13 reasons why

Tranquilos, no partiré con el bobo listado de las 13 razones por las que deben ver esta serie. Si no que trataré de apelar a las emociones y los recuerdos de cada uno, que es una de las cualidades más fuertes que tiene.

Si ya la vieron -y les gustó- estoy segura que les pasó lo mismo que a mí, la vieron casi de corrido con una mezcla de felicidad y angustia. Y si aún no la han visto, espero que le pase. Porque, ¿Cómo no nos vamos a identificar?, sin necesidad de haber caído en una depresión como le sucedió a Hannah Baker (Katherine Langford), nos vemos reflejados en la fragilidad y en lo honesta que resulta la serie. Todos fuimos adolescentes, confusos, inseguros-seguros. Todos alguna vez ocupamos el lugar del violento o el violentado, de manera consciente o no. Tal vez mucho de lo que nos pasó o hicimos no lo entendimos después de mucho, cuando el bullying comenzó a ser un tema discutido y ahí uno recién entendió: ¿Y si aquello que hice, en realidad no fue tan gracioso y lo dañé? ¿Y si aquello que me hicieron, tal vez fue hostigamiento?.

¿Cómo no incomodarnos al verlos-vernos en situaciones inestables?, cuando creías que una mala decisión era el fin del mundo, que un rechazo era una bala calada en lo más profundo del cuerpo y que todo era irreversible y categórico.

Si ya ser adolescente es un caos mental y emocional, ser adolescente mujer es lo más parecido a un huracán con tijeras. Te destrozas y te destrozan constantemente. Te vulneran, te enjuician y te categorizan. Y tú respondes de la misma manera, haciendo lo mismo con tu género porque así se desenvuelven las cosas.

Me devoré esta serie porque me hizo retroceder 12 años, porque recordé lo bonito y molesto que es tener 17. Porque sencillamente me identifiqué en las sonrisas tímidas, en las palabras no dichas, en las inseguridades y la felicidad frágil.

Y la recomiendo porque abre discusiones, porque nos refleja cómo somos o fuimos de adolescentes y porque a pesar de toda la crueldad instaurada que hemos normalizado, vemos como de a poco aquellos pensamientos tercos y obsoletos cambian.

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