Una película al día #122: “Pacto de Sangre” (1944)

¡Bang! Estás muerto. Sí, fue ella.

[ por: Andrés Daly ]

Femme Fatale (expresión francesa): Una mujer fatal es un personaje tipo, normalmente una villana que usa la sexualidad para atrapar al desventurado héroe.

Walter Neff (Fred MacMurray), un vendedor de seguros que da inesperadamente un gran golpe para obtener dinero fácil, graba sus memorias, moribundo,  en un micrófono en una oscura noche en su oficina. “No podía oír mis propios pasos. Era el caminar de un hombre muerto” le cuenta a través del aparato a su mejor amigo y empleador en esa oficina vacía, Barton Keyes (Edward G. Robinson, fascinante). Así comienza una verdadera obra perfecta del cine negro. ¡Que placer!.

Vamos a comenzar un largo racconto. Grabando.

Entra Barbara Stanwyck a escena. Con un brazalete en el tobillo…

Sharon Stone (Bajos Instintos, 1992) no es la única que sabe mover las piernas. Phyllis hace algunas preguntas “casuales” a su vendedor de seguros. Él la interroga…

Walter Neff

I couldn’t hear my own footsteps. It was the walk of a dead man.

Phyllis Dietrichson (Barbara Stanwyck, inspirada) es la femme fatale por definición. Adinerada, aburrida, inteligente, bella, sensual y sexual, traicionera y finalmente, pero no menos importante, mortal. El vendedor de seguros que toca a su puerta es el instrumento ideal, el facilitador en todos los aspectos, para liberarse de un marido inecesario y apropiarse al mismo tiempo de una fortuna. Por otro lado, la sensual Phyllis, para el vendedor, es la oportunidad única para salir de una existencia predecible, desatar sus pensamientos oscuros y apasionarse por fin por algo, aunque sea una vez en su vida. Sexo (evidentemente invisible en una película de esta época, pero sugerido hábilmente) y como no, el viejo asesinato como desafío intelectual son los aderezos: apuesto que podemos planificar el homicidio perfecto y no ser descubiertos. Think again, baby. Este homicidio es el que da el título original, de alguna forma, a esta película conocida en español tambien como “Perdición”: es el “Double Indemnity”. Estas dos palabras en inglés son una claúsula especial, explicará MacMurray a Phyllis –y a nosotros de paso- en los contratos de los seguros de vida. Una claúsula que se activa cuando ocurre un accidente especialmente fatal y poco probable. Es cuando la casa paga doble. We can make it, baby.

Phyllis

Do you make your own breakfast, Mr Neff?

Walter Neff

Well, I squeeze a grapefruit now and again.

Esta es la temporada ideal para el homicidio sin consecuencias. Cuatro años después de esta película, Alfred Hitchcock trataría este tema en ese experimento en tiempo real y planos secuencias llamado “La Soga” (Rope, 1948). Técnicamente increíble, pero bastante aburrido en realidad y desprovisto de esa emoción cruda necesaria. En comparación a Pacto de Sangre, que es un film de pasiones, frases para el bronce (para la plata y el oro también) y traiciones múltiples, La Soga parece sólo un juego de niños mimados y macabros.

Una trama que hoy parece infinitamente repetida, la del amante como mortal herramienta desechable, pero que pocas veces he visto tan bien realizada como en esta película firmada por un gran maestro. Como si fuera poco, el director Billy Wilder nos dejó otras tres grandes películas: Sunset Boulevard, Some Like it Hot y The Apartment. Talento y generosidad.

I Love you, baby.

Barton Keyes

“Margie”! I bet she drinks from the bottle.

Los diálogos, los personajes y la tensión que se producen durante toda la película son tan buenos que me faltó poco para pegarme una cachetada o pellizcarme un brazo para ver si no estaba soñando. Las palabras me sobran. Si no la has visto, pues no sé que esperas, baby.

Phyllis

Mr. Neff, why don’t you drop by tomorrow evening about eight-thirty. He’ll be in then.

Walter Neff

Who?

Phyllis

My husband. You were anxious to talk to him weren’t you?

Walter Neff

Yeah, I was, but I’m sort of getting over the idea, if you know what I mean.

Phyllis

There’s a speed limit in this state, Mr. Neff. Forty-five miles an hour.

Walter Neff

How fast was I going, officer?

Phyllis

I’d say around ninety.

Walter Neff

Suppose you get down off your motorcycle and give me a ticket.

Phyllis

Suppose I let you off with a warning this time.

Walter Neff

Suppose it doesn’t take.

Phyllis

Suppose I have to whack you over the knuckles.

Walter Neff

Suppose I bust out crying and put my head on your shoulder.

Phyllis

Suppose you try putting it on my husband’s shoulder.

Walter Neff

That tears it.

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