Entrevista a la Compañía Teatropan

Galileo. La Tierra se detiene otra vez

“Nos dimos cuenta de que existía la posibilidad de tener una relación distinta con el espectador.”

[ Fotografías: Andrés Daly ]

Galileo Galilei fue perseguido, juzgado y condenado a presidio perpetuo. Fue un hombre que pudo ver el universo desde un nuevo punto de vista y de presentar una nueva perspectiva sobre el Universo. Y con este mismo espíritu se presenta su historia; la propuesta detrás de “Galileo. La Tierra se detiene otra vez” es una que presenta nuevos paradigmas bajo los que se pueden mirar el teatro. Y aunque probablemente nadie será juzgado ni condenado a presidio por esto, vale la pena acercarse y conocer una propuesta diferente, que pocas veces se ofrece en los escenarios nacionales.

La compañía detrás de esta producción es TeatroPan, que hace poco cumplió 10 años de existencia, con los mismos 3 integrantes a bordo, los actores y creadores Jaime Reyes, Paulina Casas y Érico Vera. Interrumpimos a uno de ellos para que nos contara sobre el re-estreno. Jaime dejó de lado por un rato las partes del escenario que estaba atornillando, y que se encuentra dentro del domo que alberga todo el montaje. Uno que se demoran 4 días en armar, pero que a estas alturas conocen de memoria; han viajado por todo Chile presentando la historia de Galileo y moviéndose con toda la estructura a cuestas.

“Galileo. La Tierra se detiene otra vez” es una apuesta, aunque a estas alturas una no tan riesgosa. Ha tenido éxito entre las audiencias en las que se ha presentado, pero por primera vez se exhibirá en el GAM (hasta el 3 de junio), hoy uno de los mayores referentes en la cartelera cultural santiaguina.  La propuesta está centrada en una historia humana,  pero es la estética innovadora y la relación con el espectador lo que marca la diferencia y hace de éste un proyecto especial. Intentando llegar a las raíces más espirituales del teatro, y apelando al compromiso de los que estamos observando -que debemos movernos para poder apreciar la obra en su totalidad- nos acercamos a una narración que puede convertirse en una experiencia distinta, que promete una reflexión y entretención, todo en uno.

Arriba: Imágenes del domo durante su montaje, antes de las funciones en GAM.

¿Por qué Galileo? ¿Qué representa para ustedes este personaje?

Había un material súper interesante en la historia de Galileo respecto de vivir bajo un dogma. A diario la sociedad te está diciendo que hay sólo una forma de vivir. En el caso nuestro es el dogma del dinero, casarse, tener hijos. Es un proceso dibujado y sentimos que esos son los dogmas actuales. Es algo pesado y duro de llevar ese sentido de obligación respecto del cómo vivir. Y encontramos en Galileo, desde el punto de vista histórico, una época en que el dogma si bien era otro, estaba marcado qué era lo que tenías que hacer, pensar y creer. El problema de Galileo tiene que ver con la iglesia. Hoy no es la iglesia, pero son los que tienen el poder y que manejan el destino del mundo entero. Nosotros quisimos hablar a través de Galileo, de cómo somos obligados por la sociedad, el poder, la estructura social a vivir de una forma y a creer ciertas cosas.

¿En qué se basaron para escribir el texto?

Lo escribimos nosotros a partir de investigación biográfica, y usamos como base “La hija de Galileo”, de Dava Sobel, que es una biografía novelada a partir de cartas que le mandaba la hija, que estaba en un convento. Es una construcción del espacio íntimo del personaje y para nosotros fue un acierto encontrar ese libro. Pero obviamente nos tomamos ciertas licencias creativas, fusionamos algunos personajes, por ejemplo. Desde el punto de vista del rigor histórico no somos el mejor referente, pero intentamos habitar el espíritu galileico. No hacer historia sino que hacer arte a partir de la historia de la ciencia y de la humanidad.

La obra está centrada en los momentos más críticos de este gran personaje histórico; la relación con su hija, su ayudante, y el enfrentamiento con la inquisición por sus publicaciones consideradas herejes y por las que debía ser condenado a muerte. Todo esto transcurre dentro de un domo; una gran estructura circular que envuelve y deja encerrados en el mismo lugar a actores y espectadores, alrededor de 130 personas, que mantienen una cercanía poco habitual con los actores. En este montaje el espectador está mucho más integrado que en el teatro tradicional ¿Qué finalidad tiene este formato?

“Salimos de la escuela pensando en un escenario y gente en butacas. En la medida que fuimos avanzando empezamos a darnos cuenta de que existía la posibilidad de tener una relación distinta con el espectador. No es que nosotros la hayamos inventado, es una relación que existe desde siempre. Pero nos dimos cuenta de que uno como actor se estaba olvidando del cuerpo del espectador. Entonces quisimos devolverle al teatro el carácter ritual  y espiritual con el que nació en la Grecia antigua, un carácter que está un poco más cerca del templo. Buscamos qué cosas podían relacionarse con eso, y pensamos en las procesiones. Por ejemplo en el acto procesional de las estaciones de la pasión. Entonces hicimos una obra basada en una “La tumba de las luciérnagas”,  sobre el proceso de dos niños que mueren de hambre. En cada una de las estaciones había un capítulo de estos niños. Y no todos eran escenas con actores, había instalaciones también, donde no pasaba nada, pero pasar por ahí tenía un sentido. Es donde nos dimos cuenta de que uno podía hacer teatro mezclando otras cosas. Se produjo algo un poco mágico y especial; el público se relacionó con el montaje («Cenizas al Viento») de otra forma, con otra carga emocional y con un proceso de expiación, de catarsis. Esto fue una piedra angular para nosotros: podíamos trabajar no sólo con la emocionalidad y la intelectualidad del público, no sólo con su capacidad de espectar, sino de disponerlos de otra forma física respecto al espectáculo.

El público dentro de la obra.

Esta revelación marcó la forma de hacer teatro de la compañía, y es lo  diferencia de la mayoría de las compañías de teatro a las que estamos acostumbrados. En el caso de “Galileo: la tierra se detiene otra vez” decidieron aplicar el concepto de integración realizando acciones alrededor del público, de manera de que no fuera un ente pasivo, si no que estuviera obligado a moverse, mantenerse alerta y cambiar el foco de atención. Y ese el compromiso que la compañía Teatropan le pide al espectador;  las acciones ocurren en distintos escenarios, atrás, alrededor, arriba del público, básicamente 360 grados, y eso requiere un compromiso de participación y movimiento constante.

“Hicimos una especie de órbita alrededor del público que también tiene mucho que ver con el tema de Galileo.  De repente se unió todo, tuvimos uno de esos momentos especiales cuando uno está creando arte en que todo calza.  La órbita y el contacto con el público se unieron de manera ideal. “

 Para Jaime, hay algo en el espíritu de la compañía que no ha cambiado, y es ese sentido lúdico y de exploración con la relación con el público lo que los caracteriza desde el comienzo. Es lo que los ha llevado a mantener vigentes todas sus obras, desde la fundación de la compañía el año 2002, y a realizar una constante exploración en sus propios montajes.

“Para nosotros los errores son aprendizajes y los montajes siempre se pueden rearmar y refundar. Q, por ejemplo, que fue nuestra primera obra, la rehicimos («Q 2.0»). Para nosotros las obras no son procesos terminados, no son una película, también son procesos vivos, mientras nosotros estemos vivos las obras están vivas.”

La concepción de audiencia no es la única propuesta que distingue a esta compañía. Los montajes, quizás dentro de la misma búsqueda de lo lúdico y la importancia de lo visual,  proponen una fusión del teatro de las artes escénicas con lo audiovisual. Esta mezcla no es algo nuevo, pero es la forma en que se presenta lo que marca la diferencia.

“No tenemos ni una intención de limitar nuestros medios de expresión, las expresiones creativas son para todos los formatos”.

¿Cómo llegaron al concepto del domo y las proyecciones que utilizan en este montaje?

“En Galileo necesitábamos su imaginario puesto en escena. Los descubrimientos por una parte y como él podía ver un mundo y la sociedad. Necesitábamos el cielo, entonces lo que hicimos fue poner un telón en el techo. Es básicamente un planetario, la bóveda celeste a través de ese telón que componemos con 3 proyectores de manera que sea una imagen grande en el cielo. Es parte de este interés y necesidad por envolver al público en emocionalidad.”

En relación con el teatro tradicional ¿piensan que ésta forma, más interactiva, es hacia donde debería dirigirse el teatro, o el sólo otra forma de aproximarse a él?

“No tenemos una sola forma de ver teatro. Creo que desde el punto de vista de narrar historias, la evolución natural del teatro fue el cine. Antes de su existencia no había ningún espectáculo más universal y democrático que el teatro. Era el espectáculo de todos hasta que apareció el cine, que se convirtió en la expresión natural, y el teatro se convirtió en algo para un público más high class. Sí se ha mantenido siempre el teatro callejero, pero el teatro al que pago y voy, se redujo considerablemente. Y se quedó en algo para algunas personas no más, con la cierta culpa de algunos colegas que se pusieron más crípticos. Obviamente eso es más difícil que llame al público. El que siempre va al teatro va a ir, pero el que no va siempre va a quedar fuera porque no tiene acceso al lenguaje que se propone.

“Me gustaría que el teatro se apropiara más de la diferencia que tiene con el cine, que es que actor y espectador tan el mismo espacio. El cine, como el teatro convencional, ocurren adelante y tu miras desde tu silla. En el teatro el cuerpo del actor y del espectador son cuerpos que están presentes ahí y tú puedes trabajar con eso. Eso tratamos de explorar, yno es algo que haya partido con nosotros, existe hace años, pero he visto muy pocas obras que se encarguen del espectador. Y hay tanto que hacer. Hay mucho que investigar en tipos de espacios, en lugares distintos, en convertir el teatro en otro lugar, que se meta más en la sociedad y en eso hay mucho que hacer.”

Detrás de escena: un equipo técnico se oculta detrás del Domo durante cada función, coordinando perfectamente la proyección de videos, la reproducción de música cuadrafónica y la manipulación del sonido.

En el caso de Galileo, la búsqueda se refleja también en la cercanía entre los actores y el público. La visión de Teatropan es la de un espectáculo a escala humana.

«No hay una pantalla como en el cine donde puedes meter toda la gente que quieras, y todos pueden ver bien, entonces nuestro límite es claro. Quisimos hacer algo con escala humana y aquí caben 130 personas, que sentimos que es un numero perfecto para ver esta obra».

¿Qué invitación le harías a la gente para que viniera a ver Galileo: la Tierra se detiene?

«Nosotros hacemos todos nuestros montajes de manera que quepan todos, un espectáculo con el cual uno no se encuentra todos los días Es un montaje que está pensado para que la gente se entretenga pero también piense que lugar estamos ocupando en la sociedad. Y con una obra que básicamente tiene 10 años de investigación detrás, porque son 10 años juntos las mismas personas preocupados de lo mismo, de la misma investigación».

GALERIA

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