Chiara Sbarigia: detrás del telón del cine italiano

Last updated:

Hablar de cine italiano suele evocar de inmediato nombres como Fellini, Visconti o Rossellini, junto con el mito de Cinecittà y las imágenes inolvidables del Neorrealismo. Un legado que impresiona desde fuera, pero que durante décadas convivió con inercias institucionales, un salto digital a medias y la tensión constante entre tradición y modernidad. Para entender por qué el sector ha ganado visibilidad internacional en los últimos años, hay que mirar detrás del escenario. Ahí surge una figura clave: Chiara Sbarigia.

Formada en literatura por La Sapienza, Sbarigia ingresó en 1994 en la entonces APT (hoy APA: Associazione Produttori Audiovisivi). Durante tres décadas, profesionalizó estructuras, tejió redes y consolidó la relación entre productores y política. Fue directora general durante veinte años y desde 2023 ejerce como presidenta. Pero su trabajo no se limitó a la gestión: supo cruzar estrategia económica con sensibilidad cultural, moldeando la narrativa de lo que puede ser el audiovisual italiano en el siglo XXI.

Su nombramiento en 2021 como presidenta de Cinecittà S.p.A. fue mucho más que un relevo administrativo. La institución combina mito e infraestructura, memoria y desafío. Bajo su liderazgo, Cinecittà dejó de mirarse al pasado: se internacionalizó, reforzó la preservación del patrimonio y abrió espacio a la producción seriada. Sbarigia asumió ese doble papel, custodia de la tradición e impulsora de la transformación, sin caer en la lógica del «todo o nada».

El 30 de junio de 2025 dejó el cargo, pero no para retirarse. Su energía se centra ahora en la Fundación Maximo, concebida como plataforma de futuro. El Premio Maximo, vinculado al Italian Global Series Festival de Riccione, nace como contrapunto al histórico David di Donatello. Mientras el David celebra al cine, el Maximo da a las series el peso simbólico e industrial que hoy merecen. Para Sbarigia, un premio no es solo un galardón: es un instrumento de política cultural. Visibilizar las series transforma también la realidad productiva.

Su enfoque de internacionalización no consiste en diluir lo local, sino en amplificarlo. Títulos como L’amica genialeCommissario MontalbanoI Medici o la nueva Sandokan (2025) demuestran que la autenticidad local es la mejor carta de exportación. «La autenticidad es la verdadera moneda del mercado internacional», afirma. Por eso impulsa colaboraciones con showrunners y coproductores extranjeros: sumar alcance sin perder identidad propia.

Otra prioridad ha sido abrir camino a los jóvenes. Con el Ministerio de Cultura lanzó el programa Youth Ambassadors, que lleva a cineastas emergentes a Berlín, Cannes o Venecia. No se trata solo de establecer contactos, sino de crear diálogo cultural y renovar alianzas europeas. Incluso en debates sobre inteligencia artificial se mantiene alejada de los extremos: ni entusiasmo ciego ni rechazo apocalíptico, sino la pregunta constante de cómo usarla para ampliar, no reemplazar, la creatividad humana.

Lo que distingue a Sbarigia es su discreción. Rechaza el protagonismo, pero deja huella: piensa más como estratega cultural que como funcionaria. Donde otros ven amenaza, ella ve oportunidad. Propone traducir del pasado al presente, de lo nacional a lo europeo, de lo analógico a lo digital.