Una película al día #68: “Aventuras en Birmania” (1945)

[ por: Andrés Daly ]

Una película bélica en la Segunda Guerra Mundial ¿con aventuras? en…¿dónde?. “Objective: Burma!” (1945) de Raoul Walsh (High Sierra) es una película semi propagandística del ejército de EE.UU., que sucede en el país de Birmania (también conocido actualmente como Myanmar), y que claro, el doblaje del título erradamente parece confundir con una película de exploradores.

Birmania es una nación que yo al menos desconocía por completo, y que se ubica entre China, India, Tailandia y el Golfo de Bengala. Ocupado parcialmente por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, fue un lugar donde las tropas británicas (Birmania fue su colonia) y las norteamericanas realizaron una guerra “de guerrilla” contra el ejército japonés en medio de la selva.

La historia es la de un esquadrón liderado por el Capitán Nelson (Errol Flynn, en la que se dice es su mejor actuación) y acompañado por un viejo periodista llamado Henry Hull (Mark Williams), que tiene escrito “de esta no salgo vivo” en la frente desde el minuto que aparece en pantalla, en la tensa misión de infiltramiento -se lanzan en paracaídas a la selva- y destrucción de un radar, para luego volver rápidamente a una pista de aterrizaje encubierta y volver sanos y salvos con su batallón. Por supuesto, suena mejor de lo que es, y aunque logran destruir el radar de manera ridículamente fácil, les es imposible llegar a la pista de aterrizaje. Solos en territorio enemigo y arriba de una colina, deberán racionar su comida, sudar constantemente, mirar el cielo en busca de aviones de rescate (gritando desesperados), ahorrar municiones y defenderse de interminables, y aparentemente inhumanas hordas japonesas.

El capitán Nelson (Errol Flynn) ve todo muy negro

El Capitán Nelson (Errol Flynn) está bajo presión

Norteamericanos heróicos

Japoneses de caricatura

Nada nuevo bajo el incandescente sol de Birmania en esta película hecha con sensibilidad militar y propósitos evidentes, un film que sin caer en la bajeza de otras películas contemporáneas de su género, algunas de ellas hechas simplemente para “levantar la moral”, al menos se agradece una tensa secuencia nocturna al final y el hecho de que Flynn parece estar consciente de no exagerar su papel heroico. Estamos, en guión y sensibilidad, claramente aún muy lejos de asomarnos al tono del responsable díptico de Clint Eastwood, “Letras de Iwo Jima” y “La conquista del honor”, donde se retrataron ambos bandos en la misma guerra -aunque en muy diferente escenario- en una película por cada uno de sus lados.

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