Yeguas del Kilimanjaro

Yeguas del Kilimanjaro de Rolando Martínez (Arica, 1979) es un libro inusual, si bien tiene una influencia Byroniana en ensalzar a las mujeres, la materia prima de Martínez se distancia con creces a la de Byron. Las mujeres admiradas por el poeta chileno son actrices del porno estadounidense que descollaron en el género a mediados de los ochenta. En este marco Martínez nos prepara para un viaje, no solo a parte de la vida de estas actrices, sino que también a un nostálgico merodeo sentimental con el pasado.

Así Martínez entrega poema a poema su personal elogio a estas porno stars y con ellas también a una época que rememora con bastante melancolía. El momento son los 80: “veo la fiel inspiración de tina turner/ la onomatopéyica voz de cindy lauper” (p9). Para mí el porno es sinónimo de soledad, la gente no ve porno en el zenit de su propia felicidad con otros. El porno es hecho para hombres y mujeres solitarios, y es interesante ya que es hecho -para gente solitaria- por esos mismos actores y actrices, que en su gran mayoría, viven -a su vez- una existencia solitaria, que se extrema generalmente en el momento de su muerte. La soledad que persiste a pesar de todos los dispositivos tecnológicos que nos invitan a la comunicación en internet y en redes sociales, es un marcado subproducto de esta era neoliberal.

Rolando Martínez Trabucco

Rolando Martínez Trabucco

El libro comienza por el porno, pero al poco andar, finalmente descubrimos que se trata de la vida misma y una mirada bastante trascendental del acontecer del ser humano: “ahí donde todo el fin del mundo devenía de la lucha con la fugacidad” (p21) dice un existencialista Martínez dentro del poema a la actriz Tracy Lord. Pero también se trata de la metaforizacion total del deseo: “la observo montarse en el macho / como quien hace un salto de potro” (p39) nos relata el poeta acerca de Stacey Donovan.

Existen otros intertextos dentro del poemario uno de los más evidentes es la oración del Ave María, en donde el poeta nos ofrece su propia versión de una de las oraciones más famosas del catolicismo: “kay parker / llena eres de lámparas / (…) bendita seas entre tantas felatrices” (p19) La oración está destinada a los hijos de Kay Parker, pero ella es la gran destinataria de esta lúbrica plegaria. El autor subvierte de esta manera que es lo divino y que es lo profano. Dejando claro que en su caso lo divino va atado a su propia memoria emotiva más que estar supeditado a un sistema de creencias de cualquier índole.

Dentro de cada una de los poemas de sus actrices favoritas, nos sorprende con frases que apuntan a otros espacios de profundidad: “cualquier remota insinuación de los días pasados / cabe en esta parte de la historia / donde la carne devora a la carne” (p30) reflexiona Martínez dentro del poema escrito para Kascha Papillon. El libro también tiene un aspecto visual en donde aparecen fotos de estas estrellas y algunos afiches de películas clásicas dentro del género como Garganta profunda. Situándonos en el imaginario fotográfico de la época.

El poeta entonces habla también de estas Yeguas del Kilimanjaro en el poema homónimo. Unas colosas del placer visual ochentero que treparon por falos montañosos eternos perpetuando en un instante su oscura existencia para la posteridad, el VHS y el recuerdo pastiche poético. No todo es placer, no todo es semen, no todo es sexo oral y ganas. Las yeguas del Kilimanjaro pagaron su precio por tal osadía: llegar a las cumbres del porno. La página final del poemario nos deja en un estado de desconcierto y tristeza considerable, es el obituario de este grupo de meretrices del celuloide: sobredosis de drogas, suicidios, brutales asesinatos en el ejercicio de la prostitución, SIDA, cáncer de cuello uterino, accidentes automovilísticos entre otras calamidades las azotaron, volviendo entonces este poemario un homenaje más necesario del que en un comienzo pensábamos.

Rolando Martínez: Yeguas del Kilimanjaro

Liga de la Justicia Ediciones, Santiago, 2015. 106 pp.

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