Una película al día #95: “La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina”

Borrando con el codo

[ por: Andrés Daly ]

¿Es una broma? Lo que parecía anteriormente un atisbo a la solidez del nuevo cine sueco, luego de “Let the Right one in” (2008, de Tomas Alfredson, el hermano –con más dedos para el piano- del director de este film)  y “La chica del tatuaje del dragon” (2009, Niels Arden Oplev), la pelicula anterior a esta secuela, con esta película se convierte en una sorpresiva decepción que establece además una pregunta crítica: ¿Por qué invertir -en el film anterior- en crear una gran protagonista femenina, para luego relegarla a acciones casi todas dignas de un personaje secundario?.

La dispersión y  la absurda fascinacion por los personajes desechables abundan en esta segunda parte que tiene por trama, básicamente, la búsqueda por la policía de Lisbeth Salander (Noomi Rapace), acusada de tres crímenes que no cometió, y la protección de ella por el periodista Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist), que intenta dar con los verdaderos culpabes. Esta vez, ambos se mantienen distantes por casi todo el largo del metraje.

Un muy buen afiche pero…

Salander & Blomkvist

A esta historia se suman las vidas de una seguidilla de personajes secundarios por los que realmente es imposible tratar de mantener un mínimo de interés. Porque con la interesante exposición de la primera parte y el conocimiento paulatino del pasado de Lisbeth, francamente,  ¿a quién le pueden importar largas escenas con el staff de  la revista Millenium (la directora es particularmente inecesaria), del cual dos de sus periodistas –que conocimos escasamente- fueron asesinados al inicio del filme; ¿o los predicamente del gorila albino?, un psicópata indoloro que intenta matar a la ex novia de Salander, otro personaje gratuito en la lista. Sin duda, el personaje más irrelevante de todos es el de un boxeador que lucha por salvar a la ex novia de Salander, en una secuencia tan larga y absurda como vista mil veces vista.

¿Todo esto a quién le importa?. Material de relleno, donde la falta de claridad es tan abismante, que incluso hay una secuencia de diálogo entre dos policías afuera del vacío departamento de la protagonista Lisbeth (¿pero quiénes son?) donde discuten sobre si es necesario o no, llevar tanta fuerza policial para capturar a una delgada hacker de veintitantos años.

Maquillando una escena

Sin embargo, mientras la película de Daniel Alfredson pierde el tiempo y mantiene a ambos protagonistas del filme anterior divagando de forma fragmentada y aislada entre escenas dedicadas a los secundarios, no tiene ningún problema en despachar rápidamente a uno que sí era relevante: el ex –y pervertido- custodio de la joven hacker.

Olvidando el suspenso para convertirnos en meros espectadores de acciones, la película llega finalmente a un encuentro familiar tan esperado como resuelto de la forma mas primitiva posible: a golpes y con unas cuantas balas.

Con el camino deshecho entre la primera película, una entretenida y sólida película de suspenso con un personaje femenino fascinante, una punk atormentada y muy inteligente que trabajaba a la par con otro personaje masculino bien resuelto, conformando un dúo de investigadores totalmente atípico en una intrigante historia, ahora parece que sólo nos queda solamente esperar –con las manos tapando el rostro y con un ojo asomado temeroso entre los dedos-  como se cierra la trilogia en la siguiente película. Perdón, ¿Lisbeth… quién?

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