Entrevista a Benjamín Berger, director de La Fila

[ por: Carolina Cartagena ]

“…Damos la bienvenida a la temporada de teatro 2011, una que tiene su punto culmine en el Festival Santiago a Mil, pero que empieza a principios de octubre para extenderse durante todo el periodo estival. En esta oportunidad, son tres las obras que llaman la atención. La primera es tremendamente colorida y ajena al estereotipo de puesta escena, Chola Colérica es movimiento teatral; la segunda se escribe en el tablero por tercera temporada consecutiva, Parir encanta por su simpleza; y la tercera ve la luz por primera vez, La Fila se gesta bajo en un imaginario simbólico. Nos adentramos en esta terna de historias y decidimos ir por más. ¿Bajo qué prisma se gestaron estas propuestas? Eso lo responden sus propios directores.”  (Lee la introducción completa a “Parir, La Fila y Chola Colérica: un triada contada por sus directores” aquí).

Este es tu tercer montaje como director, cuéntanos un poco cómo fuiste armándolo.

Partí por escribir un texto que sirviera de base para empezar a trabajar con el dramaturgo (Malcolm Leiva). Luego estuvimos 2 meses conversando a partir de referencias como textos de estudio, obras de teatro, experiencias de vida y películas, y acotando los temas a trabajar. Cuando tuvimos claridad sobre la premisa de la obra, y como ordenarla anecdóticamente, empezó el trabajo con los actores y el diseñador (4 meses). En esta parte del proceso fue donde apareció el “lenguaje” escénico. Para eso hicimos un trabajo físico, muchas improvisaciones y diálogo con el fin de ir construyendo ciertos consensos estéticos, ideológicos y narrativos. Mientras eso sucedía, Malcolm, el dramaturgo, presenciaba los ensayos y escribía la obra, entregando avances parcelados para que fuésemos armando. Un mes antes de estrenar tuvimos el texto completo.

En este caso, la apuesta es propia e inédita, ¿En qué te inspiraste?

La verdad es que teníamos mucho en que basarnos. Partiendo por un sin números de hechos que se vienen repitiendo desde hace casi 200 años en la historia de Chile. Tratamos de articular un imaginario que es difícil de aceptar y que constantemente se intenta olvidar y, lo que se olvida, se actúa. “Madres y Huachos”, de Sonia Montesinos, y “El héroe de las Mil caras”, de Joseph Campbell, son textos que nos ayudaron mucho. También diversos personajes y eventos muy conocidos por todos, pero que preferiría no decir para no condicionar al espectador que pueda leer está entrevista.

¿Qué fue lo más complicado de sacar adelante La Fila?

El texto fue lo más difícil, tiene una construcción, una sintaxis, difícil para los actores.

Con respecto a un escenario tan estático como un velorio, ¿cómo fuiste trabajando el espacio para que no se hiciera monótono?

Esta es una obra que se sostiene por el viaje que los actores realizan. El espacio, en este sentido, tiene una función en términos de significado y otra, en cuanto acota las posibilidades espaciales de los actores para que desarrollen dentro de esos límites los personajes. Esto también es válido para el diseñador que tuvo que ingeniárselas con la iluminación. Otro punto es que simplemente son dos muy buenos actores y eso no puede ser monótono.

Si tuvieras que definir, en breves palabras, la esencia de la obra, ¿qué dirías?

Que todo acto de ajusticiamiento, moralmente aceptado por una mayoría, contiene el peligro de transformarte en aquello que rechazas. Y ahí es donde el acto simbólico tiene sentido y razón de ser.

¿Con qué se va a encontrar el espectador?

Uf!!!!! Con el Lado B de nuestro querido país, con dos muy buenas actuaciones, con un texto sólido y con una puesta en escena atractiva. Lo demás, prefiero que lo vean en vivo y en directo.

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