Una película al día #130: “Gilda” (1946)

Te odio, te amo.

[ por: Andrés Daly ]

Gilda: Vestida para matar

El festín de film noir que me debía hace tiempo continúa y esta vez el turno es de un clásico del que venía viendo algunas escenas desde hace mucho, mucho tiempo. Además de tantos documentales sobre cine, recuentos y demases que incluyen a esta pequeña joya, ¿quién puede olvidar la reacción de Ellis Boyd «Red» Redding (Morgan Freeman) y Andy Dufresne (Tim Robbins) protagonistas de la inolvidable “Sueños de Fuga” (The Shawshank Redemption, 1994) en una exhibición cinematográfica de “Gilda”?. El éxtasis que produce la proyección de esta película para los hombres de la prisión, en la historia de Stephen King adaptada por Frank Darabont (The Walking Dead) es un momento de alegría notable. Para ellos es nada menos y nada más, que el ver a una diosa –inalcanzable, eterna- dentro del infierno. Pero este baile y otra famosa escena en que Gilda levanta rápidamente su cabello, como en los comerciales de Shampoo que vemos en cámara lenta desde hace unos años en la TV, no es todo, pues aquí tenemos un tortuoso romance entre dos escépticos, entre dos ladrones que se odian tanto o más que como se aman. Podridos, diría Phyllis Dietrichson (Barbara Stanwyck), la Femme Fatale de Pacto Sangriento (Double Indemnity, 1944).

Ballin Mundson

Gilda, are you decent?

Gilda

Me?
[long pause]

Gilda

Sure. I’m decent.

«Gilda» en «Sueños de Fuga» (The Shawshank Redemption, 1993) de Frank Darabont.

Johnny es rescatado por Mundson

«Te presento a mi esposa…». Jesús…

Como buen cine negro, la historia es narrada por un hombre de poco dinero y escasos escrúpulos, Johnny Farrell (Glenn Ford). Aunque para él la suerte existe siempre que sea él mismo quien se la cree al hacer trampa, este pasa de ser un apostador escurridizo con pocas esperanzas de vida, a convertirse en la mano derecha del intimidante Ballin Mundson (George Macready), el poderoso dueño de un Casino ilegal en Buenos Aires, Argentina. Mundson es dueño del casino junto a otros negocios tan turbios como McGuffinescos. “Las apuestas y las mujeres no se mezclan” condiciona muy serio el jefe a su nuevo empleado, con prospecto además de nuevo amigo. Sólo quiero el dinero y sobre todo su confianza, le contesta convencido nuestro (anti)héroe. Antes que puedas soltar una carcajada ante la bomba atómica que va a explotar en cualquier minuto, el jefe ya está abriendo la puerta de su dormitorio en su palacio en Buenos Aires y presentándole, ingenuo y sinceramente feliz, su nueva y bella esposa a nuestro protagonista. Ah, todo se va al diablo. La cara de Johnny es de absoluta idolatría –un reflejo de la audiencia masculina- y al mismo tiempo, de odio. Gilda (Rita Hayworth), la esposa del turbio magnate, no hace muchos esfuerzos por disimular su impresión, su pasión y su odio, hacia el hombre que recién esta conociendo. ¿O quizás no es así?.

Gilda

I danced in America.

Obregon

This is not America?

Pasándola bien en Buenos Aires.

Izquierda: Serenata, «Put the Blame in Mame» acústica. / Derecha: Los malditos.

Mientras Gilda como Johnny niegan inutilmente conocerse previamente frente a Ballin Mundson, en la ausencia de éste nos van revelando a nosotros, los bendecidos espectadores/voyeuristas, poco a poco cual es la historia que une y separa a este par de tramposos, cínicos, vengativos y apasionados. Mientras el casino es visitado por hombres peligrosos que quieren eliminar al dueño, Johnny lucha por mantener la lealtades al hombre que le salvó la vida en la calle. Pero sabemos que es casi inútil, desde el momento que éste último abrió la puerta del dormitorio de Gilda, el triángulo se ha construído y desde entonces las apuestas ya no están en las mesas del casino, sino en quien se muere más rápido: el suspicaz y peligroso magnate o el desgraciado Johnny. “Gilda” es un amor maldito, una guerra llena de batallas sobre el poder, el deseo y el control, tan hirientes como inolvidables.

Gilda

Would it interest you to know how much I hate you, Johnny?

Johnny Farrell

Very much.

Gilda

I hate you so much that I would destroy myself to take you down with me.

Una sensual venganza.

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