[ SANFIC 9 ] Agua Bendita

En la actualidad aún hay personas que viven sin acceso a los servicios básicos. El largometraje muestra como un pueblo de Costa Rica se organiza para lograr la construcción de un acueducto.

[ Por: Camila Alcaíno ]

Dirigida por Octavio Guerra (Holy Water, 2013) el documental de 82 minutos narra la historia de un pequeño pueblo de Costa Rica, habitado por personas de origen nicaragüense, que no tienen acceso a agua potable y que luchan por la construcción de un acueducto, puesto que durante los seis meses de verano el agua escasea. Geiner, de 11 años, cree que el ritual de un chamán puede llamar a los espíritus para que traigan la lluvia.

Octavio Guerra

La ópera prima de Guerra se ha paseado por diferentes festivales de cine y ahora se encuentra en la programación de la novena versión de Santiago Festival Internacional de Chile (Sanfic), como parte de “visiones del mundo”, contando la historia que tiene como hilo conductor uno de los argumentos más conocidos en la historia del cine -vista en producciones como “Nanuk, el esquimal”- la lucha del Hombre contra los embates de la naturaleza. Sin embargo, esta vez se suma un nuevo factor, el accionar de las fuentes económicas y políticas que parecen no tener ningún interés en mejorar las condiciones de vidas de los habitantes del pequeño pueblo.

A través de la vida cotidiana de Geiner y su familia se dan a conocer los habitantes de la aldea que cultivan sus tierras, cuidan su ganado y pescan en el río. El profesor, don Nelson, que enseña en la única escuela de lugar, a niños y también a los padres y habitantes del sector, mediante el desarrollo de una obra de teatro, se propone mostrarle a los lugareños la importancia de la construcción del acueducto, a la vez que busca instruirlos en que ellos como “campesinos” tienen tanto derecho como cualquier otro habitante del planeta a tener respeto y condiciones mínimas para vivir.

El guión del largometraje a momentos pierde el rumbo y no se sabe si el documental es sobre la vida de los aldeanos, la realización de la obra o la vida de la familia de Geiner, de quien se muestra incluso su dormir. En esta narración cotidiana de la vida del niño de 11 años, tienen lugar dos escenificaciones donde se representa un sueño y un despertar atormentado. En este dormir Geiner sueña con que llama a los viejos espíritus, tal como un chamán, como en una de las clases su profesor Nelson le contó que ocurría en algunas tribus de grupos indígenas.

La vida cotidiana de la aldea es sencilla y a través de la madre de Geiner se muestra al espectador el modo de vivir de los campesinos, uno en donde los hombres del lugar deben salir a trabajar a la ciudad, puesto que sin agua es difícil vivir y no hay nada más que tierra y una escuela, mientras la madre del niño, gracias a la realización de la obra teatral le han dado ganas de estudiar y trabajar para aportar económicamente a la casa, al menos eso es lo que le explica a su marido, quien le señala que los niños (cinco hijos) aún están muy pequeños para quedarse solos y que después hablarán sobre el tema.

El machismo, la soledad y el abandono se exponen al mismo tiempo en que los ensayos de la obra escolar se desarrollan. Conflictos como sacar fruta sin permiso, pescar en lugar del vecino, la ausencia del padre trabajador en la ciudad, las ganas de crecer de una mujer se exponen en este documental, en el que por momentos se hace difícil de seguir su hilo conductor.

El largometraje es una coproducción de España y Costa Rica. Actualmente Octavio Guerra trabaja en su segundo documental, “City Beach” y prepara la película “Imágenes que nunca tomé».



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