Una película al día #52: “Vampiros del día” (2010)

[ por: Andrés Daly ]

En el año 2019, la especie dominante es, desde hace un tiempo, la del vampiro. La sociedad completa se ha unido a ellos, o bien se ha convertido en bebida en el camino. Cuando ya casi no quedan humanos con los cuales alimentar a la población mundial, hoy 99% vampira, la Corporación Bromsley Marks -que tiene una granja de humanos dentro de su imponente rascacielos- ve rápidamente caer sus acciones y anticipa, con la última gota de sangre humana extraída, el fin de la empresa y de ambas especies. Vampiros desesperados y hambrientos deambulan en una ciudad azul retrofuturista – como en «Brazil» (1984) de Terry Gilliam, casi todos los personajes visten como en los años 40, de sombrero –  acristalada y llena de túneles subterráneos y aéreos entre edificios. Una ciudad que, debido a sus especiales habitantes, sólo puede ser totalmente recorrida de noche.

La película inicia con la carta desesperada de una niña…

vampira…

…que se quita la vida. El tono esta inserto. Corren los créditos:

Una bella secuencia «en la hora mágica» que muestra la ciudad, completamente vacía, en la puesta del sol.

*La publicidad incluye vampiros.

Túneles entre edificios se unen a una red subterránea («Subwalk») para usar la ciudad de día, cuando hay que escapar del sol.

Fin de créditos. En un callejón, otra «niña» vampira (recordemos que los vampiros no envejecen físicamente desde el día de su conversión, pero sí internamente) simboliza nuevamente el futuro perdido de esta especie y obtiene, con una mirada de nuestro protagonista, la evidente preocupación moral que pocos vampiros comparten.

Nuestro protagonista: Edward Dalton (Ethan Hawke), vampiro, científico, adicto a los cigarrillos e ídolo noventero que parece no envejecer.

Edward Dalton (Ethan Hawke), un vampiro hematólogo (¡la profesión perfecta!), convertido de humano a chupasangre muy a su pesar y que parece ser uno de los pocos en su especie que tienen algo de preocupación con respecto al maltrato humano, deberá encontrar la cura a la sequía antes que sea demasiado tarde y los vampiros se transformen, con la hambruna, en demonios en la tierra. Nuestro ético vampiro protagonista es prontamente es acompañado por dos humanos de la resistencia, Elvis (Willem Dafoe, como siempre, sólido), un mecánico renegado, dueño de un gran secreto y por Audrey (Claudia Karvan), el maqueteado interés romántico obligatorio estampado en el guión.

Senator Wes Turner

Hey, being a vampire and a politician, it could be hard to make friends.

La película dirigida por los hermanos Michael y Peter Spierig (otro tándem unido por la sangre, como los olvidados Wachowski y los brillantes Coen) es entretención simple, sin pretenciones, bien narrada y directa. Vale la pena ser mirada -debajo de un impermeable, para resistir los litros de sangre y las cabezas explosivas- por dos razones: en primer lugar su nuevo enfoque para un muy viejo tema; algo francamente muy necesario en un cine actual lamentablemente dominado por pseudo-vampiros juveniles, depresivos, reprimidos y de torsos desnudos que brillan «como diamantes» al sol, para placer de púberes féminas. Es un agrado recibir nuevamente a estos vampiros clásicos: sin pulso ni reflejos en los espejos, tan inmortales como inmorales, transformables en cenizas a la luz del sol, de colmillos permanentes e irrefrenablemente adictos a la hemoglobina.

Aquí los pechos de los vampiros no brillan al sol. Imagen superior: «Crepúsculo» de Catherine Hardwicke (Twilight, 2008)

El edificio de la Corporación Bromsley Marks no se caracteriza por su permeabilidad.

Pasillo corporativo.

El gerente general de la empresa (Sam Neill) degusta, como no, un poco de deliciosa sangre humana. La ironía no se detiene.

No son los «Lyon Estates» de «Volver al Futuro» (1985), sino que los «Bromsley Marks Estates», donde vive nuestro héroe.

En casa. La arquitectura moderna es para los «no vivos», los vampiros sin pulso. Luego descubriremos que los humanos viven en un antiguo, cálido y colonial viñedo español.

INT. CASA EDWARD

Elvis

This is one fucking ugly home.

En segundo lugar, «Daybreakers» es rescatable por la urbe fascinante donde se sitúa. Atmósfera coherente construída en su totalidad por el talentoso George Liddle, diseñador de Producción de un referente de este film, ese homenaje a «Metrópolis» (1927) de Fritz Lang llamado «Dark City» (1998) de Alex Proyas, olvidado a la sombra de la sobrevalorada «The Matrix». Acá tenemos una ciudad completa, un diseño urbano que mezcla suburbios que algo recuerdan a los de «Mi tio» de Jacques Tati, un centro denso y contemporáneo con inserción de algunos edificios inspirados en la masiva arquitectura distópica y burocrática de la citada «Brazil» (1984) de Terry Gilliam. Híbrida, impersonal y ortogonal, la ciudad sin nombre de los vampiros se une además a la larga lista de ciudades futuristas del cine que viven bajo un sistema de gobierno opresivo: propaganda, letreros, una presencia policíaca constante, vigilancia electrónica, avisos sonoros narrados por mujeres previamente grabadas, inundan la ciudad. Recomendable, aunque no para los que tienen el estómago frágil.

Vampiro al volante. Manejar de día tiene sus ventajas.

Charles Bromley

Do you like being a vampire?

Frankie Dalton

Yes, sir.

Charles Bromley

Why?

Frankie Dalton

I’m good at this. I was never very good at being human.

Inspirada crítica: soldados se canibalizan entre ellos.

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