Una película al día #25: “Que bello es vivir» (1946)

[ por: Andrés Daly ]

Después de tantas referencias sobre este clásico de la RKO del año ’46, contando entre ellas los fragmentos del filme que aparecen en la onomatopéyica “Mi pobre angelito” («Home Alone». EE.UU, 1990, de Chris Columbus) o la muy oscura “Gremlins” (EE.UU, 1984, de Joe Dante), ambas navideñas, finalmente pude ver «Que bello es vivir», esta icónica, pequeña y simple fábula.

Un hombre llamado George Bailey (James Stewart, tu vecino de al lado) está en una profunda crisis existencial (y económica de magnas proporciones), y, cuando está a punto de saltar desde un nevado puente para olvidar sus problemas y cobrar un seguro de vida, sus problemas son oídos por un ángel bastante pintoresco y gordo, que le mostrará, llevándolo de lugar en lugar, como si el fuera el señor Scrooge, el mundo desde un nuevo punto de vista. Esta vez, no son las navidades pasadas, presentes y futuras, sino que un mundo donde él nunca existió. Esta es la diferencia que hace un solo hombre.

Hoy en día, una historia tan noble y bien intencionada creo que jamás sería filmada (me imagino más de un ejecutivo ridiculizando la propuesta de un director). Porque vaya que resulta extraña, bajo el prisma del cine actual, la simple pureza (e ingenuidad) que tiene la historia que narra Frank Capra, ese viejo contador de cuentos moralistas, como el clásico «Mr.Smith goes to Washington«, también con James Stewart.

Este moderno “Cuento de Navidad” no apto para cínicos, logra emocionar de a poco con la historia del romance y luego el establecimiento paulatino de la pareja protagónica y sus pequeños hijos en el frío pueblo de Bedford Falls, idílico lugar donde todos los personajes se conocen por décadas – y que siempre tienen una respuesta perfecta e ingeniosa al cruzarse, esa astucia del diálogo del cine de los 40’s – pero que para el protagonista, no es más que una marital, angustiosa y aburrida trampa de la cual no puede escapar para cumplir sus sueños de juventud.¿Suena conocido?

«I’m shakin’ the dust of this crummy little town off my feet and I’m gonna see the world. Italy, Greece, the Parthenon, the Colosseum. Then, I’m comin’ back here to go to college and see what they know. And then I’m gonna build things. I’m gonna build airfields, I’m gonna build skyscrapers a hundred stories high, I’m gonna build bridges a mile long… » – George Bailey

La llamada telefónica – intervenida – que Stewart y su entonces futura esposa escuchan juntos, debe ser una de las mejores escenas de la película; una situación cotidiana filmada de forma excepcional, donde la química entre un hombre y una mujer se establece en pequeños gestos en la proximidad de dos personas junto a un auricular.

«Merry Christmas, movie house! Merry Christmas, Emporium! Merry Christmas, you wonderful old Building and Loan!» – George Bailey, en su extático regreso a Bedford Falls.

El guión tiene el mérito de esconder de forma elegante y fantasiosa el verdadero centro de la historia, este cliché machista que encierra (y como todo cliché, basado en una verdad relativa) de cómo la familia y luego los hijos representan para el hombre, según esta película, una especie de ancla, tan pesada como las décadas o bien toda una vida que la conforman. La película se acota a mostrar ese minuto en que los sueños y ambiciones personales desmedidas e idealistas de la juventud, no quedan a la espera, sino que mejoran, mutan y se fusionan con las nuevas responsabilidades y felicidades traídas por una nueva vida familiar.

De forma elegante y quizás demasiado noble para nuestra época, “Its’a wonderful life” es la adaptación de los sueños perdidos.


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