Entrevista a Maivo Suárez

Hasta la memoria es una ficción constante

“Lo que no bailamos” es el título del primer libro de Maivo Suárez, Trabajadora Social de profesión, que hace un par de años se lanzó a la literatura a tiempo completo, haciendo talleres, ganando concursos de cuentos y sacando menciones honrosas que fueron dándole las señas de que el camino elegido había sido el correcto. Esto se vio confirmado a principios de año, cuando ganó la Beca de Creación del Consejo del Libro en el género novela, proyecto en el que se encuentra trabajando en estos días y que complementa con la difusión y venta de “Lo que no bailamos”. Y es que este libro de cuentos es una autoedición, con todo el riesgo que eso significa, porque hablamos de una autoedición de gran nivel y factura, que no se achica para contar y reflexionar sobre una visión de Chile, con historias en las que a sus personajes les cuesta entender una realidad apática y demasiado gastada en diversos ámbitos: el trabajo, el amor, la sociedad, el Chile que afecta, que duele, que violenta a ella como autora y a nosotros como lectores.

¿Qué es lo que no bailamos?

Cosas que no hicimos, decisiones que no tomamos. Proyectos truncados. Cuando la vida te pasa por el lado. Hay mucho de eso en el libro. No hay héroes, sino personajes algo perdidos, inmovilizados por el miedo.

 

Eres una escritora tardía, “Lo que no bailamos” es tu primer libro, en una época en que los jóvenes se están apurando mucho en publicar. ¿Cómo ves este debut literario en esta etapa de tu vida? ¿Por qué no se sucedió antes?

No sucedió antes porque sentía que le faltaba calidad a mi escritura.   Soy de corregir y reescribir mucho mis textos. Necesitaba estar medianamente conforme con lo que había escrito para publicarlo. Pero al final llega un momento en que uno siente que hay que lanzarse a la piscina nomás y que hay que asumir el riesgo de publicar tu primer libro con sus aciertos y desaciertos.

No recuerdo haber tenido ese apuro en publicar del que me hablas.   Igual comencé tarde, comparado con jóvenes que antes de los treinta ya han publicado novelas. Asistí a mi primer taller literario con Carolina Rivas, cuando cumplí los 40.  Tuve que aprender mucho, por eso creo honestamente que este es el momento del libro, no otro.

 

Maivo Suárez

Maivo Suárez

Tienes una curiosa “biografía literaria”, abandonaste tu profesión de Trabajadora Social para dedicarte a la literatura. ¿Puedes contarme cómo ha sido este proceso?

El proceso ha sido maravilloso. Ejercí mi profesión durante 26 años y la pasión por escribir fue ganando espacio poco a poco. Me faltaban horas para leer y sentarme a escribir. A veces me amanecía frente al computador y me iba a trabajar muerta de sueño, o estaba en una reunión de trabajo pensando en el final de un cuento. Algunos logran conciliar ambas cosas y me parece muy bueno, pero yo no pude. La pasaba mal. Asi que junté mis ahorros, vendí un departamento que tenía y bajé mi nivel de gastos al mínimo. La idea inicial era tomarme uno o dos años sabáticos, pero me gané unos cuantos concursos con premios en efectivo, recientemente la Beca del Consejo del libro, y eso ha permitido seguir estirando el chicle como se dice. Mientras pueda voy a seguir con este ritmo, hasta dar con algún trabajo de media jornada y más relacionado con todo este mundo de los libros y el proceso de creación. Me cuesta imaginarme 9 horas en una oficina.

 

Hay algunos cuentos que parecieran recoger parte de lo que viviste como profesional del trabajo social. ¿Hay mucha realidad en estos relatos?

Es difícil eso de la realidad, porque hasta la memoria es una ficción constante. Pero sí, hay un par de relatos que fueron gatillados por situaciones que viví ejerciendo la profesión. Imagínate que son décadas de escuchar historias, de acompañar a otros, de estar adentro de sus casas. Hice de todo un poco: trabajé con organizaciones de ollas comunes a finales de los ochenta, luego en hogares de niños con discapacidad mental y en los últimos años en servicios de bienestar del sector público. No puedo abstraerme de esas experiencias cuando me siento a escribir, aunque durante algunos años me negué a que esas historias emergieran. Pero con el tiempo uno se reconcilia con su historia, con sus propias vivencias.

 

Al leer tu libro me doy cuenta de que hay una carga en tu prosa de cosas que no se concretaron para varios de tus personajes. ¿Está esto influido por lo que vivió tu generación en los años de la dictadura o es algo netamente personal?

No me gusta hablar en nombre de una generación. Puedo hablar por mí.  Mi familia se fue a Argentina en el 74 escapando de la dictadura.  Yo tenía diez años de edad y eso, quieras o no, te marca. Viví de cerca el sueño frustrado de una sociedad más igualitaria, de un proyecto de país que no resultó. Me crié escuchando historias sobre el proyecto de la unidad popular, como la promesa de un hermoso jardín al que le habían puesto una bomba. Por eso cuando llegó el momento de elegir una carrera yo elegí Trabajo Social. Quería regresarme a Chile.  Una es muy romántica a los 18.  Así que entré a la UBA, no me eché ningún ramo, di el exámen final en diciembre de 1987, y el 6 de enero del 88 estaba en Chile. Nunca regresé a vivir a Argentina, sólo voy  a visitar a mi familia que se quedó allá y a mis amigos.

Pero la mayoría de mis personajes son más contemporáneos. Quizás no pueden concretar cosas porque no ven ningún jardín con el que soñar.

 

Leyendo los relatos en su conjunto noto una crítica (sutil y cruel a la vez) a los avatares de la clase media y a esa cosa chilena del ninguneo de unos a otros, del que tiene más al que tiene menos, del poder v/s la carencia. ¿Representan estos cuentos tu visión de la sociedad chilena contemporánea?

¡Huy!, qué difícil tu pregunta. Yo  escribo desde los temas que me movilizan, que me inquietan. Y creo que la desigualdad en los ingresos, en el acceso a oportunidades, es nuestra marca de agua como sociedad. Y como asistente social he conocido a las personas que viven a diario las consecuencias de esa desigualdad. Y sí, creo que detrás de algunos cuentos está mi visión.

 

Veo en tu reseña biográfica que has tenido no pocos logros en concursos de cuentos nacionales. ¿Por qué, pese a estos pergaminos que incluyen un Fondo de Cultura, optas por la autoedición?

Primero por un tema de dinero. Tengo que seguir alargando mis años sabáticos y cuando uno misma publica se lleva más de ese 10% que ofrece una editorial. También como un ejercicio de aprendizaje para conocer todo el proceso de confección de un libro. Y lo que estoy descubriendo ahora, como una ventaja, es la cercanía con los lectores. Yo misma vendo los libros, los llevo al correo, los entrego en el metro.

Aunque a futuro me gustaría publicar en una editorial que tenga una buena distribución en las librerías.

 

Portada LO QUE NO BAILAMOS¿Cómo se trabaja una autoedición desde el momento de la escritura? ¿Te tomas ciertas libertades, licencias, decisiones arriesgadas en cuanto al estilo de estos relatos?

No tengo la experiencia de publicar con una editorial. No sé hasta qué punto intervienen en el estilo del escritor. Si es por libertad y riesgos en este libro yo me tomé casi todas las licencias. La mayoría de los textos los trabajé primero en el taller literario de Pablo Azócar, estoy allí desde el 2014.

Pero la edición final, final, esa en la que te cuestionas cada coma, la realizamos con el escritor Víctor Hugo Ortega, de Talleres Barravento.

 

¿Qué esperas que pase con “Lo que no bailamos”? ¿Cuáles son tus expectativas?

Que se venda bien para recuperar las lucas. Paso el dato: loquenobailamos@gmail.com. Te aseguro que venderlo es lo básico. Pero lo más importantes es salir del círculo familiar y de amigos que han seguido este proceso y llegar a nuevos lectores.

También espero seguir escribiendo, aprender a contestar entrevistas, madurar las historias que me revolotean por el cuerpo y continuar con el proyecto de novela en el que estoy trabajando. Y ganar algún concurso de vez en cuando.

 

Una pregunta recurrente, pero siempre útil e interesante para conocer más a un autor. ¿Cuáles son tus influencias literarias y/o artísticas?

Como ya sabes no tengo una formación literaria de la academia. Tampoco provengo de una casa con una biblioteca. Mis padres leían los libros que le prestaban o los que yo traía de las bibliotecas públicas. Así que mis primeras lecturas en casa fueron Silver Kane, esas ediciones Bruguera de bolsillo, las revistas del Siniestro Dr. Mortis,  Condorito, y el Pato Donald.  Después Billiken y el Tony en Argentina. Recién en la adolescencia una de mis profe me abrió la biblioteca de su casa. Recuerdo haber leído el Barón rampante de Calvino como una revelación. Eso era literatura.

Ahora me gustan mucho los autores norteamericanos. Desde la novela de suspenso de la Patricia Hisgsmith, los personajes de Richard Yates, los cuentos de Salinger, Carver, Lorrie Moore.  Más cerca, Samanta Schweblin y la Vlady Kociancich  (ambas argentinas). Pero también la Irene Nemirosky, la irlandesa Claire Keegan, la Agota Kristof. La verdad es que soy muy enamoradiza   con mis lecturas, hace unas semanas leí a Junot Díaz y amé su novela. Pero debo confesar que aun siendo enamoradiza, siempre estoy en deuda con los escritores chilenos, los leo menos. Me gusta Zambra, Lina Meruane, Juan Pablo Roncone.

 

Por último, ¿de qué se trata la novela con la que ganaste el Fondo del Libro?

Es una novela que reflexiona sobre una realidad transversal en Chile: no sólo nos hacemos más viejos también nos hacemos más pobres. Es la historia de cómo sobrevivir después de los 60, 70 años con pensiones de miseria.

 

Lo que no bailamos
Maivo Suárez
120 páginas
Autoedición
Santiago de Chile, 2016
ISBN: 978-956-362-252-2
Precio de referencia: $8.000

A la venta a través de: loquenobailamos@gmail.com

 

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