Una película al día #176: “Going the Distance” (2010)

De encuentros y despedidas

[ por: Andrés Daly ]

Termina una muy fría tarde de domingo, un mes de mucho trabajo ha pasado últimamente y bueno, por qué no ver, para retomar esta siempre perjudicada sección –¿una película cada vez que puedo? ¿una película cada vez que no me va a dar un infarto por andar como un pulpo por la vida?- la última comedia romántica con Drew Barrymore. ¿Y esa elección para volver?. No sé. Quizás es que mi cerebro quedó muy agotado (y fascinado) después de las fantásticas dos semanas pasadas en que me di un merecido visionado de películas de Luis Buñuel?. *Y sobre esto último ya vendrá una sorpresa al respecto en este sitio web y principalmente en el de un programa de radio…

Alternando las comedias románticas –cash seguro, que contienen algunas notables entradas como la muy entretenida, olvidadiza y hawaiiana “50 first dates” (2004) en que comparte pantalla con Adam Sandler- con el cine independiente y algunas raras disgresiones en el género de la acción imposible –acompañada de Charlie, Lucy y Cameron- Drew Barrymore, la actriz, directora y productora, vuelve otra vez al género romcom. A ese que le permite otras aventuras cinematográficas (que me parecen más escasas y menos aventuradas últimamente, eso aunque no he visto aún su película de roller girls) con su personaje de siempre: es decir, ella misma. Actriz carismática como pocas, Barrymore es el paradigma de La chica simpática de al lado.

Que agrado ver gente tomando cerveza y no tragos del estilo Sex and the City…

Esta es una película sobre un tipo de amor con altos índices de fracaso. No se uds., si es que tienen alguna historia que contar para eso está la sección de comentarios abajo, pero mi experiencia con el amor a distancia, título y tema de esta película, no fue para nada muy fructífera. Mejor dicho: un desastre con todas sus letras. Sueños imposibles, escasos encuentros, promesas difíciles de cumplir: siempre dos caminos que se separan inevitablemente. La vida –y luego otros (y otras) – se meterán entre medio. Si hay alguna historia de una relación que termine a la larga con éxito, yo al menos entre mis cercanos, no la conozco.

Going the Distance (2010) se plantea ligeramente más sincera que otras películas del género sobre este tema del amor con llamadas de larga distancia incluída/skype/emails y otros medios y cucharea tímidamente en el territorio de las pequeñas desilusiones. El cotidiano y sus fracasos, la imposibilidad de tratar de tener una relación de pareja con alguien que vive y que parece que seguirá viviendo, hey tú, despierta, a miles de kilómetros de ti. ¿Es que será posible hacer que funcione, al menos hasta encontrar la solución? ¿Y por cuanto tiempo se puede resistir?.

Buena química la de Barrymore y Justin “I’m a Mac” Long –novios en la vida real, al menos mientras hacían esto, no me pregunten hoy-  cuando el segundo hace reír constantemente a la primera en los momentos en que están juntos. Igual, parece cosa fácil ya que bien risueña que se nos ha proyectado Barrymore siempre. Se deja entrever algo de romanticismo contemporáneo en la época de los DM por twitter, el What’s Up, los mensajes internos por Facebook, los mensajes de texto en el celular y toda ese gigantesco y superpuesto entramado de redes sobre otras redes que insisten con mantenernos conectados entre nosotros y principalmente a los sistemas que gobiernan las conexiones. Es con estos elementos que se filtran algunas de las escenas más divertidas y reales, cuando por ejemplo el personaje de Long escribe totalmente idiotizado, un mensaje a Barrymore (en la otra costa del país) en su celular mientras él está parado en la mitad de un parque espectacular, en un incréible día. Sus amigos ridiculizan su obsesión hasta que finalmente no aguantan más su pseudo compañía y locaciones más adelante, veremos como le quitan el aparato de las manos para hacerlo pedazos. Estás aquí y ahora, ¿qué pretendes con todo esto?.

¡Apaga el celular maldita sea!

Largos meses de reencuentros en aeropuertos y las despedidas en agonía…¿pero con qué sentido?. Si es que ninguna de las partes quiere –como finalmente ocurre- ceder su territorio/profesión/familia en uno de sus lados, ¿cómo es que se podrían unir ambos caminos si están tan lejos el uno del otro?. “Amor a distancia” está bien si no se es muy exigente con el tema –como decía antes, se agradece el acercamiento más realista tanto en lenguaje de los personajes protagónicos como en el plot- y si se acepta la fórmula de los típicos secundarios llenos de particularidades bizarras. Entre estos últimos está la hermana de la protagonista, obsesiva por la limpieza (una Christina Applegate divertida y bastante neurótica) o el compañero de depto de Long que desconoce cualquier sentido de la privacidad, comenta las situaciones íntimas que escucha desde el otro lado de la pared –incluso colocando música, como un DJ a distancia- y conversa a puertas abiertas con los invitados en el living, mientras él está sentado en el W.C. Pero como el resto de la película, uno se pregunta, recordando la frase de un canal de cable: Pasa en las películas…pero…¿pasa en la vida real?.

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