Una película al día #166: “Sabrina” (1954)

Audrey…

[ por: Andrés Daly ]

No tengo muchas palabras para describir el inmenso placer que fue para mí sentarme en un tranquilo atardecer de domingo en mi casa, a descubrir una película tan encantadora como “Sabrina”. Dirigida por el señor Billy Wilder (Pacto de Sangre, El Apartamento, La comezón del séptimo año) esta película es, no tengo ninguna duda, absolutamente indispensable para cualquiera que guste del cine.


Ochenta y cinco películas atrás –en septiembre del año pasado para ser más preciso- declaré mi admiración absoluta amor incondicial  por la actriz Audrey Hepburn después de verla en “Mi Bella Dama”, que dio paso después de ese visionado – luego de salir del trance claro –  a preguntarme de qué estan hechas algunas estrellas y cosas afines, que impregnaron mi cabeza de imágenes de mujeres de otro planeta como Grace Kelly, Rita Hayworth, Sofia Loren, Lauren Bacall, Katherine Hepburn y Elizabeth Taylor. Un par de decenas de películas después “Desayuno con Diamantes” (Breakfast at Tiffany’s), la notable comedia romántica de Blake Edwards – que por si no lo viste, aquí en 35milímetros le dedicamos nada menos que el primer Dossier del año al director de “La Fiesta Inolvidable” – me dejó totalmente atolondrado. Que maravilla. Con esta tercera película, mi artesanal altar a Audrey Hepburn ha dado paso a una Catedral. ¿Qué hace a esta mujer un ser tan maravilloso y perfecto?…

En “Sabrina” la historia es la de una joven cenicienta que vive arriba de la cochera de una gran mansión. Sabrina (Audrey Hepburn) es la hija del chofer de la familia y está enamorada irremediablemente del príncipe del Castillo, David (William Holden): simpático, encantador, lujurioso, alcohólico, un… en resumen, Charlie Sheen – pero sin toda esa locura post despido de Two and a Half Men. David está alejado de cualquier preocupación terrenal, y no tiene idea que la niña que trepa árboles con un vestido largo y pies descalzos, y que conoce desde que él era niño y le robó un beso, respira el mismo aire que él exhala.

El hermano mayor del príncipe feliz de la familia Larrabee se llama Linus (interpretado por Humphrey Bogart: ¡Sí! esto es una colisión de planetas) y su vida, muy seria, gira en torno a los negocios. Como en “El Graduado” dicen que el plástico es la última moda y Linus hace y deshace pensando en el nuevo futuro del Imperio.

La historia nos va a llevar desde el amor adolescente de Sabrina por David, al viaje de nuestra sufrida protagonista a París, del que regresará transformada en una mujer, el amor caprichoso de David a Sabrina y finalmente los intentos y deseos secretos de Linus por separar a su hermano de la chica. Esto, se supone, que es para no entorpecer la fusión de su empresa con una de plásticos, por la que se ha concertado el cuarto matrimonio de David con la hija de un importante empresario. Pero ¿Linus sólo lo hace por los negocios o es que él también siente algo por Sabrina?. Sabrina por su parte se dividirá, como su corazón, entre la niña que fue y amó y la mujer que es y ama ahora….

El guión, los personajes, la dirección y las actuaciones sólo puedo calificarlos de exquisitos. Una comedia romántica para dejarse llevar: tanto en un barco cantando “Bananas” como en un automóvil descapotable mientras una chica adorable te canta “La vie en Rose”.

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