca su hijo; el cantante Miguel Bosé.

[2] Se trata de “L’Avventura”(1960), “La Notte”(1961) y “L’Eclisse”(1962)  y a las cuales frecuentemente se suma “Deserto Rosso” (1964)

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