La comunidad cinéfila

2004: Decido ser cinéfilo[1]. ¿Puede decirse algo así? Si cinefilia es amor, pasión y/o afición al cine, no puedo fijar una fecha. Es algo que nace cuando ves tu primera película. Como dice la Dra. Jenna Ng[2]: “Es casi inevitable que los académicos analicen las prácticas de la cinefilia sobre una base conceptual, pero como el amor, ésta se resiste a una teorización objetiva”. Lo que sí puedo decir es que a partir de esa fecha decidí como dice Jonathan Rosenbaum convertirme en una especie de “cinéfilo profesional[3], creo que aún no me he titulado en eso. ¿Qué quiere decir esto? La cinefilia entendida como una afición o un gusto se ha transformado y llega actualmente a un nivel de profesionalización o, por lo menos, eso es lo que podría pensarse. Es decir, personas que pueden ser o no ser realizadores cinematográficos, otros que pueden estar relacionados con la academia o incluso personas como yo que ni siquiera están ligados al medio audiovisual, pero que escriben y piensan el cine como objeto de estudio, ya sea como dije antes por pasión, amor o afición. Como dice un amigo y guardando las distancias con el tema: a mí no me gusta el fútbol, soy un estudioso del fútbol. La pregunta entonces más que definir ¿qué es un cinéfilo?, es responder ¿qué convierte a un cinéfilo en profesional? Las características comunes que menciona Rosenbaum consideran: la internacionalización del cine y su visionado en distintos lugares; el gusto por una filmografía similar en estos lugares sin haber llegado a un acuerdo previo; y también la paridad etaria de las personas. Concuerdo con ellas y podría denominarlas “hábitos comunes en torno al cine”. Relacionaría, desde mi punto de vista, la “internacionalización” y el “visionado” al mejoramiento del acceso que se ha producido actualmente sobre los materiales audiovisuales; por otro lado, aquello de “sin haber llegado a un acuerdo previo” lo enlazaría a una “comunidad cinéfila” que puede no estar formalizada o con fronteras demarcadas, pero que existe desde el momento en que dos o más personas comentan cine; y, por último, la “paridad etaria” más bien la entiendo como subgrupos de distintas edades que se comunican y retroalimentan acerca del cine. Menciono también aquí como “hábitos comunes en torno al cine” en pos de esta llamada profesionalización aquellos que indica Sergio Salazar[4] como “nociones de cinefilia”:

  1. Personalízalo (“un cinéfilo conoce sus capacidades”),
  2. Registra (“un cinéfilo reconoce su material como la palma de su mano”),
  3. Selecciona (“un cinéfilo conoce su valor y ajusta sus decisiones alrededor de ello”),
  4. Investiga (“un cinéfilo no para de cultivarse”),
  5. Opina (“un cinéfilo tiene su propio criterio”).

Son simples reglas que él como indica en su texto: “he recogido a lo largo de los años que he dedicado a ver películas y tratar de ir más allá”. Si agregamos a estas nociones la palabra “cine” (“registra cine”, “investiga cine”, etc.) tendremos un diseño de este comportamiento repetitivo al que me refiero cuando hablo de “hábitos comunes”. Ahora si relaciono las nociones 3 y 4 (“seleccionar” e “investigar”), con otra frase de Jonathan Rosenbaum escrita en una publicación de 2005[5] se agrega un elemento más que beneficia a los cinéfilos hoy en día y nos ofrece la posibilidad de evaluar el cine comparando periodos históricos: “Vivimos ahora en una especie de paraíso del cinéfilo, que permite recuperar un cine nunca visto antes o muy poco visto, y el efecto consecuente es que se evalúe el cine actual con un mayor conocimiento de su historia”. Si lo conceptualizo de esta forma también podría hablarse de “cine a la mano”, como quien cita y luego tiene acceso al material audiovisual. Me refiero a la tecnología digital actual que incluso entrega la posibilidad al cinéfilo de manipular las obras para su análisis. Finalmente, cobra sentido para mí la noción 5 (opina), cuando la cruzo con una cita de Mónica Jordán[6] extractada de su interesante texto “Cinefilia escrita”:

Escribo porque sólo así acabo entendiendo qué me ha quedado de una película, y porque en el proceso descubro interpretaciones, pistas o conexiones que de otra forma no hallaría. Escribo para entender, busco entender para disfrutar, quiero disfrutar para transmitir….

En tanto sea o no un “cinéfilo profesional”: ¿Qué es cinefilia para mí hoy? ¿Una “adicción”, como se subtitula una página web mexicana: “Cinefilia: la adicción al cine”[7]? Me pregunto si el cinéfilo puede ser una especie de urgente caníbal que busca devorar constantemente lo que el medio le ofrece y que siempre se encuentra atento a encontrar nuevos filmes, directores, comentarios, etc.

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LA COMUNIDAD CINÉFILA

Pienso que contemplo el cine individualmente pero lo comparto de manera colectiva ya sea a través de la memoria, el comentario, la conversación y la lectura. El concepto de una comunidad en torno al cine, algo así como los denominados “cine-club” de los años sesenta, se mantiene hoy en día, sólo cambia su configuración. Ya sea online o no, en esta comunidad las personas pueden plantear opiniones, discutir ideas y encontrar puntos en común. Como lo indica Adrian Martin[8], esta comunidad elabora un discurso de “escritura colectiva” a través del cual “se mezclan los modos y los tonos, hay digresiones, se valora la voz personal”. Pienso que en el cine no sólo se trata de encontrar placer en las películas sino que además compartirlo con otras personas.

Es interesante considerar que el conocimiento, el acceso y la disponibilidad a diversos materiales cinematográficos se ve beneficiada por la existencia de una comunidad cinéfila y el aporte de intereses que cada persona puede entregar directa o indirectamente a otros. En la medida que se siente curiosidad por el cine y se comparte esta información, la comunidad se ve favorecida. Sin embargo, cuando existen instituciones que supervisan a una comunidad este sentido abierto de información tiende a restringirse, principalmente porque puede contravenir intereses políticos, religiosos o culturales a los cuales se asocian estas mismas instituciones. Por otra parte, la autonomía relativa de una comunidad cerrada, puede provocar como resultado la duplicación de esfuerzos en relación con otra comunidad; por esta razón la comunicación de la información se vuelve un elemento clave, sobre todo teniendo a disposición herramientas tecnológicas como las que existen actualmente que favorecen este aspecto. Como indica Melis Behlil en su texto sobre comunidades cinéfilas online[9]:

No es sorprendente que el nuevo tipo de cinéfilos se alimente a sí mismos intelectualmente por medio de Internet. Varios sitios en la red son no sólo un gran recurso (y desafortunadamente no siempre correcto) de información, pero proveen un espacio a los cinéfilos para unirse e intercambiar ideas, el combustible que necesitan para discutir sobre las películas que han visto, lo cual forma parte de la tradición cinéfila.

Así también, en la medida que conocemos nuestra comunidad, nuestra cultura y estamos interesados en otras comunidades y culturas, buscamos, en alguna medida, similitudes y a la vez una reafirmación de diferenciación. Si comparo diferentes cinematografías, desde el punto de vista geográfico o histórico, con la actualidad consigo retroalimentarme con información y comunicarme con otras personas.

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REDES SOCIALES

Reconocerse en otra persona a través de los gustos cinematográficos y en este interés común, forma parte de una especie de ley no escrita de la cinefilia; pero si además a este elemento le agrego ampliar mis intereses y hacer más accesibles las películas, el reconocimiento inicial para mí se transforma en un objetivo que me motiva a participar en comunidad. Creo que de esta forma se comienzan a crear caminos de discusión que establecen nuevas tendencias ya que la mayoría de estos intereses, generalmente, se encuentran fuera de los circuitos formales y establecidos (revistas, academia, medios de comunicación, etc.). Como sucede hoy en día un circuito establecido puede, poco a poco, desarmarse y reconstruirse si logra adaptarse o ser aceptado, debido a la avalancha de alternativas de información y comunicación que no se pueden controlar, principalmente porque procesos burocráticos existentes no conectan con las nuevas formas de comunicación, especialmente con el fenómeno denominado “redes sociales”. Como dice también Mónica Jordán[10]:

La distancia horaria y espacial no es ya un problema para la comunicación entre personas de inquietudes similares, pues heredamos el ipso facto de las circunstancias en las que vivimos y no es fácil evitar todo tipo de fronteras para lograr hacer lo que más nos gusta: hablar, escribir, ver, discutir, vivir (y malvivir) con y del cine.

¿Me pregunto qué papel tienen las “redes sociales” en nuestra comunidad cinéfila? ¿Cuáles podrían considerarse “redes sociales sobre cine”? Por supuesto que cuando me refiero a “redes sociales” estoy tomando prestado el término del cual se apropiaron herramientas de Internet como Facebook y Twitter. Además quiero referirme a la comunidad cinéfila online porque pienso que es actual y puede ser reconocida de alguna manera. Al parecer aún no existe una red social en Internet especializada en un área, lo más cercano para responder a mi pregunta son los sitios web, blogs y revistas online sobre cine que acogen la discusión de los cinéfilos en espacios para emitir comentarios, publicar textos y convocar a festivales o reuniones similares.

La ampliación de la discusión a distintas áreas geográficas realizada ahora por personas de distintas edades por medio de Internet, provoca para mí no exactamente la masificación del fenómeno, lo cual podría desvirtuarlo o transformarlo en un proceso productivo, sino que estimula la intensificación variada de opiniones que confluyen. Además como indica Melis Behlil en el mismo texto que mencionaba anteriormente: “El hecho de que los miembros de estas comunidades no puedan siempre conocerse uno al otro, cara a cara, no hace que ellos sean menos reales, especialmente si la meta primaria es compartir ideas y opiniones acerca de las películas[11]. No consiste además en una discusión etérea sino en una comunicación que genera e impulsa de alguna forma la investigación sobre el cine. Existe por lo tanto un resultado de la unificación de criterios, contradictoriamente desorganizados, que no se encuentran amparados por una institución ni un medio específico. En la medida que los medios de comunicación han ido avanzando el concepto de “simultaneidad global” aplicado a esta discusión cobra mayor sentido y se hace más común. El hecho de que hoy en día existan herramientas tecnológicas como por ejemplo Facebook (desde 2004), Twitter (desde 2006), Blogs (desde 1994), etc. produce un efecto más inmediato que el que provocaban las cartas impresas (incluso estas casi desapareciendo) o su símil virtual los correos electrónicos.

Anteriormente mencionaba este concepto de “cine a la mano” como quien cita y luego tiene acceso inmediato al material. Sin embargo esta disponibilidad para el cinéfilo no es efectiva por el simple hecho de existir. Como lo indica Adrian Martin en el libro “Mutaciones del cine”[12]: “Nos encontramos todavía lejos de conocer la amplitud o profundidad de la producción y el pensamiento cinematográfico”. Es interesante que en el acercamiento a las filmografías siga siendo importante la figura del “autor cinematográfico”, varias veces desmitificada. ¿Qué más se puede hacer? El cine como comunicación entre espectadores, cinéfilos declarados o no, y la realización involucra de alguna forma conocer a esa persona tras la cámara, pero también conocernos o reconocernos como comunidad.

[1] Cinéfilo (del francés cinéphile): Aficionado al cine. Persona que tiene un gusto especial por el cine. Este puede serlo por afición o pasatiempo y también puede convertirse en un experto analizador y crítico de filmes.

[2] En: “Love in the time of transcultural fusion: cinephilia, homage and Kill Bill” incluido en Marijke de Valck and Malte Hagener (ed.) “Cinephilia: movies, love and memory”, Amsterdam University Press, 2005.

[3]Mutaciones del cine contemporáneo” (editores Jonathan Rosenbaum, Adrian Martin). 1ª ed. Madrid: Errata Naturae, 2011. 336 p.

[4] En su artículo: “5 nociones de cinefilia” (27-Jul-2011, Blog “Milenio”: http://blogs.milenio.com).

[5] REVIRIEGO, Carlos. Entrevista a Jonathan Rosenbaum. En: El Cultural.es del diario online El Mundo.es [publicado el 01 de diciembre de 2005]. Enlace: http://www.elcultural.es/version_papel/CINE/16023/Jonathan_Rosenbaum.

[6]Cinefilia escrita”. En: Détour Número Dos (primavera 2011) (http://www.detour.es).

[7] Cinefilia: la adicción al cine (http://cinefilia.com.mx ).

[8] Mutaciones del cine contemporáneo. Editores Jonathan Rosenbaum, Adrian Martin. 1ª ed. Madrid: Errata Naturae, 2011. 336 p.

[9]Ravenous cinephiles: Cinephilia, Internet, and online film communities”, incluido en Marijke de Valck and Malte Hagener (ed.) “Cinephilia: movies, love and memory”, Amsterdam University Press, 2005.

[10] En su artículo “Cinefilia escrita” (Détour Número Dos (primavera 2011) (http://www.detour.es).

[11]Ravenous cinephiles: Cinephilia, Internet, and online film communities”, incluido en Marijke de Valck and Malte Hagener (ed.) “Cinephilia: movies, love and memory”, Ámsterdam University Press, 2005.

[12] Mutaciones del cine contemporáneo. Editores Jonathan Rosenbaum, Adrian Martin. 1ª ed. Madrid: Errata Naturae, 2011. 336 p.

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