Día y noche en «Terciopelo Azul»

[ por: Sebastián Coll ]

Al volver a casa a visitar a su padre que sufrió un ataque cardíaco, Jeffrey Beaumont encuentra una oreja humana caminando por el campo. No satisfecho con la investigación que lleva a cabo la policía local, Jeffrey y Sandy, la hija del detective, deciden hacer su propia investigación. Este acto los lleva a descubrir que existe un mundo oscuro y peligroso en su pueblo. Jeffrey sospecha de Dorothy Vallens, la cantante del club nocturno del pueblo, quien tiene una extraña relación con Frank Booth, un violento y sórdido hombre.

En las películas de David Lynch podemos presenciar siempre un cuidado obsesivo por el uso de la luz para construir atmosferas y “pintar” encuadres con el rigor de un artista (él estudió arte). En “Blue Velvet”, el concepto del día como una ironía surrealista del sueño americano está sobre iluminado con blancos, rojos y verdes, puros y brillantes, como podemos apreciar en la clásica escena de introducción, donde retrata un pequeño pueblo “feliz” donde todo parece estar a la vista. Por supuesto, la noche está construida como el escondite sórdido del mal, con luz tenue y baja, donde resaltan usos de ampolletas, focos, lámparas y luces puntuales para demarcar objetos, desenmascarar un acto o espacio en uso, o mostrar que no todo es negro, sino que hay matices de azules, negros y burdeos aterciopelados.

La expresión reveladora de la luz en el día, donde pareciera que todos los días estuvieran despejados, despoja de escondites los espacios, en especial los filmados en exteriores. La utilización de la luz en interiores de día depende de una segmentación clara, los lugares comunes y familiares donde Jeffrey aparece, tienen una claridad imponente, por lo general tonalidades de blancos o beige suaves donde predomina un color madre y no hay luces puntuales relevantes. El mundo que el protagonista explora por primera vez (concepto de pérdida de la inocencia, muy frecuente en las películas del director) y se va sumergiendo, se construye con una sumatoria de luces específicas, donde las sombras y límites difuminados sí constituyen el cuadro y reinterpretan la presencia de la luz como revelador.

La construcción de la noche, donde reside y rige el mal, como el contraste total a la expresión del día, se fundamenta en la ocupación de técnicas e instrumentos lumínicos muy característicos del cine de Lynch.La manipulación de la imagen a través de luces directas para resaltar a un actor o objeto en una escena, el preciso cuidado en la composición de las lámparas en un encuadre y como estas pintan el cuadro, y, teñir la escena con un color artificial para intensificar su concepto y valor (en esencia, la escena cuando Isabella Rossellini canta “Blue Velvet” en el bar) son tipologías de uso de la luz reiterativas en la creación del mundo delictual e inmoral en la película. La mayoría de las escenas nocturnas en interiores son trabajadas con artefactos lumínicos que son parte de la composición estética que se propone, y son ellos y nada más, los que alimentan de luz la toma. En los exteriores, por lo general no vemos la fuente de donde proviene la luz.

La proposición Lumínica de David Lynch como temática conceptual y construcción de límites espaciales y de los personajes es permanente, con lo que divide el día de la noche alcanzando una lejanía extrema y paralela entre ambos, como si no se pudiera vivir el traspaso, sino que los personajes que habitan estos mundos, nacieron de la noche o del día (del bien o del mal).

Está claro que Jeffrey Beaumont es la representación del traspaso y lo que impregna esa experiencia en cualquier ser humano. Pareciera que la curiosidad mata a la inocencia, o al menos, obliga a exponerla ante el juicio moral de otros.


Sebastián Coll, fue alumno del curso optativo Cine+Arquitectura, en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Andrés Bello, en el segundo semestre del año 2008, donde cursaba Arquitectura. La publicación de su escrito en este sitio forma parte de la difusión de un conjunto seleccionado de ensayos escritos por alumnos.

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