«Basado en una historia real»

[ por: Andrés Daly ]

Siguiendo por fin con UPAD –estoy tan atrasado con los escritos que desde hoy deberé colocar dos diarios por un tiempo- y a dos números de las ¡100 películas!, no puedo evitar mencionar este pretencioso desastre dirigido por Bernard Rose (Candyman, Mr. Nice) y protagonizado por el gran Gary Oldman, o “El Hombre de las mil caras”, como lo nombramos en un capítulo reciente de El mundo sin Brando. Aunque Oldman hace lo que puede para sobrellevar la pesada carga del rol biográfico –otro más en su carrera- de un hombre aún más grande que él, no se puede construir un film sólo con buenas intenciones… pero como siempre, me adelanto.

La vida de Ludwig van Beethoven (Gary Oldman), genio que no necesita presentación – que como Charles Chaplin, independiente que alguien no haya visto nunca una de sus películas, su nombre es masiva e inmediatamente reconocido y asociado a un arte específico, en cualquier lugar del mundo – en este cine de época con más cara de televisión que de cine, es vista a través de un prisma particular: la de una carta (basada en la realidad) donde Beethoven, al final de sus días, se refirió a una importante aunque misteriosa mujer que amó en su pasado. Esta mujer se convierte en la heredera de su legado. Los lobos La familia de Ludwig, mientras su cuerpo es enterrado y aún no ha perdido su calor, ya se reparten sus pertenencias y se oponen a la simple idea de la existencia de esta mujer.

Espiando su sordera

Muerte estruendosa

La película comienza con una infame escena con Oldman en un maquillaje del más puro Cine B (se ve como un hombre de 200 años con piel de pescado), iluminado por relámpagos al son de un famoso acorde (ta-ra-ra- RAN!… ta-ra-ra- RAN!. ¿ud. ya adivinó?) que anuncia, claro, la muerte apoteósica del genio. Así mueren ellos, con manifestaciones atmosféricas.

El antiguo asesor de Beethoven, Anton Felix Schindler (Jeroen Krabbé, que originalmente protagonizaría la película) se convierte voluntariamente en el anfitrión de la búsqueda de la mujer misteriosa, en una estructura de whodunit donde la amante reemplaza al asesino, y los raccontos aparecen una y otra vez, mostrándonos fragmentos de la vida del desaparecido, atormentado –como todos los genios en el cine al menos- y muy poco querido Ludwig.

Ludwig, de mal en peor.

En un montaje pasamos de una violación…

…a una imagen fálica. Ah, la sutileza.

Inspiración esporádica

Una película para ver sólo por Gary Oldman –como fue mi caso- o bien, para subir el volumen y disfrutar de la música, en los momentos donde la película decide olvidar su estética de telenovela, las exageraciones pseudo artísticas (como el montaje en que el personaje de Valeria Golino es violada por el ejército de Napoléon mientras, al mismo tiempo, el personaje de Isabella Rosellini es bombardeada casi mágicamente en su palacio) y los abominables personajes secundarios de caricatura.

Es increíble como una música tan brillante no parece ser capaz, con la sola excepción de una escena en una laguna llena de estrellas, de inspirar algo medianamente bien realizado. Con ese “soundtrack” asegurado…solo faltaba tener un poco de criterio ¿o no?.

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