Emily Brontë, Emily Dickinson y Teresa Wilms Montt o el gran escape a la letra

Comienzo con una pregunta retórica ¿Qué hace a una mujer escapar de una vida completamente enconcertada y predestinada para dirigirse hacia la nada, hacia lo otro, hacia ese espacio vacío que significa vivir la vida desde un lugar no tradicional?

            El que espere que yo cuente sobre los amores de estas tres escritoras, pues que se cambie de lanzamiento. Venimos hablar del misterio sin lugar a dudas, pero del misterio del trabajo literario de estas tres mujeres que ya de forma póstuma, están o deberían ser parte, de nuestras repisas de libros.

            Emily Brontë es la hermana de al medio de esa triada genial que fueron Anne Brontë y la más longeva Charlotte Brontë. Emily deja a la posteridad la tórrida Cumbres Borrascosas, una historia de amor tóxica, obsesiva, delirante, o mejor dicho la imposibilidad del amor entre dos amantes completamente asimilados el uno al otro: “Yo soy Heathcliff” grita en un estado de semi locura la protagonista Catherine ante lo adverso del romance. Emily Brontë es uno de los secretos mejor guardados de la Inglaterra victoriana, hasta la actualidad, se levantan los debates en torno a con qué materiales pudo estructurar esta devastadora historia de amor, de intensa y demoledora pasión, cuando ella misma en contadas ocasiones traspasó los umbrales del pueblo en donde vivió.

            Pero Emily Brontë no solo dejó para la posteridad la tremenda Wuthering Hights,dentro de sus escritos sobresale también su poesía, y es Vísceras Editorial (Editorial liderada por mujeres) la que con su gesto esta recuperando para nuevas y nuevos lectores a esta escritora inglesa capital.

            Y qué nos encontramos dentro de la plaquette No es de cobarde mi alma de Brontë,  para empezar una celebración a la imaginación:

            “Oh mi verdadera amiga No estoy / sola si tus palabras me acompañan” (Brontë 9).  Una declaración de principios contra todo lo socialmente deseable: “Poca estima siento por las riquezas / y del amor me rio con desdén / El deseo de fama solo fue un sueño / que se desvaneció al amanecer” (Brontë 12). Aparece la representación del callejeo interior, el deambular del pensamiento que nos convierte en viajeros inmóviles: “Tu mente siempre se mueve / por las regiones más oscuras / Detén su inútil vagabundeo / regresa y habita conmigo” (Brontë 13). La muerte empieza a parecer como un personaje dentro de los poemas: “la muerte, ¡déspota de todo!” (Brontë 16). El deseo anudado a la muerte como una peligrosa trenza existencial se comienza a visibilizar en alguno de los poemas: “No me trae el sueño el deseo / de contener en mi pecho a mi corazón abrumado / solo deseo alcanzar el olvido / en el sueño de la muerte” (Brontë 21).

Emily Bronte

            Existe una voz estoica, casi rebelde que se sobrepone con tozudez a la pérdida de los seres amados: “No lloraré porque vayas a dejarme / no hay nada encantador aquí / y me afligirá aún más el mundo oscuro / mientras tu corazón sufra ahí” (Brontë 19). La voz tiene un cansancio áspero con respecto a la vida: “Y estoy cansada de la angustia / creciente de los inviernos / cansada de ver el espíritu languidecer / durante años de desespero” (Brontë 19). La vida entera podrá estar en contra de ella pero la hablante vende muy cara su resistencia a la hostilidad que la rodea: “Fuerte me mantengo aunque he soportado / ira, odio y amargo desprecio / Fuerte me mantengo y al ver me río / de la humanidad que ha peleado conmigo” (Brontë 20). Es el mismo tono del poema con el que cierra el poemario y el que da nombre a la plaquette  “No es de cobarde mi alma” donde se percibe una hablante fortalecida en su fe: “No es de cobarde mi alma / ni tiembla en la tormentosa esfera del mundo / Veo las glorias del cielo brillar / y la fe resplandece armándome contra el miedo” (Brontë 29).

            Una pequeña nota final de este apartado con respecto a la representación que se hace de la naturaleza en algunos poemas, podemos percibir en este tópico ciertas reminiscencias con Cumbres Borrascosas en donde la naturaleza también era un personaje dentro del libro, en estos poemas la sensualidad se abre paso a través de la naturaleza; así el viento nocturno pasa a ser un ardoroso amante, notamos la suavidad de la briza y los bosques nos invitan a caminarlos. 

Emily Dickinson

            La tocaya estadounidense de Brontë, Emily Dickinson, es otro de los misterios sin resolver de la literatura norteamericana. Algunos críticos la han leído como el reverso de Whitman, ese joven poeta que recitaba sus poesías en las calles, de la también joven, Nueva York del 1800, y que vivió intensamente el devenir político de su nación. Dickinson es el reverso de esa forma de vida artística, recluida por su voluntad en la casa paterna de Amherst, desarrolló una enorme obra literaria que se compone de casi 2000 poemas y una ingente cantidad de cartas.

            Lo que nos entrega Visceras Editorial de Dickinson es la plaquette Los verdaderos poemas huyen y que es un concentrado de la maestría poética demostrada en la concisión de sus versos, casi algunos emparentados con los haikusen su extensión: “Contemplar el cielo en verano es poesía / -aunque no reposen en un libro- / los verdaderos poemas huyen.” (Dickinson 9). Existe una voz torturada por una relación distante con el Dios cristiano: “Por supuesto-rece-/ ¿pero a Dios le importo? / Le importo tanto como si en el aire / un pájaro estampara su pata / gritando dame” (Dickinson 12).  Se representan unas cuasi amistades íntimas pero que dentro de ellas llevan el sello de lo inconcluso, de lo no resuelto: “El día irrumpió –nos separamos- / y entonces ninguno-era el más fuerte- / él lucho-yo también luche- / ¡Pero no lo hicimos –lo suficiente!” (Dickinson 16). 

            Al igual que en el trabajo de Brontë, en el de Dickinson también aparece el tópico de la muerte en este caso personificada como una amable amiga: “Como no pude detenerme por la muerte / ella se detuvo por mí con amabilidad / el carruaje solo nos lleva a nosotras / y a la inmortalidad” (Dickinson 17). La muerte siempre se aparece como algo anhelado casi placentero y fácil: “podría ser más sencillo / fallecer –con la tierra en frente-/ que conquistar –mi península azul- / y perecer de deleite” (Dickinson 28). 

            Algunos de los versos están cargados con tonos existencialistas: “El corazón pide placer-primero / y luego-ser excusado del dolor” (Dickinson 18). Para la voz poética el dolor íntimo silenciado, la lucha privada, personal, tienen tanta o más valía que la batalla que se hace manifiesta para el resto: “Mostrar la propia lucha es valiente- / pero tiene más valor /aquel que guarda en el pecho / su calvario de dolor” (Dickinson 21).

El amor es un tópico, pero que se vuelve esquivo dentro del poemario. En algunos poemas se define el amor como un eterno anterior a la creación y posterior a nuestra propia muerte: “El amor -es anterior a la vida- / posterior –a la muerte- / inicial de la creación/ y exponente de la respiración” (Dickinson 22). Pero, al igual que la creencia en Dios, es un tema conflictuado donde la voz poética muestra ambivalencias: “Guardemos el amor en el armario / pues también el amor nos queda chico” (Dickinson 25).

Finalmente también se escruta el oficio poético y la fuerza de la palabra, cuando ésta está viva o cuando se trunca esa vida: “Dicen que / la palabra muere / cuando se pronuncia / yo digo que / comienza vivir / ese día” (Dickinson 30). Otro punto formal interesante es la puntuación que usaba la poeta, en donde prevalece el uso del guión, se ven algunas palabras y frases aisladas o resguardadas del resto, una verdadera innovación en ese entonces. 

Teresa Wilms Montt

            La chilena Teresa Wilms Montt con la plaquette Desconcertantemente desnuda, es un vuelo rasante por la creación de esta viñamarina nacida a finales de siglo XIX, la crítica en general hace las delicias de una especie de SQP retro en donde siempre lo más importante acerca de la autora es su vida de alcoba, y que tiene su zenit en su suicidio en Francia. La figura bella y trágica (en una representación completamente funcional al patriarcado) se engulle a la escritora, que intentó abrirse pasó en el mundo de las letras, completamente hegemonizado por los hombres en ese entonces.

            Creemos que parte del material biográfico de Teresa Wilms Montt actuó como una especie de disparador creativo para sus libros, y que entremedio de esa temática “romántica” se pueden ver las señas de una escritora, que a pesar de su juventud, sabia desenvolverse muy bien en el oficio escritural. Así la voz poética logra generar densas atmosferas con ciertos toques góticos: “Todo lo que me rodea esta empapado de misterio / los muebles hablan entre si trágicos secretos / las puertas se quejan de sus umbrales siempre / a la espera de alguien que nunca / llega […]” (Wilms Montt 9).

  Así como en Brontë y en Dickinson en Wilms Montt también aparece la prefiguración de la muerte amante: “Llega todas las noches a mi alcoba / Sin tener ojos me mira, sin tener boca me habla / y su mirada y su voz son tan hondas como el / silencio de los sepultados” (Wilms Montt 11). Si Anuarí es la representación de esta muerte amante, al igual que en Dickinson la voz poética fantasea, hasta anhela el fin terreno: “Frente a mi ventana cerrada pregunto al tiempo / cuanto más he de vivir” (Wilms Montt 13). La hablante espera que llegue el fin, y se impacienta en la delación del desenlace: “Un soplo extraño me arrastro hasta la Tierra / Yo no sé porque estoy aquí / ¿Cuándo me llevara?” (Wilms Montt 22).

            Entre medio de este vendaval de imágenes, la sensualidad es uno de los temas que es presentado con singulares metáforas: “Epiléptica de calentura la luna se dio a sus balcones” (Wilms Montt 14). Es evidente que la convulsión epiléptica del satélite es donde se  ha desplazado el acto sexual. O el encuentro lésbico con el erotismo: “Dos senos de una blancura inquietante; dos ojos / lúbricamente embriagados y una mano audaz de / sensualidad se han atravesado en mi camino” (Wilms Montt 24) la hablante sigue desesperadamente a esa bacante- las mujeres que adoraban al dios Baco- “ Y yo iba siguiendo a esa vacante estrambótica […] / Iba empujada por el misterio…[…]” (Wilms Montt 24), nunca sabremos si es para unirse a las adoradoras de Baco en el festín, o si es, para con ella, iniciarse en otro tipo de sensualidad no heteronormada. Lo que si nos deja claro es al final su profundo desencanto del encuentro: “Y en alma como una marca de fuego traía la / horrible decepción / No estaba ahí: no llevaba bacante loca el remedio / para mi mal de amor” (Wilms Montt 24).

            Si bien la voz poética tiende a ciertos grados de conmiseración, hay atisbos de lucha contra el lamentable estado de cosas: “Si me desespero, yo sola me consuelo / imponiéndome tiránica voluntad” (Wilms Montt 25). Pero a diferencia del cansancio fortalecido de la voz poética de Brontë, aquí, la hablante tiene un cansancio de batalla irremediablemente perdida: “Nada. Cansada de correr por los espacios y de penetrar / en los subterráneos del mundo, en un afán de olvidarme / de mi misma, terminó en mi propio corazón” (Wilms Montt 29). De esta forma se anuda la práctica cristiana no como una comunicación con Dios sino como un camino que lleva a la fatalidad final: “Reza contrita alma mía, que llega el dolor” (Wilms Montt 32). 

            También se configura la voz de una madre que ya no tiene cerca a sus hijos, la maternidad es entonces el verdadero encuentro con lo sagrado: “Criaturas: vuestros nombres son la llave de un / tabernáculo sagrado ante el cual ofrendo mi alma / en el holocausto; son el secreto santo de mi vida, / jamás lanzado a la profanación” (Wilms Montt 17).

            Finalmente se cierra esta plaquette con un poema llamado “Ofrenda” en donde se entrega este libro para un lector ideal del inframundo, podría ser Anuarí, el amante muerte con quien la hablante sólo vive el drama del desamor, y la separación por el fallecimiento del enamorado, pero quizá también podríamos ser nosotros, los lectores de su futuro, esos por los que la hablante y la escritora dieron su mejor esfuerzo en la construcción de su breve pero intensa obra.

            Vuelvo a mi pregunta del inicio ¿Qué hace a una mujer escapar de una vida completamente enconcertada y predestinada para dirigirse hacia la nada, hacia lo otro, hacia ese espacio vacío que significa vivir la vida desde un lugar no tradicional? El final del título de mi presentación lo responde: el gran escape a la letra. En estas tres escritoras la literatura y la escritura fueron parte de sus motores fundamentales para perseverar, con tenaz obcecación, en sus trayectorias vitales y artísticas, secretas o públicas, a pesar que para aquella época- en un patriarcado completamente aceptado como verdad de fe- los inconvenientes les caían encima como lluvia de granizos. Y la escapada a la letra siempre triunfa a pesar de todo, porque ahora, en el siglo XXI, un grupo de jóvenes mujeres al sur del mundo y con la herencia de estas verdaderas escritoras tutelares, deciden entonces lanzarse a la aventura editorial con impronta mujeril. Necesario es volver a la lectura de Brontë, Dickinson y Wilms Montt, como necesario es Vísceras en tanto proyecto editorial hecho por mujeres. En hora buena muchachas y larga vida a Vísceras Editorial. 

Obras citadas

Brontë, Emily. No es de cobarde mi alma. Santiago: Vísceras Editorial, 2018.

Dickinson, Emily. Los verdaderos poemas huyen. Santiago: Vísceras Editorial, 2018.

Wilms Montt, Teresa. Desconcertadamente desnuda. Santiago: Vísceras Editorial, 2018.

Nota del editor

Texto de presentación leído durante el lanzamiento de las plaquettes de poesía impresas por Vísceras Editorial.

1 Comment

  • Andrea dice:

    El aporte de mujeres desde las mujeres que interpela lo humano trascendiendo el género. Gracias por la reflexión Carolina y gracias por la iniciativa de Vísceras Editorial.

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