Dans la maison (2012)

Mirando por la cerradura

[ por: Luis Felipe Zúñiga

Eso de desarrollar una voz propia me quedó grabado desde que entré a estudiar Periodismo. Sin embargo, aún egresado, tiendo a pensar que una pluma auténtica equivale a escribir según como suene mejor. Es ahí, creo, donde un escritor intuye haber encontrado su estilo, que estaría la respuesta que pondría fin a la eterna sospecha de si el lector seguirá o no leyendo después del primer párrafo.

Reflexiones como aquella asoman tras visionar la estupenda «Dans la maison» («En la casa»), la más reciente obra del realizador galo François Ozon («La piscina»). Suerte de experimento cinematográfico sobre las posibilidades del relato (o del storytelling, como gustan denominar los entendidos) la cinta sigue la vida de Claude Garcia, un muchacho de dieciséis años que frecuenta la casa de uno de sus compañeros de clase de literatura, Rapha, sobre la que escribe ensayos para Germain, su profesor de francés. Intrigado por el incipiente e inusual talento de este nuevo alumno, Germain redescubrirá el entusiasmo por la enseñanza, al tiempo que verá en la intromisión del joven hacia la intimidad de una familia ajena, algo más peligroso que una mera fuente de inspiración.

Como se menciona, no es uno el eje central de este asunto, ya que tanto maestro como alumno corren por rieles separados: Germain, hastiado de la pobreza intelectual que oprime a las aulas, identifica un diamante en bruto en uno de sus pupilos; Claude, en tanto, cansado de dominar con facilidad las matemáticas, encuentra en la prosa escrita un escape a su monótona existencia. Lo entretenido e intrigante ocurre justamente cuando ambas historias se cruzan, entremezclan y hermanan, adentrando la narración en las insondables profundidades del metarrelato.

Así, mientras Claude escribe y corrige, su maestro lee, enjuicia y critica. Tarea que este último realiza a la par con su mujer (Kristin Scott Thomas), una galerista de arte contemporáneo que funciona como perfecto contrapunto de la historia medular: si ella ansía dar con un concepto artístico de carga metafórica y conceptual, el relato central que persiguen los protagonistas procura condensar una narrativa pulcra, sintética y despojada de excesos.

El panorama se complica cuando las aspiraciones literarias de Claude se confunden con la obsesión que comienza a sentir por la madre de Rapha (Emmanuelle Seigner). Entonces, lo que en principio pareciera ser un estudio sociológico sobre la clase media francesa visto desde los ojos perspicaces de un muchacho aprendiz de literato, se vuelca hacia un impredecible relato de suspenso donde la vuelta de tuerca no hace más que rodar y rodar.

Más allá del cuidadoso cruce entre realidad y ficción que entreteje, «En la casa» estrecha aún más el difuso vínculo que existe entre un mentor y su alumno cuando se trata de encontrar la propia voz. ¿Existe realmente la autenticidad en el estilo o no hay más que un ojo de la cerradura por el que todos observamos, y que varía dependiendo de cuan atenta tengamos la mirada? Difícil esclarecerlo aquí, pues En la casa, la llave ya está echada.

 

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