Una película al día #153: “Lluvia de Hamburguesas” (2009)

Tenedor libre

[ por: Andrés Daly ]

Hace tiempo que quería ponerme al día con algunas películas de animación digital recientes que no había visto –que no sean de PIXAR, que veo en cines- entre ellas “Cómo entrenar a tu Dragón” (que me sorprendió), y que junto con esta “Lluvia de hamburguesas” (Cloudy with a Chance of Meatballs), “Megamente”, “Mi villano favorito” y otro par más en el camino -y aclaro de inmediato que no pienso perder mi tiempo con la última entrega del desde siempre sobrevalorado y estúpido Shrek- creo que tendré suficiente pixeles antes de, por fin, regresar a la animación tradicional con una tonelada de películas de los Estudios Ghibli que tengo esperándome pacientemente y que me prestaron los amigos -y fanáticos de Miyazaki- de Teatropan. Ya vienen.

Lluvia de hamburguesas o “de albóndigas” como dice otro doblaje –yo mmm me quedo con las hamburguesas – es un festín casi alucinógeno de colores y comidas que caen del cielo sin mucha explicación razonable excepto ser el resultado del invento de un científico loco/genio wanna be, el joven terror de su pueblo, nuestro protagonista Flint Lockwood (Bill Hader).

Flint Lockwood recibiendo una hamburguesa caída del cielo.

Lo más divertido para mi gusto es la locación donde ocurre todo, el pueblo donde Flint busca la aprobación de su padre Tim (James Caan), un silencioso viudo, y bueno, de todos quienes le rodean. Este lugar es una diminuta isla llamada “Swallow Falls” que queda escondida justo debajo de la letra mayúscula “A” de “Atlántico”, en los mapas donde vemos las palabras “Oceáno Atlántico” impresas sobre un color azul extenso donde aparentemente no hay nada. Error. Zoom in debajo de la letra “A” y conocemos un pueblo industrial que vivía de la venta de sardinas durante décadas pasadas y que ahora están en completa decadencia.

Steve, la mascota de Flint, dice «Steve».

Como una especie de Springfield marino, el pueblo tiene un alcalde ambicioso, egoísta y tramposo que ve en el invento de Flint la oportunidad de convertir al alicaído sitio en un centro de atracciones de nivel mundial. ¿Quién no iría a visitar un lugar donde puedes esquiar sobre colinas de helado, tirarte por un resbalín de tocino gigante, estirar la mano y recibir un jugoso filete caído desde el espacio o bañarte en una piscina de crema de queso con doritos tostitos?. Probablemente cualquiera que no quiera morir de infarto o ver explotar su hígado al tercer día de vacaciones, como yo. Pero bueno, los niños de Swallow Falls son obviamente muy felices en el mundo del azúcar y las grasas saturadas, y sorprendementemente, nada de obesos, excepto su alcalde Shelbourne (Bruce Capmbell).

La bella Sam Sparks (Anna Faris), metereóloga y nerd-que-quiere-salir-del-closet viaja a Falls a cubrir el evento atmosférico del siglo, con su camarógrafo guatemalteco (¿!). Flint, por supuesto, abusará de su invento para enamorarla, impresionar a su padre y complacer al alcalde y muchos de sus habitantes como el policía en tenida sport Earl Deveraux, dotado de la voz del conocido Mr.T, un as de la comedia, quien lo diría. El caos de calorías no tiene fin en los últimos veinte minutos de película.

Tornado de tallarines a la bolognesa.

De Sony Pictures Animation, está entretenida como interesante es su estética cartoon, aunque por cierto, todo muy lejos de despertar el interés y emoción como la que sentí detrás de protagonista/oveja negra de la notable “Cómo entrenar a tu Dragón” (Dreamworks); un chico que también vivía  en el estado de desaprobación permanenente de su creatividad y talento, tal como el dramático Flint Lockwood.

Y con respecto a la animación de PIXAR, mejor no comparar tomates con manzanas.

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