Chola Colérica: más allá del ring

[ por: Carolina Cartagena ]

La Guerra del Pacífico significó, hasta el día de hoy, el mayor conflicto entre Perú, Chile y Bolivia. Sin embargo, poco se ha contado de él en términos teatrales. Indómitas Del Sur, compañía de teatro emergente, se maravilló con el concepto y a eso le añadió un texto reflexivo mezclado con golpes de fuerza. Chola Colérica se llama la obra, un montaje que sitúa a tres pueblos entre las cuerdas de un ring de lucha libre, una apuesta donde el espectador pasa a ser participante.

Un ring y tres cholas, término con el que se denomina a la mujer altiplánica, son los elementos que conforman las escenas de esta obra. Para hacerse una idea, hay que abandonar el concepto público/escenario y situarse más bien en plena lucha libre. Aquí, la escena sucede al centro y la audiencia se emplaza en todos los costados del cuadrilátero. Chola Colérica es una instalación en movimiento que revive el conflicto de la mal llamada Guerra Del Pacífico. Son tres mujeres, puntualmente cholas, que personifican el desarrollo boliviano, peruano y chileno en el conflicto en cuestión. La obra estará durante octubre en sala Patricio Bunster del Centro Cultural Matucana 100 y sin duda, dejará mucho de que hablar.

Cholas

Se pensó y se hizo

Dicen que no hay mejor narrador que aquel que vibra a través del relato, y es que eso de contar historias no es simple. En tiempos de Bicentenario, no queda otra que mirar hacia atrás y echar un vistazo a lo que nos hace ser quienes somos. El siguiente paso está claro, observar al vecino, quien de alguna manera modifica el curso del trayecto… Así parte Chola Colérica: mirando. Un mismo territorio separado en dos, en tres; una misma cultura fragmentada con fines determinados, una misma situación vista con otros ojos.

Chola Colérica nace como un proyecto colectivo, un voladero de luces que en tardes conversadas se transforma en una lista de quehaceres, en maquetas, en diseños de vestuario, horas de ensayo y sesiones de lucha libre. Y es que no cualquier se sube a un ring. Las Cholas fueron entrenadas por los mismísimos Titanes Del Ring, quienes a través de diversos comunicados les brindaron todo su apoyo.  Catalina Bize y América Molina- las Directoras-, Tania Rebolledo, Ana Luz Ormazábal, Tanya Durán y Gabriela Díaz de Valdés- las actrices- son la punta visible de este iceberg sumergido en aguas de esfuerzo, esperanza y talento.

En este proceso fue fundamental el estudio acabado de la idiosincrasia de cada pueblo. De esta forma, se establecieron ciertos lineamientos que fue la sustancia con la que las actrices trabajaron, una suerte de aceite esencial de un país entero. En el caso de Chile, Ana Luz Ormazábal es la encargada de construir la Chola nacional. Sin duda, un personaje cauto, reactivo y suertudo, sin dejar de lado esa garra característica. Desde esta perspectiva, y casi como contraparte, se erige una chola más conflictiva, no tan defensiva y un tanto ambiciosa. Por su parte, Tania Rebolledo fue personalizando a la Chola Peruana, una mujer sensual y letal que mediante el rojo de su vestuario y el dorado de sus joyas busca reflejar parte del pueblo vecino. Perú es quien lanza la primera piedra, quien decide aunarse con Bolivia a escondidas de Chile y que provoca, por eso, el enojo de la Chola nacional. Finalmente Tanya Durán, la Chola Boliviana, parece medirse en las decisiones políticas, a ratos pasa desapercibida, aunque su actuar no es más que un entretiempo para el análisis y la protesta. “Tenía todas las de perder” dirán algunos y sí, menos fuerza, menos sed, menos arrojo. Así es como se desarrolla la trama, contando la historia desde quienes la escriben, pero también considerando esas opiniones que parecen haber sido obviadas. Por eso que Chola Colérica está en singular, porque cada uno de sus personajes expresa no sólo la visión que los chilenos tenemos de la Guerra del Pacífico, sino que los sentimientos, las motivaciones y los temores de los pueblos que participaron en este conflicto.

De faldas y sangre

Las tres actrices que personalizan a los países del hito tripartito, Chile, Perú y Bolivia, aparecen en escena bajo el timbre del árbitro, Gabriela Días de Valdés. De inmediato, llaman la atención sus faldones, colores y movimientos particulares. Sus botas, cuyo aspecto rememora la plata, el cobre y el oro de cada nación, anticipan la batalla. Las cholas han venido a luchar. Paulatinamente, el espectador toma posición en la escena y se siente libre de aplaudir o gritar, si así lo desea. El espacio bidimensional es una invitación a la participación. El diálogo carece de adornos, mas no por eso de sustancia, cada palabra tiene su significado que pesa una inmensidad debido a que los actos se apoderan de las escenas. Un árbitro que dirige al espectador se mezcla ingeniosamente entre los golpes y volteretas que, vestidas de punta en blanco, ejecuta la terna de mujeres. Uno, dos, tres golpes y hay un ganador. Segundo round, la tensión y el cansancio aumenta. Las Cholas se ven adoloridas, pero no pierden el temple; siguen luchando, siguen llorando, siguen bailando.

Sudacas e indomables

Algunas se conocen desde la escuela de teatro de la Universidad Católica, a otras las unió el azar. Tanya Durán, Catalina Bize, Tania Rebolledo, América Molina, Ana Luz Ormazábal y Gabriela Díaz de Valdés, estas actrices, recién saliditas del horno, hacen su estreno con bombos y platillos durante octubre en el Centro Cultural Matucana 100. Tras haber postulado Chola Colérica gustó, quedó y durante un mes se revive de jueves a domingo en sala Patricio Bunster. Si se la pierde, no desespere ¡Hay Chola Colérica para rato! El Fondo Nacional de las Artes que la compañía se atribuyó en julio del presente año, hacen augurar más y más funciones.

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