Entrevista a Roberto Rabi, autor de “Santiaguinos”

Fotografía: Andrés Daly (fragmento)

“El santiaguino suele pensar que se comunica, cuando en realidad no hace más que desarrollar monólogos en frente de otro”

Roberto Rabi González, abogado, escritor, hincha de la Universidad de Chile y fiscal adjunto de la Fiscalía Regional Metropolitana Centro Norte, lanzó hace unas semanas en FILSA 2015, su tercer libro de cuentos, “Santiaguinos” (Mago Editores), un conjunto de relatos que navegan por distintas emociones y temas en torno a la figura de personajes inmersos en el Santiago actual.

Se trata del primer libro que escribe solo, ya que antes compartió autoría con Ernesto Vásquez, en “Relatos Azules, algo más que fútbol” (2013) y “Relatos fiscales & privados” (2014). Santiago y los santiaguinos son inspiración para Rabi, pero también representan la tristeza, rabia y agonía de una ciudad moribunda, que despierta en su autor el deseo de narrar historias que se inician en el melodrama, pasando por el humor ácido (ingenuo también), para finiquitar con una buena dosis de nostalgia.

Todo esto entrega un libro entretenido y dinámico, con algunos estereotipos que desgastan una prosa bien cuidada, pero también con el objetivo de invitar a la reflexión sobre el día a día en una ciudad que a algunos les pena y a otros les pesa. Aquí se presenta un Santiago en su máximo y odioso esplendor, con sus habitantes evidenciando las consecuencias de vivir y resistir, una y otra vez, en una ciudad que quema, y no sólo por el sol.

¿Cómo podrías definir tu nuevo libro de cuentos, “Santiaguinos”?

Un conjunto de historias sencillas ubicadas en una ciudad pretenciosa y esquizofrénica, que podría ser amable y a veces lo intenta, pero es permanentemente derrotada. Historias protagonizadas por personajes comunes, resignados, que a veces sueñan ser heroicos y hacerse cargo de sus demonios; pero se deprimen cuando despiertan.

¿Qué tienen los santiaguinos como características de interés para indagar en ellos desde la escritura y la lectura?

Muchas, la principal es su falta de sentimiento de pertenencia a la ciudad. No se sienten emocionalmente cercanos a ella, simplemente la padecen, se abandonan a ella. Las dificultades de sus habitantes para relacionarse entre sí; el santiaguino suele pensar que se comunica, cuando en realidad no hace más que desarrollar monólogos en frente de otro. La derrota permanentemente acechando, motiva al Santiaguino a intentar demostrar cosas y se ve muy ridículo en esos intentos. Todo lo cual lleva al capitalino terminar llenado su vida con frivolidad discursos elementales y hedonismo.

¿En qué te basas para tener esta definición de los Santiaguinos?

En mi experiencia como Santiaguino, mi percepción de extraños y seres queridos. Lo que he leído, investigado, (académica y penalmente hablando) y conversado. El primer exponente de esta decadencia soy yo mismo, tal vez el más podrido Santiaguino que te puedas imaginar. Con una petulancia que llega al paroxismo cuando te sientes orgulloso de todo el desastre que estás mostrando. Cuando te acuestas con ganas de seguir en lo mismo al día siguiente, aunque tu discurso público sea muy distinto.

Hay una indagación por diversos géneros y conceptos en tu libro: la comedia, la violencia, el melodrama, la crítica social. ¿En cuál de ellos te sientes más cómodo y por qué?

Tal vez con la violencia, en sus distintas expresiones, desde las minúsculas hasta las épicas. Porque es real e ineludible, siempre presente al menos como posibilidad, en todos los cursos de acción y, sobre todo, porque en sí no es ni buena ni mala. Sin embargo, los mejores resultados se logran cuando uno no se siente cómodo escribiendo.

¿Y qué pasa cuando si te sientes cómodo escribiendo?

En ese momento, tiendes a caer en el onanismo, en los párrafos largos e intrincados, pierdes la misericordia por el lector, intentas desarrollar el personaje ahí dónde el sujeto en sí perdió importancia, te mareas, te indigestas y el resultado es, al menos tendencialmente, peor.

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Entiendo que eres fiscal y trabajas a tiempo completo en eso. ¿Cómo complementas la literatura con este rol?

Mi trabajo es una fuente inagotable de insumos. Me permite acercarme al alma de las personas, sus mentiras, sus pasiones más enfermizas. Sus reacciones erráticas ante las imágenes de la filmación furtiva de sus miserias. Es un trabajo demandante cuando asumes la responsabilidad que tienes en serio. Pero jamás tendrás problemas de inspiración ubicándote en el centro de esta vorágine, sobre todo considerando la manera plagada de extrañas esperanzas y odio con que la opinión pública espera los resultados del trabajo de los fiscales.

Por lo que se puede leer en tus cuentos, tu mundo profesional como abogado es fuente de inspiración para tus historias. ¿Los relatos de “Santiaguinos” están basadas en hechos reales?

Mentiría si te dijera que no hay dos o tres elementos que recogí de ciertas vivencias. Pero se trata esencialmente de ficción. Pese a la manera cómo se ha declarado abiertamente el triunfo de la “no ficción” en estos días, cada vez me convence más la ficción como vehículo de comunicación más honesto y mucho más valioso.

¿La ficción es más honesta que la realidad? ¿Cómo así?

Sin duda, siempre quien pretende relatarte hechos, como todo ser humano, lo hace sentado en valores, prejuicios, expectativas, miedos y planes. Pero cuando da un paso más y te dice que lo que te cuenta ocurrió de ese modo “realmente”, por mucho que enfatice que es su versión o consecuencia de su acucioso estudio, pretende, primero que todo, que le creas. Y nunca una propuesta así es desinteresada.

Otro de los temas centrales de tu libro es el fútbol. ¿Por qué crees que este deporte ha estrechado tanto sus lazos con la literatura en el último tiempo?

Por que le da un mínimo de sentido a lo que queda cuando todo el resto lo ha perdido, cuando todo aquello en lo que alguna vez confiaste te traiciona. Si realmente deseas ser fiel e incondicional a algo, cuando hasta tu perro te mordió, prueba con el fútbol y va a resultar. Ojo, no hablo de generar expectativas en los dirigentes, futbolistas, árbitros o empresarios. Ni siquiera en los mismos clubes. Hablo de vivir el juego y entregarte a él de la manera y con las condiciones que tú mismo decidas. En ese sentido es el deporte que te ofrece más posibilidades lúdicas, emocionales, de interpretación y pertenencia.

¿Cuál es tu lugar dentro de la literatura chilena actual? ¿Te sientes parte de algún estilo o corriente?

No, para nada, disfruto leer y aunque me han maravillado obras y textos recientes, tanto de autores chilenos como extranjeros, como buen santiaguino centrado en su ombligo, no me siento parte de ningún grupo o corriente. Sin embargo, y aunque parezca paradójico, pertenezco a un colectivo de escritores, pero este grupo se ha generado para efectos de conversar de manera abierta, no para homogenizar el trabajo ni tomar ciertas banderas. Todas las banderas ya se arriaron hace mucho tiempo.

¿Cómo ha sido la recepción crítica de “Santiaguinos” y de tus anteriores libros “Relatos Fiscales” y “Relatos Azules”?

Pocos críticos le han prestado atención a mi obra. Opiniones honestas espero, de las cuales uno rescata bastante, sobre todo cuando observan vicios propios de un escritor sin formación académica en literatura. Algunos han sido bastante halagadores; espero que esas opiniones se difundan, para que las personas que no conocen lo que he escrito se animen a leerlo.

¿Quiénes son tus referentes e influencias en la literatura chilena y universal?

Más que referentes, son muchos los autores de cuya obra me he enamorado. Dejo de ser escritor cuando leo, los disfruto, no estoy pensando en imitarlos ni alcanzarlos. Muchos argentinos y uruguayos desde Borges, Quiroga, Cortázar, Bioy Casares, Sábato, pasando por los que se ensucian escribiendo sobre la pelotita; como Fontanarrosa, Soriano, Sacheri o Galeano. De los recientes, Ricardo Piglia, Alan Pauls, Sergio Bizzio. También muchos norteamericanos e ingleses, como Richard Ford, Jonathan Franzen, Bret Easton Ellis, Dave Eggers, David Foster Wallace, Rick Moody, Irvine Welsh, Nick Hornby y un infinito etcétera.

Roberto Rabi

Recomiéndame tres libros que según tu opinión sean ineludibles.

“La conjura de los necios”, de John Kennedy Tool; una tremenda historia sobre un personaje maravilloso en su montruosidad. Sublime. “Una historia del mundo en diez capítulos y medio”, de Julian Barnes; un conjunto de relatos que te dejan sin aliento, maravillado y orgulloso de ser un ser humano tal como eres. Y, en cuanto pelotero, “Fiebre en las gradas” de Nick Hornby un libro extraordinario al cual una película livianita le hizo muy poca justicia; si quieres saber lo que es llenar tu vacío existencial de fútbol, alienándote con pasión, con discurso, con fanatismo, con filosofía –de la profunda y de la barata- ahí tienes.

Tú has publicado como independiente y también junto a Mago Editores. ¿Cómo fue ese traspaso de autoeditor a editado? ¿Has quedado conforme con el trabajo de Mago Editores para “Santiaguinos”?

La autoedición me sobrepasó, es un trabajo serio el cual ni soy capaz de hacer ni es para mí atractivo. También edité un libro con CESOC, que en el fondo es un hombre orquesta tremendamente jugado. Mago es una editorial pequeña que hace lo que puede con lo que tiene, algo así como el realismo sin renuncia del círculo editorial chileno. Antes de juzgarlos a ellos, tengo que juzgar lo que yo hago. Siempre uno piensa que a uno lo podrían acompañar más, dedicarle más atención, pero el mercado del libro chileno es pequeño y está lleno de proyectos económicamente inviables. Al que no le gusta se va. Tengo la suerte de tener un trabajo que me gusta y que me permite dar respuesta a mis necesidades de vida. La literatura a no me ha dado ni un peso ni tengo expectativas de que me lo de algún día.

¿Por qué no te resulta atractiva la autoedición, en estos tiempos en que se ha posicionado como una opción válida y que muchos están llevando a cabo?

Tal vez por eso, porque es demasiado válida, porque te pretende mostrar una esperanza, indicar la posibilidad de algo mejor: una válvula de escape dentro de un mercado grotesco, en que los que se llevan la tajada del león no tienen el más mínimo interés por la literatura. Considera, por ejemplo, que la FILSA la auspició la CMPC. Siendo así, la alternativa de la rebeldía, del camino propio, parece un desafío lindo, pero inabarcable y lleno de tropiezos. Sólo de pensarlo, me canso.

Por último, ¿qué encontrará el lector en tu libro “Santiaguinos”?

Un grito un poco a regañadientes e inseguro que pretende insinuar que tener fe o entusiasmarse con algo en esta ciudad, nunca fue una buena idea, y siendo así, el humor negro no es la mejor de las salidas sino la única.

¿Por qué estás tan desencantado con esta ciudad? Pareciera que te pena Santiago igual que a Violeta Parra.

Porque fueron demasiadas las veces que se intentaron las cosas en serio y todo terminó mal. Considera que yo fui de los que viví la ilusión de construir una sociedad mejor con el retorno a la democracia, me entusiasmé con un proyecto político en apariencia potente, como fue la Concertación. Cuando, después del porrazo, miras atrás y te das cuenta que incluso antes de eso desfilaron, una y otra vez, otros proyectos con más entusiasmo y más duras caídas aún, te das cuenta que ha llegado la hora de vivir dignamente la derrota. De colgarnos la camiseta de nuestro equipo al cuello e ir a tomar una cerveza purificadora después de que te golearon y tu equipo bajó a segunda.

En el prólogo del libro se destaca un relato, que explora en la redención de un tipo que se ha portado mal con su familia. Curiosamente, esta historia transcurre en Buenos Aires. No quiero ponerme psicoanalista hacia el final de esta entrevista, pero veo este recurso como una suerte de proyección tuya de querer que Santiago sea como Buenos Aires. ¿Qué opinas?

Un interesante enfoque, me siento un poco desnudo frente a tales requerimientos, parte esencial de ser Santiaguino es ser pudoroso. Pero sin duda sería maravilloso que así fuera, tendríamos conversaciones más interesantes, más escritores, más rockeros, bohemia a destajo, brisa con aroma a fútbol y asado a la parrilla. Todo asociado a una riqueza económica tan inconmensurable que permite una y otra vez farreárselo todo y comenzar de cero con el mismo entusiasmo. Es esa ingenuidad -si somos más rudos, irresponsabilidad perpetua- la que nosotros perdimos buscando ser tan ordenaditos y correctos; tan prósperos y virtuosos. Mira en lo que terminamos. Más, lo central, es que entre las ruinas aún hay algo que vale la pena rescatar, algo que merece ser contemplado, vivido y amado; sólo que sin ninguna expectativa. Para eso, lo primero es adquirir conciencia de lo que somos y de nuestra derrota.

Santiaguinos
Roberto Rabi
122 páginas
MAGO Editores
Santiago de Chile, 2015
ISBN: 978-956-317-275-1

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